Cómo no enseñar economía

David Rodríguez

Hace unos días, en algunos medios de comunicación digitales y en las redes sociales se denunciaba un contenido concreto de un libro de texto de Economía de cuarto de la ESO. La materia es nueva este año, y la editorial McGraw-Hill ha publicado uno de los manuales de referencia sobre la misma, coordinado por el profesor Anxo Penalonga. El motivo de la polémica es que se exponen las “razones para contratar un plan de pensiones cuanto antes mejor”. Como puede observarse, una afirmación de carácter netamente ideológico se formula como una realidad deseable e incluso científica, hecho que entraña una clara manipulación en el mundo de la educación.

Estos contenidos aparecen en el tema 5: “planificación financiera”. El tercer apartado lleva por título ‘los planes de pensiones privados’, desarrolla las razones para suscribir uno de esos planes e incluso entra en elementos de cálculo concreto sobre la cuantía que será necesaria. Como colofón, y sin salir del mismo apartado de planes privados, se realiza una referencia al cálculo de la pensión pública, pero bajo un epígrafe llamado “cálculo de la pensión total”. Es decir, no sólo considera deseable hacerse con un plan de pensiones privado cuanto antes, sino que acaba situando el sistema público como complementario del mismo. Toda una cadena de despropósitos que obviamente no incluye ni una sola referencia a que se trata de un asunto que genera un fuerte debate entre los economistas.

Pero no es este el único elemento destacable del manual, aunque sea el que ha trascendido. El tema 9 lleva por título “el mercado de trabajo”, y no por ejemplo “el trabajo”, dando por hecha la mercantilización absoluta de este concepto. Poco después, entre las causas del desempleo se incluye ‘la existencia de salarios mínimos’ e incluso se expone una actividad sobre los problemas de una titulada en Arquitectura que está dispuesta a trabajar por debajo del salario mínimo pero no puede hacerlo. Finalmente, como política activa de ocupación se menciona nada menos que la “flexibilización del mercado laboral”, sin decir de nuevo que ello no es más que una opción política concreta. Como puede observarse, el bombardeo ideológico al alumnado va mucho más allá del tema de las pensiones privadas.

De hecho, toda esta problemática deriva de la propia definición de economía que aparece en el tema 1: “Es la ciencia que se ocupa de la manera como las personas administran los recursos escasos con los cuales satisfacemos nuestras necesidades”. Tal como señala el profesor Juan Torres López, en su libro “Economía para no dejarse engañar por los economistas”, esta noción huye del concepto clásico de “economía política” para situar la elección individual como eje articulador de los contenidos posteriores, obviando de paso todo el espinoso asunto de la distribución de dichos recursos escasos.

Si alguien piensa que estas polémicas quedan circunscritas al manual de cuarto de la ESO, lamentablemente está equivocado. En el libro “Economía de la Empresa” de segundo de Bachillerato, que desarrolla contenidos evaluables en la selectividad, se afirma por ejemplo que las deslocalizaciones son positivas para la población del país de destino, evitando todo el debate acerca del efecto negativo que a medio y largo plazo pueden tener las multinacionales sobre el desmantelamiento del tejido productivo local. Este manual, por cierto, también es editado por McGraw-Hill.

En resumidas cuentas, los profesores de secundaria afrontamos día a día el problema de trabajar con estos textos de referencia, que confunden de manera persistente elementos técnicos con opiniones ideológicas. Sin esta distinción imprescindible, el alumnado no es enseñado sino adoctrinado, camuflando de supuesto revestimiento científico lo que tan solo son juicios subjetivos. Es evidente que este problema también llega a las universidades, en las que buena parte del profesorado pontifica cada día sobre presuntas verdades objetivas que no son sino sus propias apreciaciones. Lo que logran con ello es camuflar su verdadera finalidad, consistente en la defensa y no cuestionamiento del orden económico existente.