¿Corralito en Grecia?

 Magallanes

En febrero de este año, la CE, el FMI y el BCE se comprometieron a prolongar el programa de crédito de 240 mil millones de euros durante 4 meses más y facilitar enseguida 7,2 mil millones del mismo a condición de que el Gobierno griego implemente de inmediato varios recortes y privatizaciones. Pero Alexis Tsipras no ha hecho lo necesario para que se crea que va a realizar lo pactado. Por el contrario, el parlamento griego ha aprobado volver a emplear a 3500 funcionarios que habían sido despedidos, el gobierno también ha reiniciado la cadena pública de TV con el reempleo de 1500 trabajadores y ha reiterado que hay líneas rojas que no va a cruzar como son la reforma del mercado laboral y la rebaja de salarios y pensiones. Alexis Tsipras  afirmó hace dos semanas que el primero que se asuste en este litigio perderá. Juega, por tanto, con que es igual de perjudicial  para la eurozona el default de Grecia como lo es para Grecia, por lo que merece la pena ir hasta el borde del precipicio ya que los dirigentes de la eurozona tienen horror a caer en el mismo y al final van a ceder. En una palabra, si Grecia no cumple y se queda sin el crédito saldrá muy perjudicada pero el default griego consiguiente podría ser la bomba que provoque el fin del euro.

Es verdad que la situación financiera de la eurozona estaba así de mal en el bienio 2010-2011 en que las primas de riesgo de Italia, España y Portugal estaban en situación explosiva y la salida de Grecia o su default podría cerrar el crédito totalmente al resto de los “pigs” lo que habría sido un jaque mate a la eurozona. El BCE entonces no tenía ningún poder para evitarlo y no estaban en funciones los fondos de seguridad europeos que se crearon precisamente en ese periodo para evitar el hundimiento de la eurozona a partir de entonces.

Esa situación ha cambiado. Las primas de riesgo están por los suelos, los índices de las bolsas  de toda la eurozona están por las nubes, el BCE lleva dos meses comprando deuda pública de los países de la eurozona –  con el permiso de Alemania –  por la preocupación bien fundada de evitar la deflación en curso. La opinión de muchos analistas de fondos especulativos es que la falta de acuerdo con Grecia no puede contagiarse al resto de países mediterráneos. En efecto, el hecho de que el 90% de la actual deuda griega se deba solamente a instituciones públicas como el FMI, otros países de la eurozona y el BCE hace que su impago no afecte casi a bancos privados. Por lo que los fondos especulativos tampoco se verían muy afectados por la posible quiebra helena.

Tsipras también confiaba en que Francia, Italia, Portugal y España formarían una coalición que sería favorable a que se otorgase una amplia quita de la deuda griega y a no exigirle más recortes, enfrentándose a Alemania, Finlandia, Austria y Holanda.  Pero no ha sido así: bien porque la consolidación del crecimiento económico de estos países, aunque tenue, les haga olvidarse de los problemas griegos o bien por la agresividad de Varoufakis en las reuniones del eurogrupo, el caso es que tampoco puede Grecia contar con estos aliados. No hay que olvidar que estos países son acreedores – cada uno por separado – de Grecia, por lo que una quita de la deuda griega tendría que justificarse ante los votantes de cada uno de estos países.

El 12 de mayo Grecia debe devolver al FMI 750 millones de euros y el Gobierno griego ha recabado todos los ahorros de instituciones públicas griegas desde ayuntamientos hasta universidades con el fin de devolver este préstamo y pagar todos los salarios y pensiones del mes de mayo. Pero no tiene para más allá con holgura y le esperan otros vencimientos de créditos.

El BCE ya ha prestado 110 miles de millones de euros a los bancos griegos y sus directivos cada vez ven con mayor preocupación seguir extendiendo esta fuente de financiación si Grecia no implementa los recortes exigidos. Además, el paquete de bonos del gobierno griego en manos del BCE es ya de 20 mil millones de euros y pudiera ser que el BCE no acepte más bonos griegos como colateral para respaldar créditos a los bancos griegos. Pero cortar la línea de crédito a los bancos griegos con la que ahora estos, a su vez, están manteniendo el capital circulante de la economía griega tendría consecuencias catastróficas para dicha economía. El BCE obviamente no puede tomar una decisión de esta envergadura y tiene que esperar a que el eurogrupo y la CE decidan si Grecia está dando señales de cumplir con los objetivos demandados en cuyo caso el BCE podrá seguir extendiendo la financiación a los bancos griegos. Varoufakis mantuvo una reunión con el Comisario europeo de Economía Pierre Moscovici solicitando que la CE abogase por una sustancial quita de la deuda griega a cambio de implementar ciertos recortes. Pero Moscovici le contestó que debían realizarse los recortes solicitados y después hablar de posteriores quitas.

 La respuesta de Alexis Tsipras a esta situación es que la democracia está por encima de las finanzas y, por tanto, que sea el pueblo heleno el que decida si acepta las imposiciones de los acreedores o no en un referéndum. Es su última amenaza que, además, tampoco es fácil de implementar a corto plazo y el dinero hace falta a corto plazo. ¿Cederá la CE, el BCE y el FMI antes de que se siga este camino?  No parece probable y un corralito sería la consecuencia. Pero si los votantes griegos llevados de su orgullo nacional no están dispuestos a enterarse de lo desastroso que fue el corralito para Argentina, puede que voten a favor del mismo.