¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

FYDT

Trump, Brexit, la amenaza de Le Pen… China de pronto convertida en campeona del libre comercio y en la mejor aliada de la Unión Europea contra el cambio climático ¿Cómo es posible? oigo repetir a los amigos y conocidos, tanto de izquierdas como de derechas. Bien sencillo, en mi opinión. Decenas, cientos de millones de personas han perdido toda confianza en las élites gobernantes y en las instituciones porque el “contrato social” se ha quebrado. Se suponía que viviríamos mejor que nuestros padres y peor que nuestros hijos. Para demasiada gente en Occidente, la Gran Depresión le ha dado la vuelta a la tortilla: viven peor que sus padres y sospechan, tienen indicios fundados, que sus hijos vivirán todavía peor que ellos.

A la mayoría la política no le interesa verdaderamente, o no la entiende, y prefiere centrarse en su mundo profesional y personal. Votan cuando toca, o no votan, y delegan en los “profesionales” que son más o menos feos o guapos, mejores o peores comunicadores, muy íntegros o un pelín corruptos, y más progresistas o conservadores. Pero la delegación se basa en la convicción de que, con independencia de las crisis coyunturales, cumplirán. Los “políticos” mienten, manipulan y roban en mayor o menor medida pero al menos tienen que no joderme la existencia. La Gran Depresión ha provocado la reversión del axioma de que iremos mejorando indefinidamente para demasiados.

Las élites gobernantes permitieron que la crisis germinara y estallara y encima nos han hecho pagar por ello. Terreno abonado para cualquier flautista de hamelín suficiéntemente hábil para posicionarse como “uno de los nuestros”, ajeno al “establishment”, que nos prometa, nos asegure, la vuelta a la normalidad, o al menos venganza contra los responsables del desatino. Si además es capaz de encontrar una cabeza de turco externa de la que las élites no nos defienden, asunto concluido.

Las tensiones que provocaron en Reino Unido los “fontaneros polacos” tras la ampliación de la Unión Europea no son nuevas. Tampoco el peculiar sentimiento insular que les ha mantenido fuera de Schengen y el Euro. Lo novedoso es que los que defendían el mantenimiento dentro de la Unión Europea razonando – con muy buenos argumentos – que era lo mejor para todos, eran los mismos que llevaban años vendiendo la moto de que la austeridad era la única salida posible a la crisis. Austeridad para la clase media, por supuesto, no para las élites, que disfrutan de un todavía mayor porcentaje de la riqueza global tras la crisis. No es una aseveración populista sino un hecho constatado, fácilmente demostrable viendo la proporción de la “recuperación” que ha revertido sobre el 1 y el 10% más ricos de nuestras sociedades y observando la degradación de las condiciones de vida de la clase media, tanto en peores y más escasos servicios públicos como en renta personal. Antes de la Gran Depresión, en España era normal la queja del mileurista. Ahora es un objetivo inalcanzable para millones de personas.

El deterioro no empezó con la Gran Depresión. Muy al contrario, la reducción de las diferencias económicas dentro de las sociedades occidentales – la reducción de la desigualdad social – paró en los primeros años ochenta y empezó a revertirse en la siguiente década. Los bajos tipos de interés y las bajadas de impuestos permitieron disfrazar la pérdida de riqueza. Muchos de los padres habían vivido de alquiler toda su vida pero ahora podías figurar como propietario, cada vez más rico al albur de la burbuja inmobiliaria, aunque en realidad el piso fuera del banco. Comparado con el seiscientos o el Renault 12 de la infancia, poder comprarse un BMW – a plazos, claro está – era una señal evidente de mejora. Encima podías vacacionar en las Seychelles o, en el peor de los casos, irte de luna de miel a Cuba, frente a la Fuengirola de tus padres. Pocos reparábamos en que la familia tenía un poder adquisitivo parecido al que tenía en los años cincuenta pese a que ahora trabajaban dos en vez de uno.

