Chatarra

Barañain

Más de una semana se ha tomado el señor Fiscal General del Estado para declarar algo tan obvio como que sobre el atentado terrorista del 11-M “hay una verdad jurídica” que es la sentencia y que esta es “incontestable”. Desmentía así que él se hubiera mostrado partidario de reabrir el sumario cuando dio instrucciones para que la fiscalía investigara el asunto de los restos de un vagón de los fatídicos trenes, publicitado por un medio digital de Federico Jiménez Losantos (“Libertad Digital”).

 Aquella instrucción suya, ha venido a decirnos ahora el señor Torres-Dulce, sólo pretendía  que se aclarara si aquella chatarra había sido ya objeto de análisis y valoración por los tribunales que han dictado sus sentencias sobre aquel terrible atentado islamista. No se explica el hombre  cómo ha podido haberse interpretado de otra forma aquella tontería.

 ¡Qué prudente el Fiscal General! Lástima que no haya mostrado la misma rapidez en deshacer el equívoco creado por su decisión de hace unos días que la que tuvo cuando la adoptó. Al señor Torres-Dulce le faltó tiempo entonces para darse por enterado de tan fascinante “noticia” aparecida en ese medio digital – al que  conceptos como solvencia, rigor  periodístico o, simplemente, decencia, le son por supuesto ajenos -,  y actuar en consecuencia, como impulsado por un resorte.  Con su torpeza ha dado pábulo -aunque haya sido por poco tiempo-, al por ahora último desvarío de la ultraderecha conspiranoica.

 ¿Pero es cuestión de torpeza o más bien  de sumisión? ¿Será un signo de los tiempos que vivimos?   Hubo una época en que el hermano del director de un famoso periódico conservador de la capital de España  amenazaba con dosieres comprometedores a políticos de la derecha  que se harían públicos en ese periódico -de lectura obligada en el ambiente en el que se movían-,  si aquellos no se avenían a gestionar tal o cual asunto según sus deseos.  Ahora no hace falta chantaje. Basta con que Libertad Digital o El Mundo  publiquen su enésima entrega de basura o, si quieren, de chatarra*, ya que ahora va de eso,   para que el político –en este caso todo un Fiscal General-, se acojone y, sumiso, se muestre todo lo menesteroso que haga falta para que no haya duda alguna sobre el respeto que siente por estos matones mediáticos. Luego, ya se hará lo que haya que hacer y se aclarará lo que proceda, faltaría más, pero lo primero es lo primero, no vayan a pensar “ellos” que él es tibio, o poco de fiar o algo peor…

 El caso es que la aclaración de Torres Dulce ha llegado tarde, como es lógico, para calmar las aguas revueltas en torno a la conmemoración del atentado.  Ayer, mientras Pilar Manjón,  la principal representante de las víctimas del 11-M, criticaba con razón esa “manipulación repugnante” que no cesa (¿cómo va a cesar, con los réditos que da?), la señora Ángeles Pedraza, de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), fiel al guión que tiene encomendada esa organización desde hace ya mucho tiempo ha proclamado, con más énfasis que lucidez, que “el 11-M es un caso abierto y ahora más que nunca” y ha reclamado  que se actúe  “con decisión y valentía” para lograr el esclarecimiento de tan misterioso enigma.

 La señora Pedraza debería tener presente aquello de “¡dime de qué presumes y te diré de qué careces!”. No es valentía sino cobardía lo que, por ejemplo, ha mostrado el Fiscal Torres Dulce. Porque lo que tenía que haber dicho no ayer sino hace una semana,  cuando se lanzó el último infundio, era que el caso está juzgado y que hay no una, ni dos, sino tres sentencias que lo confirman.

 La presidenta de la AVT ha sido secundada, como era de prever, por la portavoz de la otra asociación relacionada con del 11-M, creada únicamente para alimentar  en un pequeño sector de sus víctimas, la duda sobre la autoría islamista del atentado. Según esta preclara víctima,  en el caso del 11-M  no se ha hecho justicia, “empezando porque el lugar del crimen desapareció y como consecuencia de eso no sabemos el tipo de explosivo que se utilizó”.  Ella no sabe qué pasó y sólo sueña con tipos de explosivos diferentes, pobrecita. Si hasta se le esfuman los lugares del crimen; así no hay quien viva. Pero no nos engañemos, si esa pasión por intentar redescubrir pruebas y reabrir juicios viene de atrás y nos resulta extraña, porque es propia de seres obsesivos, no tiene nada de raro este subidón que han tenido en los últimos días: es que estas personas  también habían interpretado adecuadamente las irresponsables declaraciones del Fiscal General del Estado y las habían tomado como “un rayo de esperanza”.

 Los delirios sobre el 11-M seguirán dando juego porque sabemos de sobra que los conspiranoicos se mueven por su fanatismo y por el negocio que se han montado en torno a las mismas. Igual que  sabemos que si se desarrollaron tanto sólo fue porque servían a la estrategia política del PP en la oposición. Ahora la cosa es distinta. Esas fabulaciones son cosa vieja, gastada, sin valor alguno ya, ni siquiera para el PP,  chatarra en suma. Cuanto antes se lo hagan ver desde el gobierno y el PP mejor. Al Fiscal General del Estado le corresponde, simplemente, ser un poco más sensato  y no dejarse impresionar tan fácilmente por los chatarreros.

(*) El término  “chatarra”, derivado del euskera (“txatarra”, lo viejo) designa la escoria o un conjunto de trozos de metal -hierro, sobre todo-, de desecho. Por extensión se utiliza para referirse, de manera coloquial,  a objetos que han dejado de funcionar o que son de poco valor o de muy baja calidad.