Cestas de consumo pasadas, presentes y futuras. Un cuento de navidad con el IPC

 José D. Roselló 

Los tres fantasmas que visitan al Sr. Scrooge y sus múltiples revisiones más o menos acertadas son el leitmotiv de este post navideño, época por demás propensa a la nostalgia, la revisión y los proyectos. Cómo éramos, cómo somos, qué nos deparará el futuro.

Para aquellos que somos un poco “frikis” resulta tentador, meditaciones existenciales aparte, escarbar entre lo que se conoce para llegar a respuestas aunque sea un poco objetivas. Pues bien, resulta que hasta para estas cosas dickensianas se puede tirar de  la economía.

Podemos decir, un poco materialistamente, que “somos lo que compramos”. Nuestro consumo indica lo que precisamos, lo que nos gusta, a lo que podemos acceder y a veces hasta las condiciones externas en las cuales lo hacemos.

Aunque, a fin de responder a la pregunta, resultaba tentador  ir revisando los cubos de basura del vecindario, no ha sido necesario hacerlo. Ya se ha comentado alguna vez en posts previos, que para elaborar el Índice de Precios de Consumo, el INE recopila mediante una encuesta cómo se distribuye el gasto de los hogares. Aunque sea menos divertido, también es más limpio y más estadísticamente significativo que levantar las tapas de los contenedores ajenos. Reconozcámoslo.

Pues bien, dándole unas vueltas a la citada información del INE, se obtiene el siguiente retrato:

 

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Gráfico 1. Comparativa 92-02-12

 

Son 13 grandes agregados. Una vez superado el mareo de colorines, la información principal que podemos obtener de los últimos 20 años es la siguiente: 

  • Ha descendido la parte del presupuesto que se destinaba a Alimentación y Bebidas, desde más del 25% a menos de un 20%. ¿Motivos? Principalmente porque la carne, aparte de ser débil, se ha puesto muchísimo más barata en comparación con la renta media. No obstante, la bajada se da en otros apartados como el pescado, la verdura y los derivados lácteos. Mucho menos en cereales, pan y legumbres. Detrás de este fenómeno hay más que solo un crecimiento de la renta: está la mayor apertura a las importaciones, el crecimiento de las redes de comercio mayorista y minorista, la mejora de la productividad agrícola etc. Es cierto, no se mide el hecho de que el tomate que sepa y huela a tomate se ha convertido en un objeto de deseo, pero no todo puede medirlo todo.
  • También ha descendido mucho el componente de Vestido y Calzado. En este caso ha sido la globalización y, por qué no, la “zarificación” el factor principal. 
  • Por otro lado, han subido los gastos destinados a Comunicación, Ocio y Entretenimiento. La culpa, y en este caso no es una letanía de madre de adolescente, la tienen Internet, los móviles, los Iphones, Canales Satélites y demás. 
  • Y, muy importante, han subido apreciablemente dos partidas de gasto notables: Transporte privado y Gastos asociados al Mantenimiento de la Vivienda. ¿Es porque el parque móvil por familia ha crecido? Algo influye. Pero…-música de misterio- existen además dos factores de fondo compartidos: el incremento de los precios internacionales de la energía y, -ahora imaginen la música de Psicosis, por favor- la desregulación, privatización, mayor imposición, etc., de los mercados energéticos. Si, nada sala gratis,  una economía menos intervenida, tampoco.

 Lo anterior se aprecia con más claridad en el gráfico siguiente. La evolución de los 6 agregados más relevantes para el presupuesto de los hogares explica el 80% del destino de los dineros familiares (o de uno, si es hogar monoparental). 

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Gráfico 2. Los 6 más importantes

No obstante, reconozcamos que el irse al 92  queda un poco corto para compararlo con la scroogiana visita del fantasma de Jacobo Marley. Lo idóneo sería poder irse más atrás, pero por razones metodológicas -productos que ya no se diferencian, procesos de cómputo y otras-, el INE no tiene a disposición pública las estructuras de gasto previas al año 92.  Asimismo, en el cuento de Dickens, se producía una visita del fantasma de las navidades futuras. En este caso no hace falta explicar porque no existen. 

Para redondear la analogía pues, hacen falta dos supuestos: uno sobre el pasado más lejano y otro sobre el futuro. Haciéndolo de manera sencilla y no demasiado abusiva ni en lo numérico ni en el razonamiento de fondo: supongamos que las variaciones en la estructura de consumo experimentadas de 92 a 2012 son de la misma escala que las que se hubieran observado del 82 al 92. Es decir, enchufamos los crecimientos, pero hacia atrás.

Con el futuro se obra de la misma manera. Extrapolamos que para 2022 las cosas cambiaran de una manera parecida a la observada en los últimos 10 años. Si no podemos tener a Jacobo Marley, o a ese espectro que tanto recordaba a la muerte, como en el cuento, imaginemos que nos visita el fantasma de Naranjito, igualmente cargado de cadenas, y… aquí pongan al sustituto que más aterrador les parezca.

 

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Gráfico 3.Escenarios pasado y futuro

 

Desde el año 82 han desaparecido, o se han subsumido en otros agregados, rúbricas tan sugerentes como Prendas interiores de hombre (y de mujer) y Tabaco negro. Han aparecido en su lugar rubricas como Otros (todo aquello que no cabe en alguna de las demás). En un espacio de 40 años, lo que consumimos cambia, lógicamente.

Aunque la tendencia observada es la que se usa, lo impactante de los cambios en gastos tan esenciales como la comida y el vestido, que verían reducidísima su aportación, hacen lógicamente cuestionarse si este ritmo de bajadas va a continuar. Pesimistas como somos, en cambio, sí que todo lo que coincida con lo energético podemos pensar que no tiene mucho viso de estabilizarse al menos por el momento.

Es llamativo el aspecto inferido dentro de 10 años, con una igualación entre las partidas más relevantes, sin que haya una que destaque especialmente. Crece mucho el “Resto”; este agregado en el Gráfico incorpora tanto el misterioso agregado de “Otros”, como aquellas rúbricas hoy en día comparativamente pequeñas en el presupuesto familiar, pero que registran tendencias ascendentes en los últimos años. Si, ahí están los gastos en Educación, Medicina, Transporte público etc. Hoy en día poco relevantes en el presupuesto familiar por su cuasi gratuidad, y mañana, al paso que marca el fantasma del futuro, pues ya veremos.