La gigantesca pirámide financiera estalló en 2008 tras un primer amago con los vaivenes drásticos de la bolsa china en agosto de 2007. El orden financiero internacional no vio venir la crisis o no la quiso ver venir. Ni una sola institución económica mundial alertó de lo que se nos venía encima pero no hacía falta ser un genio para olerse la tostada: bastaba con aplicar el sentido común a la infinidad de indicios que la prensa internacional sacaba a la luz día si y día también.

El mundo moderno tal y como lo conocemos estuvo a punto de irse al garete. Estuvimos mucho más cerca de lo que la mayoría es consciente de que el cajero dejara de darte dinero tras teclear tu clave y las gasolineras se quedaran secas. Evitamos el escenario “Mad Max” por pelos y mientras los Estados se endeudaban socializando la deuda privada, proliferaron las llamadas a la reforma sustancial del orden económico mundial. ¿Recuerdan a Sarkozy y Obama prometiendo que todo iba a ser distinto después de la Cumbre del G-20?. Sin embargo, casi inmediatamente la narrativa pasó de denunciar los excesos desregulatorios al “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”. Lo peor es que el “hemos” se transformó rápidamente en “habéis”.

Los servicios públicos fueron recortados, los derechos sociales diezmados y la devaluación interna materializada. El resultado es que, una década después, la clase media vive peor que antes y tiene muy pocas perspectivas de poder recuperar su nivel anterior. Peor, ahora son legión lo que, trabajando y esforzándose, no pueden llegar a fin de mes. Antes, los únicos que no podían pagar la luz, la calefacción o comer eran los que, por vagancia, malas decisiones vitales u otros factores principalmente subjetivos, no tenían trabajo. Ahora no. Son muchos los que tienen un trabajo esforzado y aún así tienen ingentes dificultades para conseguir sobrevivir con unos estándares antes considerados como miserables.

Lo que ha pasado en España es bastante parecido a lo que ha pasado en Estados Unidos, Gran Bretaña o el resto de Europa. El “no nos representan” que surgió espontáneamente del 15-M es perfectamente válido en muchos otros lares. La derecha te dice que la austeridad no sólo es la vía correcta sino la que nos merecemos por nuestro dispendio irresponsable. La izquierda te consuela comprendiendo la injusticia pero alega que no queda otro remedio y te propone que la apoyes en su lucha por un “virgencita, que me quede como estoy”. Que les den a todos es la respuesta de muchos nuevos “perdedores”, que son millones. Este no era el pacto. Si no cumplís conmigo, ¿en razón de que habría yo de cumplir con vosotros?

Todavía tenemos algunos mecanismos de solidaridad que impiden que casi nadie pase hambre así que la revolución violenta es más difícil que antaño. Además, la educación básica es universal y las democracias garantistas no oprimen arbitrariamente, evitando así las injusticias brutales que pueden generar un estallido social (veáse Túnez, por ejemplo). Pero nuestras democracias también ofrecen la posibilidad de votar en contra de “los de siempre”, los que nos están jodiendo la vida mientras esquivan su cuota proporcional de sufrimiento. Los “marginalizados” se alejan del sistema y en gran parte dejan de votar pero muchos optan por aferrarse a un clavo ardiendo si surge un Mesías suficientemente atractivo.

Farage en Reino Unido es un ejemplo. Él no importa, no importa en absoluto. Lo importante es que que no está desacreditado por no ser parte del sistema, que identifica una causa y promete una solución. Trump es igual. Los que denunciamos que es un truhán, un paleto y que sólo gobernará para sí mismo y los suyos, con consecuencias fatales para todos, no tenemos posibilidad de ser escuchados por quienes saben, sienten, que han sido estafados, precisamente por aquellos contra quienes Trump dice luchar, que somos los que le denunciamos.

No es una cuestión de populacho engañado por un caudillo mentiroso. El “populacho” nunca ha sido muy instruido pero sentía que todo iba razonablemente bien por lo que, generalmente, era lo suficientemente sabio para desdeñar los cantos de sirena. Ahora siente, sufre, precisamente lo contrario y no quiere volver a fiarse de quienes le han llevado a su situación actual.

