Ciudadanos: luces y sombras

Ariamsita

Con la presentación del programa económico de Ciudadanos el martes por parte de Luis Garicano, parece que por fin un partido en España (con permiso de UPyD, que no parece pasar su mejor momento ahora mismo) se decide a apostar por un proyecto de país que, como decía Albert Rivera en su entrevista con Ana Pastor, defienda el equilibrio entre la igualdad de oportunidades y la economía de mercado, sin miedo a defender la reactivación de la economía y el crecimiento como complemento a las políticas de ayuda a los afectados por la crisis económica.

Un programa que se base en medidas realistas y no en cartas a lo Reyes Magos, decía Garicano para referirse a sus propuestas. Un programa que acepta, por fin, que es posible perseguir objetivos como la igualdad, la redistribución de la renta (cabe recordar que el modo en que se redistribuye en España es especialmente regresivo) o la existencia de un estado del bienestar fuerte sin renegar por ello de la economía de mercado. Un programa que entiende la realidad en que vivimos y efectúa propuestas en función de la misma como alternativa a la tendencia de algunos a negar el contexto económico en el que vivimos. Un programa que tiene mucho, en definitiva, de lo que muchos veníamos pidiendo (yo misma en este blog hace unos meses o Víctor Lapuente cuando hablaba de política bisexual) a la izquierda en España.

Las principales propuestas presentadas por Garicano no son desconocidas, pero en España siguen estando lejos del centro del debate, al no ser abrazadas ni por un PSOE que sigue prefiriendo anclar su discurso en las consignas más tradicionales de la izquierda ni tampoco por un PP que hace todo lo posible por alejarse de su faceta de partido liberal.

Mientras “los partidos tradicionales no están por el cambio; y otros no están por la sensatez”, Ciudadanos se atreve a poner sobre la mesa el contrato único, el modelo de mochila austríaca, un complemento salarial para aquellos que no alcancen el salario mínimo anual, o un sistema de cuotas de autónomos que varíen en función del nivel de facturación. Se asoman también a la flexiseguridad al acentuar la importancia de programas de formación para parados de larga duración. Otros elementos como una dación en pago moderada, la eliminación de diputaciones y la reducción del número de ayuntamientos dejan también buen sabor de boca.

Parece difícil no dejarse llevar por la euforia de un programa económico realista a la par que reformista, ambicioso sin dejar de tener los pies sobre la tierra.  Un programa, como ellos mismos lo presentan, sensato. Sin embargo hay ciertos puntos sobre el partido más allá de lo económico que no acaban de convencer. Sin ir más lejos, las declaraciones de Albert Rivera apostando por la retirada de la tarjeta sanitaria a los inmigrantes sin papeles choca con la percepción de quienes consideramos que España no debería renunciar a la universalidad de su sistema sanitario. Cabe preguntarse, incluso, si la marcada posición de Cs en el centro, centro-derecha podría llegar a ser un impedimento a la hora de abrazar medidas progresistas en lo social o respecto a libertades individuales en un futuro.

Otro de los elementos que parecen disgustar de Ciudadanos es el hecho de que, pese a incluir la transparencia y la lucha contra la corrupción en su discurso político, parece que en la práctica miembros del partido o relacionados con el mismo se están viendo envueltos en casos de corrupción. Genera desconfianza entre algunos también el sistema de expansión a nivel nacional que están llevando a cabo, basada en la absorción de partidos regionalistas no siempre conocidos por su limpieza (¿hasta que punto un partido hecho de otros partidos que llevan años jugando con unas determinadas reglas va a tener interés en renovar las instituciones y acabar con redes clientelares?) .

Ciudadanos parece, en definitiva, dispuesto a ocupar el hueco existente para una alternativa de centro liberal en España. Su programa, y sus propuestas que a algunos nos habría gustado ver por parte de otros partidos vienen a responder a la demanda de los que no creemos ni en el inmovilismo de la derecha del PP ni en las recetas con olor a naftalina que insiste en proponer la izquierda como alternativa. Su irrupción a nivel nacional y el peso que comienzan a alcanzar en las encuestas electorales hacen que se posicionen cada vez más como una alternativa seria a la que votar. Solo el tiempo nos dirá si son capaces de soltar lastre y deshacerse de la sombra de la derecha menos progresista y del fantasma de la corrupción para convertirse en el partido renovador, reformista y transparente que muchos estamos esperando.