Con los medios de por medio

Permafrost

Advertía recientemente el juez Gómez Bermúdez (sí… les suena del 11-M): “Huyan ustedes del juez que diga que no tiene ideología.��? No era una manifestación de cinismo. Por el contrario, se trata de una opinión bastante realista. Nadie escapa al peso de sus propias ideas, pero, como añadía el citado personaje, lo que la ciudadanía espera del juez es que sea “independiente, honesto, prudente y flexible.��? Creo que, si esta reflexión es válida para la judicatura, con mayor motivo puede extenderse a casi todos los ámbitos de actividad. Pienso ahora, concretamente, en el periodismo. En efecto, supongo que, a estas alturas, la creencia en los medios de comunicación inmaculadamente imparciales y objetivos se sitúa en la misma categoría que la creencia en los Reyes Magos y en el ratoncito Pérez. No parece muy razonable esperar que las tendencias de un individuo que tiene una determinada visión del mundo no se reflejen en sus actos de comunicación. Lo que sí debería exigirse es que las tendencias y los sesgos no se traduzcan en deshonestas manipulaciones y tergiversaciones de la realidad. En este punto, el análisis “objetivo��? de los sesgos de los medios se vuelve peliagudo, pues resulta bastante sencillo caer en un juego de espejos donde los sesgos del observador de los sesgos dan lugar a un examen sesgado. En fin, con los calores estivales y la consiguiente astenia neuronal, no apetece entregarse a sesudas cavilaciones ni siseantes trabalenguas. Permítanme, pues, que garabatee unas cuantas líneas un tanto deslavazadas y sin mayor trascendencia.

En un estudio de 2004 referido en el informe sobre la democracia en España de la Fundación Alternativas se preguntaba a los encuestados si consideraban que los medios más frecuentemente usados por ellos favorecían a una determinada formación política. Limitándonos a los periódicos generales de mayor tirada (El País, El Mundo, ABC, La Vanguardia), la mayoría de los encuestados decían no observar ningún sesgo partidista en su rotativo preferido, aunque esta percepción de supuesta imparcialidad variaba notablemente entre los diferentes diarios. Así, constato con perplejidad que El Mundo, según esos mismos datos, que, insisto, refiero sólo para los cuatro principales diarios, aparece en segunda posición en la percepción de ausencia de favoritismo partidista, con un 73,7 % de sus lectores, por detrás de La Vanguardia (con su fantástico 80%), por delante de El País (con un 61, 3% de sus lectores habituales), y de ABC (con el 51,8% de sus lectores).

No negaré que, tratándose de El Mundo, me ocurre como con la remolacha: apenas puedo fingir indiferencia. Pero lo admito con honestidad (o descaro) y reconozco que lo que sigue es pura elucubración malévola dirigida a atacar esa favorable impresión de la encuesta de marras. Interprétenlo como un divertimento veraniego de alguien que no practica el sudoku.

Empezaré por aducir que de estos datos no pueden extraerse demasiadas conclusiones. Al fin y al cabo, la percepción de los sesgos puede, y suele, a su vez, estar sesgada (vuelvo con el trabalenguas…). Me explico: la tendencia al fanatismo se suele acompañar de una exclusiva ostentación del monopolio de la veracidad, según la cual “todos mienten menos yo��?. De este modo, sería posible que los parroquianos más fervorosamente tendenciosos fueran precisamente aquellos que considerasen más imparciales a sus medios de cabecera. Y no es sólo una posibilidad teórica: la psicología social anglosajona tiene su propio término para describir la ceguera ante la parcialidad propia frente a la sensibilidad hacia la parcialidad ajena: the bias blind spot. Creo haber citado ya en un anterior artículo el siguiente intercambio entre un internauta y Jiménez Losantos: “¿no es usted una persona que utiliza un método de comunicación similar a los comunistas que denuncia?”. “Pues no, porque los comunistas mienten a sabiendas y yo digo la verdad, o lo que creo que es verdad […]. Yo tengo la conciencia tranquila. Otros, lo dudo” (LD, 7.12.05). En el mismo sentido, que Fox News Channel, que viene a ser el primo de Zumosol de Libertad Digital, utilice como eslogan “Fair and Balanced��?, sólo puede entenderse como un sarcasmo, o como una lacerante jactancia de lo que no son.