Probablemente Le Pen no ganará pero habrá musulmanes franceses que la votarán. El otro día leí testimonios de algunos que, por un lado están convencidos de que no podría actuar contra ellos por ser muchos y, de otro, la reconocían como la única coherente en su denuncia del sistema, al que detestan por dejarles al margen. La izquierda estaba dispuesta a votar en masa por el candidato de la derecha en la segunda vuelta pero resulta que Fillon, el ungido en las primarias, ha trasvasado cientos de miles de euros en los últimos años hacia su mujer y dos de sus hijos a cambio de prestaciones profesionales probablemente ficticias. ¿Me estoy alumbrando con velas y pasando frío por no poder pagar la calefacción y me piden que vote para salvar los valores republicanos a favor de un capullo que vive como dios frente a esta mujer que denuncia toda esta basura y ofrece soluciones? La voto aun a sabiendas de que probablemente acabe siendo como ellos y sus soluciones sean igual de mediocres que las que me prometen “los de siempre” pero al menos me vengo de tanta mierda. Y, además, ¿por qué habría de creer a los que me han mentido tantas veces cuando me dicen que esta mujer es tan nociva?

Estados Unidos no ha basculado hacia la derecha xenófoba. Hillary, representante máxima del “establishment”, no consiguió tantos votos como Obama pero sacó más que Trump. Pero habría ganado también en votos electorales si hubiera estado menos marcada por haber estado siempre ahí mientras el mundo de tanta gente se hundía. A diferencia de ella, Obama tenía esa condición cuando fue elegido: era un joven senador apenas contaminado.

Como tampoco lo estaba Pablo Iglesias. Denunció lo que no está en los escritos y de poco sirvieron las críticas sobre su complicidad con el “chavismo”, la conexión iraní de su programa de televisión o su connivencia con los “abertxalaos”. Le faltó el enemigo exterior, el “judío” culpable de todo. El Ibex 35 es, a la postre, nuestro. Es mucho más eficaz señalar a un factor exterior, por ejemplo, Portugal, a poco que pueda establecerse una relación causa-efecto, por absurda que resulte. En el caso de Podemos, el enemigo eficaz habría sido la Unión Europea. Denunciaron pero – les honra – con mesura: no estamos contra Europa sino contra esta Europa. No es suficiente. Si hubieran pedido la salida de la Unión “austericida” acusándola de ser el origen de todos los sufrimientos de los “marginalizados”, les habría ido aun mejor.

Trump no tiene escrúpulos. Farage y Le Pen tampoco. Apelan a “los suyos”, a los verdaderamente suyos, en términos étnicos y religiosos: blancos y cristianos. Los “otros”, los oscuros de piel y no cristianos, son un blanco fácil. Unos, los hispanos, por pobres dispuestos a trabajar por un salario misérrimo, otros por terroristas pese a que los musulmanes sean con gran diferencia el blanco principal de los islamistas radicales.

Lo que más me asusta no son los Trump y compañía sino la falta de conciencia colectiva sobre la raíz del problema. En Moncloa optan por contemporizar. La recuperación macroeconómica de España es un hecho indubitado y se está traduciendo en cifras de empleo fantásticas. Ergo, estamos en la vía correcta, sin pararse a pensar en que un empleo temporal de 500 euros al mes, sin ninguna protección, no satisface las necesidades de quien antes tenía otro fijo de mil euros. Ah, se siente, no quedaba otra alternativa, te dicen. En Bruselas igual. Tranquilo, el “Quantitative Easing” encubierto del Banco Central y el Plan Juncker de inversiones están creando millones de empleos. Estamos en la vía correcta. Peor protegidos y peor pagados, si, pero es que no había otra. El discurso es el mismo en la rica Alemania en la que, tras la reforma laboral de Schroeder (ese gran socialdemócrata que vive como dios cobrando un sueldazo de Putin via Gazprom) son millones los que sobreviven con los llamados “mini jobs”, que ni siquiera generan lo suficiente como para tener una pensión digna.

