Complementos y recortes salariales

Ricardo Parellada 

Los funcionarios españoles han sufrido un recorte salarial el pasado mes de junio y este recorte ha afectado de manera semejante, por lo general, a los distintos componentes de su sueldo. Sin embargo, no siempre ha sido así o al menos no está claro que vaya a ser así en el caso que quiero comentar, que quizá sea similar a otros. Los profesores e investigadores funcionarios (y unos pocos contratados) de organismos públicos de investigación españoles pueden percibir un complemento de productividad llamado “sexenios de investigación”. Se trata de una modesta cantidad que el funcionario cobra si su producción investigadora es evaluada positivamente, en períodos de seis años.

 En la actualidad, la convocatoria anual de sexenios se abre en noviembre, termina a finales de año y el organismo correspondiente tiene seis meses para aprobar o rechazar las solicitudes. Este año, sin embargo, este plazo ha sido ampliado por ley a doce meses, lo cual ha provocado una inquietud comprensible en algunos solicitantes, que sospechan que los recortes del gasto público del año 2010 afectarán, con toda seguridad, a estos complementos. 

Los sexenios de investigación no sólo tienen efectos económicos, sino que son importantes en la vida profesional. La dirección de tesis doctorales y la participación en proyectos de investigación, oposiciones y concursos se ven afectadas por la investigación oficialmente reconocida en forma de sexenios. De ahí que resulte muy desafortunado que la concesión de estos complementos pueda verse afectada por la disponibilidad presupuestaria. Tal y como están planteados actualmente, los sexenios no son meros recursos que hay que repartir, sino el reconocimiento de méritos de acuerdo con determinados criterios y baremos (cuya pertinencia no es el caso), independientes del número de solicitantes. Los sexenios de investigación son como los títulos de bachiller o doctor: no hay un número fijo para repartir cada año, sino que los obtienen quienes superan las tareas y pruebas correspondientes. Y no son como las ofertas de empleo público, que se ofrecen en número limitado para que accedan a ellas los mejor preparados. Si un año todos los candidatos son muy buenos, mala suerte.

 Pues bien, dada la importancia académica de estos complementos, parece conveniente que su concesión se desligue con claridad de la coyuntura económica y responda exclusivamente a consideraciones científicas. Si para ello es necesario rebajar la dotación económica, con carácter excepcional, creo que eso sería más fácil de aceptar que la limitación de concesiones a la disponibilidad presupuestaria.

 Hasta donde yo sé, no hay ninguna comunicación ni instrucción del ministerio del ramo, pero sí sospechas fundadas, de las que se ha hecho eco la prensa, de que la situación económica llevará a limitar en gran medida la concesión de estos complementos. Yo pienso que esta sería una mala idea. Estoy seguro de que el colectivo afectado agradecería un pronunciamiento claro por parte de las autoridades correspondientes de que la concesión de sexenios no se va ver afectada por criterios económicos y que considerará preferible la rebaja económica a la irritante sospecha de que se ha metido la tijera en un asunto tan delicado sin reconocerlo oficialmente. En mi opinión, la trasparencia casi siempre es buena y el colectivo de profesores e investigadores españoles bien merece una declaración clara sobre este asunto.

 Dicho lo cual, es claro que hay vida, nervio y actividad intelectual a la que poco le importan estos avatares académicos.

 A la mitad de la vida

me encontré un cruce de sendas

¿escribir para sexenios?

¡mejor para las estrellas!