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Se cumplieron los pronósticos y tanto Rajoy como Pablo Iglesias han sido confirmados en sus cargos. Al bueno de Mariano le refrendó la práctica totalidad de los delegados al Congreso del PP, que también refrendaron su decisión de mantener a Cospedal como Secretaria General – votación tumultuosa de por medio – aunque con poderes recortados en la práctica. Ninguna otra noticia reseñable sobre Génova. Algo más de emoción presentó el duelo Vistalegre 2, al menos aparente. Pablo derrotó a Iñigo y vuelve a controlar el chiringuito plenamente por más que un tercio de “los inscritos” optaran por la lista de Errejón quien, de primeras, parece preferir que le cesen a cesar él como Secretario Político y Portavoz parlamentario, que sería la consecuencia lógica de su derrota sobre el rumbo estratégico a seguir.

Supuestamente se dirimían dos modelos de partido. De una parte, la lucha izquierda/derecha frente a la transversalidad ideológica (los de arriba/los de abajo) y de otra privilegiar a la calle frente al Parlamento o viceversa. Pablo quería seguir metiendo miedo a los poderosos, Iñigo seducir a los que sienten afinidad pero también miedo a la algarada. Por el medio, el modelo de partido – liderazgo incondicional o controlado por la ejecutiva – y, sobre todo, personalismo – quién manda – por más que Iñigo le cediera la jefatura a Pablo, que la iba a rechazar si perdía.

Pero todo lo anterior es una teorización de la frustración generada por el sorpasso interruptus. No hacía falta ser un genio para darse cuenta de que la suma de Podemos e IU daría algunos escaños más pero restaría votos, tanto de los Podemitas temerosos de “los comunistas” y de los asqueados de la izquierda tradicional, como de los votantes de IU clásicos recelosos de los populistas. En estos lares lo predije yo que, como casi siempre, lo copié de algún artículo que estudiaba los “restos” D´Hont de las elecciones de diciembre y concluía que la ganancia no sobrepasaría los diez dígitos en escaños. El desastre interno del PSOE estuvo a punto de hacer malo el pronóstico pero finalmente se cumplió. Iñigo, al que no le gustaba demasiado el pacto con IU por aquello de la transversalidad, y Pablo, sacaron conclusiones diferentes. A Pablo le pareció que la pérdida en votos se debía principalmente a la domesticación del partido en los seis meses en los que ejerció como parlamentario. A mi juicio, ni uno ni otro sacaron la conclusión correcta.

Podemos no superó al PSOE por varias razones, incluidas las esgrimidas por ambos pero, sobre todo, por haber frustrado un gobierno de izquierda desde el minuto uno tras las elecciones de diciembre. Antes incluso de concluir la noche electoral, creo recordar, Pablo se sacó de la manga el apoyo al referendum independentista catalán, que quizás estaba recogido en su programa electoral pero había permanecido bien escondido durante la campaña. A continuación vino aquella conferencia de prensa de Pablo reservándose la vicepresidencia y no se cuántos ministerios. Y finalmente su torpedeo a cualquier posibilidad de pacto tripartito con Ciudadanos, por lo demás encantados de evitarse ese trago. Y entre medias la cal viva. El sorpasso estaba a la vuelta de la esquina, apostaron y perdieron. Y no fueron capaces de asumir los gravísimos errores cometidos en la gestión de su tercer puesto. Y no hay ninguna señal de que hayan aprendido ninguna lección en el camino a Vistalegre 2.

Movilizar la calle y limitarse a vociferar y denunciar en el Parlamento soliviantará a “los inscritos” pero Podemos solo subirá en las encuestas si la situación económica vuelve a descontrolarse, lo que no parece que vaya a ser el caso de momento, y si el PSOE es incapaz de rentabilizar su control de la acción de gobierno. Es decir, el futuro de Podemos depende, principalmente, del PSOE que, hasta la fecha, está actuando bastante eficazmente para posicionarse como el verdadero artífice de la moderación del PP.

Lo mismo le ocurre a Ciudadanos. Albert Rivera también ha revalidado su liderazgo indiscutido – Punset, la única que amenazaba con crearle problemas decidió excluirse casándose mientras se celebraba el Congreso naranja – junto a sus dos validas catalana y madrileña y sus dos ayudantes en Andalucía y en el Congreso de los Diputados. Han moderado al PP en la Comunidad de Madrid, Andalucía está mejor gobernada con su supervisión y obligaron a Rajoy a aceptar un centenar largo de concesiones para comprometer su voto. Pero es el PSOE es el que se está llevando el gato al agua, vendiendo caro su indispensable apoyo a todas y cada una de las propuestas populares que son aprobadas.

Quedan varios meses todavía para el Congreso del PSOE pero la incertidumbre sobre lo que va a ocurrir es apenas superior a la que había sobre el liderazgo de Rajoy. Como escribió no recuerdo quién, Patxi podría tener los avales pero no los votos mientras que Pedro, que podría tener más votos, no contará con los avales, especialmente barriendo Patxi para casa con los suyos. La única incertidumbre es en qué momento decidirá Susana formalizar su presentación como candidata porque, incluso si surgiera un cuarto nombre, creo que no es arriesgado estar seguro de que será entronizada.

Lo cual es una pésima noticia para Pablo y Albert porque la línea que está manteniendo la Gestora es precisamente la línea de Susana: oposición constructiva pero firme, sin concesiones y con réditos, a rentabilizar de cara a la opinión pública. Veremos a ver si lo consigue o, mejor dicho, hasta qué punto lo consigue. Y cómo evolucionan las encuestas. Como ya escribí aquí también, mi apuesta es a que, a finales de año, si Susana ve la cosa medianamente madura – encuestas igualadas – forzará la disolución del Congreso vetando los Presupuestos y se la jugará a ganarle las elecciones al sustituto de Rajoy – y si no le reemplazan, mejor que mejor – en la primavera de 2019. Sin ningún peligro de sorpasso. Al contrario, habrá que ver si Podemos consigue sobrevivir hasta entonces, especialmente teniendo en cuenta que de por medio se resolverá el desafío soberanista catalán, donde tienen muchas papeletas para seguir perdiendo apoyo a escala nacional.