Chávez llegó al poder en Venezuela – por la vía de las urnas – porque la clase política tradicional perdió todo su crédito. El remedio ha sido mucho peor que la enfermedad, sin duda, como lo es Trump o lo sería Podemos si gobernara en España, o Le Pen, que supondría el final de la Unión Europea. Pero no nos quejemos. No son la causa sino la consecuencia de nuestra incapacidad para gestionar la Gran Depresión con un mínimo de equidad. Que cada palo aguante su vela.

7 pensamientos en “¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

  1. ¿Como encuadra el autor del texto los siguientes gobiernos?
    Barcelona en comú en barcelona
    Ahora Madrid en Madrid
    PSOE-Compromis-Podemos en la Comunitat valenciana.

    ¿Es mas chavismo, trumpismo o lepenismo?

    Gracias

  2. Laborioso, interesante y amargo artículo el que nos propone LBNL en esta ocasión,al punto de no poder dejar de sentir una asfixia pasajera por ese concentrado de malas noticias al que no alcanza siquiera el leve consuelo de los viajeros del Titanic « la culpa la tiene el sr. capitán por ir tan rápido entre estos pedazos de hielo».
    No hubo avisos institucionales fuertes, solo opiniones mejor o peor fundadas porque nadie dirigía ( ni dirige ) la economía mundial ni el barco de la globalización y si aquí , en Occidente , las clases medias sufren de modo especial el cambio irreversible de su status, al igual que ocurrió y ocurre con la deslocalización de la industria , surgen en otras partes potentes núcleos de clases medias que mejoran marcadamente la situación anterior de pobreza.
    Como el mercado internacional es reacio a los controles – en el caso de que éstos puedan llevarse a cabo con cierta eficacia- es imposible a lo que se ve una asignación de recursos materiales y financieros que se resuelvan en un crecimiento y distribución armónica de los recursos humanos tal y como desearía una ideología globalizadora amable.
    Las horribles carencias de todo tipo de los nuevos invitados al banquete y la esperanza que alienta en esas masas los indudables beneficios observados hacen irreversible el camino iniciado en esta fase por la economìa mundial.
    En este contexto, los aparatos de las partidos socialdemócratas cercanos a las metrópolis – lo único activo que queda al fin y a la postre de ese gran movimiento – intentan salvarse de la quema luchando en su interior por obtener las mejores plazas aun disponibles. Y como suele decirse de la religión , lo peor no es que la gente deje de creer en la capacidad de la socialdemocracia para embridar las crisis que se superponen , sino de que crean en cualquier cosa, algunas de ellas tan bien señaladas por el articulista.
    No está mal para empezar un lunes de invierno.

  3. Artículos que tratan de sintetizar lo que ha pasado, sobre todo en el mundo occidental, desde 2007 – la gran depresión – se han escrito muchos, pero me ha asombrado, la claridad expositiva, la inclusión de casi todos los factores importantes y la conclusión a la que llega FYDT. Si acaso, no analiza suficientemente la gran tragedia de la inmigración masiva del tercer mundo. Paradoja: aunque la clase media se pauperiza en los paises adelantados, lo que forma el nucleo de la protesta que favorece a los populistas, la muchísima mas grave pobreza de los que buscan entrar en el primer mundo sufriendo grandes privaciones, no hace reflexionar a los desfavorecidos del primer mundo que, quizas el problema es mucho más irresoluble de lo que suponen.
    El artículo de Santos Juliá en El Pais de hoy, es un buen complemento – va en la misma dirección – que el magistral de FYDT.

  4. Buenísimo el discurso de Harbour, gracias. Y también por las flores Magallanes. No entiendo las preguntas de Laertes. Para mi ni Colau ni Carmena ni siquiera el tripartito valenciano tienen nada que ver con el populismo. A su acción de gobierno me remito. Pero si hay populismo en las campañas de Podemos, limitado, como expongo, pero populismo al fin y al cabo. Afortunadamente en ninguno de los tres sitios gobiernan en solitario

  5. ¿ No es populista el gobierno de Carmena , Colau , el multipartito valenciano , ..?
    ¿ Qué hace el PSOE ahí ?

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