Por otro lado, sería posible, incluso, que cualquier muestra de falta de celo en el feroz denuesto del enemigo se interpretara, por parte de los más acérrimos custodios de ‘la verdad’, como signo de magnanimidad ecuánime, de pluralidad o, peor aún, de injustificada y pusilánime concesión. Así, que algunos referentes de nuestra excelsa constelación mediática llamen “maricomplejines��? y “de ajonjolí��? (Losantos, 7.12.05) a la actual derecha, tiene su guasa.

Las anteriores consideraciones me sirven para argumentar que El Mundo ha sufrido en estos años un proceso de desplazamiento hacia el extremo diestro del espectro ideológico, que, de acuerdo con el espíritu opositor de los últimos tiempos, muy posiblemente se haya visto acompañado, entre una base de lectores cada vez menos moderada, de algunas muestras de asimetría en la percepción de sus sesgos.

Es una opinión conscientemente provocadora y tal vez irritante e injusta, pero no ayuna de todo soporte fáctico. En efecto, si se comparan los datos de 2004 con los de la encuesta de 1993 de la misma serie, observamos dos hechos llamativos. La media de la autoubicación ideológica de los lectores habituales de El Mundo entre los encuestados, en una escala del 1 al 10 (siendo 1 extrema izquierda y 10 extrema derecha), pasa del 4,6 en 1993 al 5,89 en 2004, rebasando la media de los lectores de La Razón (5,67 en 2004) y ABC (6,1 en 1993 y 5,53 en 2004). Esto se acompaña de una casi completa desaparición en la encuesta de 2004 de quienes se declaran votantes de IU entre los lectores habituales de El Mundo, a diferencia de lo que ocurría en la encuesta de 1993 (donde una quinta parte de los lectores de este último diario se declaraba votante de IU). Otro dato de 2004 que podría abonar mi pérfida hipótesis según la cual unos seguidores más extremos presentarían una tolerancia menor hacia las desviaciones de la ‘ortodoxia’ es el siguiente: en marcado contraste con la evidente ‘derechización’ en términos de media ideológica y preferencia de voto, cuando se pregunta a quienes S�? perciben un sesgo partidista en El Mundo la dirección de tal parcialidad, un 16,7% de ‘despistados’ declara que El Mundo favorece… al PSOE. Comparando este dato con el correspondiente a los otros tres diarios del cuarteto inicial, resulta el más desviado respecto a los sesgos que podríamos denominar a priori ‘esperables’ [entre quienes perciben sesgos en El País, sólo 9,2% consideran favorecido al PP; entre los lectores de ABC, sólo un 3,8% de quienes lo consideran partidista estima beneficiado al PSOE; entre los lectores de La Vanguardia, el 9,1% de los que perciben favoritismo señala al PSOE (en el diario catalán, los sesgos mayoritariamente percibidos se distribuyen a partes iguales entre PP y partidos nacionalistas, principalmente, CiU)]. Obviando los posibles problemas técnicos de cualquier encuesta, una explicación plausible y atractiva para quien siente urticaria frente a la criatura de Pedro J. es, como ya he dicho, que un mayor extremismo de su diario se acompaña de una mayor tendencia a considerar favorecido al PSOE cada vez que desfallece el ataque directo a la yugular… [“¿Y la oposición? Tocando el violón��?. “Hay que morder, es que hay que morder y si no tienes dientes, pues implantes óseos o que venga otros con dentadura��? (Losantos, COPE, 10.5.06). “Hace falta convicción, ganas de morder y hasta un cierto y sano afán de revancha��?, Losantos, LD, 19.5.04].

En cualquier caso, esto no pasa de ser un conjunto de valoraciones un tanto etéreas y prevacacionales. Otro día, si encuentro la paciencia necesaria, abordaré este sujeto con mayor aparejo argumental.