Una hora en tierra de nadie da para mucho

Barañain

 

El vuelo se presentaba largo, más de ocho horas, e incómodo, con el avión lleno de gente bullanguera, incluido un ruidoso grupo de jóvenes italianos guays encantados de haberse conocido (una redundancia, habiéndose dicho ya su procedencia) y un grupo de aun más jóvenes israelíes dirigidos por quien imaginé que era surabino. Sentado como estaba al fondo de la cabina, en la clase turista de Iberia, el transcurso del viaje me hizo testigo a la fuerza del continuo ir y venir de gente al aseo, así como dela frecuente visita del rabino a las azafatas, de quienes buscaba no sé qué garantías sobre la observancia de preceptos o criterios kosher en la comida que iban a servir (eso me pareció deducir de los comentarios, no demasiado piadosos pero razonables, de alguna de las azafatas cada vez que les dejaba en paz el rabino petardo). El viaje resultaba pesado, pero al final del mismo me esperaba la ciudad de Nueva York. Aguantar a rabinos, ansiosos meones e italianos fashion parecía un precio bastante aceptable.

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Orígenes pirrónicos de la crisis financiera

Ignacio Sánchez-Cuenca

 

Mientras los investigadores y expertos del mundo entero se afanaban por entender las causas de la catástrofe financiera que se extendía por el planeta, centrándose en factores como las hipotecas subprime, el derrumbe de expectativas sobre los productos derivados y otros artefactos financieros semejantes, la crisis de liquidez, el colapso del mercado interbancario, etcétera, etcétera, etcétera, dos investigadores albaceteños, Cristóbal Molinero y Maruja Irujo, que llevaban años enfrascados en un trabajo sobre la ontologí­ade lo estrafalario, recordaron aquel resultado nuclear de la teoría de las catástrofes del matemático René Thom, en virtud del cual el aleteo de una mariposa en un bosque de secuoyas canadienses puede producir un tifón en el desierto del Gobi, osease, que alteraciones casi imperceptibles en un sistema pueden conducirlo hasta el punto en el que se produce una transición de fase (catástrofe) y el tal sistema sufre un cambio súbito y profundo.

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Mitin pirrónico

Ignacio Sánchez-Cuenca

No puedo encontrar una explicación razonable a los sucesos que vienen ocurriéndome desde que Basta Ya decidió constituirse en partido político para regenerar España. Es la segunda ocasión en la que me llega un mensaje desde el futuro. En esta ocasión se trata de un telegrama venido desde el más allá ucrónico. Lo reproduzco íntegramente por su valor histórico-documental:

“Graves disturbios en el mitin de la UPyD en Madrid. STOP. Carlos Martínez Gorriarán destituye a todos los cargos del partido. STOP. Rosa Díez funda la UPyD reconstituida (UPyDrec). STOP. Albacete se entrega al nuevo líder. STOP. Mikel Buesa y el Mariscal Zhukov fundan las fuerzas de choque del partido con los porteros de discoteca de Costa Polvoranca. STOP. Fernando Savater exige que se detenga la korrika cuanto antes. STOP. Por la fuerza si es necesario. STOP. Ángel Acebes pide que se aplique la Ley de Partidos a la UPyD y a la UPyDrec. STOP. Zapatero afirma que la Constitución es el instrumento que garantiza nuestra convivencia y que ni UPyD ni UPyDrec lograrán alterar nuestro orden institucional. STOP. La policía interviene para cerrar la boca a Álvaro Pombo, que sufre un ataque severo de logomaquia durante la celebración del mitin. STOP. José Luis Moreno será cabeza de lista de UPyDrec por Zamora. STOP. Mario Vargas Llosa hace un donativo de 7 euros a la UPyDrec. STOP.”

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Crónicas pirrónicas

Ignacio Sánchez-Cuenca

Por paquete express, me llega este escrito desde el futuro, fechado en el año 2068. Lo ofrezco en primicia a los lectores de este blog.

“La humanidad ha sucumbido, pero no debido al cambio climático, sino a causa del pirronismo. El primo de Mariano tení­a razón. El problema no eran los calores en invierno. El problema estaba en la expansión hiperbólica del pirronismo. A comienzos de siglo lo advirtió Ignacio Sánchez-Cuenca, el teórico de los juegos, pero su fracaso en el mal llamado proceso de paz restó toda credibilidad a sus sombrías predicciones. Nadie le hizo caso y sin embargo el pirronismo fue extendiéndose primero por la piel de toro y luego plus ultra.

El pirronismo nació mediante extraña partenogénesis rameada (va por Verlitas) en el viaje del merluzo pirrónico a Albacete. Quienes entonces recibían peyorativamente el sobrenombre de “secta palmera”, se hartaron de reír ante las andanzas del merluzo. Pero parece que la cosa iba en serio. Las fuerzas telúricas que desencadeno el merluzo en su visita a Albacete no pudieron ser controladas. Numerosas personas que habían destacado por su idiocia se sintieron misteriosamente atraídas hacia el pirronismo. Un antietarra de discoteca, grosero y con mal aliento, se hizo pirrónico de los pies a la cabeza. El propio maestro del merluzo pirrónico cayó en el pirronismo más agudo y terminó haciendo vudú a Zapatero y sus cuentistas. Un periodista trastornado que se creía mariscal se redimió en el pirronismo. Y una politiquilla enferma de ambición se convirtió en la gran dama pirrónica.

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Fenomenología del gafoso

Ignacio Sánchez-Cuenca

No hay nada más práctico que una buena teoría, escribió en cierta ocasión Lenin. En este artículo, con el que me despido del blog hasta septiembre, quisiera humildemente ofrecer un primer bosquejo de una teoría general del gafoso. Dicha teoría, todavía por elaborar en sus más intrincados detalles, es urgente y puede ayudar a enderezar la vida de personas que en estos mismos momentos, mientras leen estas líneas, corren el peligro mortal de caer en el gafosismo sin ser consciente de ello. El gafosismo nos acosa constantemente, no nos da un respiro. Comencemos con una aclaración: el gafosismo no es una forma de pirronismo. Hay pirrónicos gafosos, pero hay gafosos no pirrónicos, lo mismo que hay pirrónicos no gafosos. Sin ir más lejos, el gran maestre de la orden pirrónica es demasiado pueblerino para ser calificado de gafoso. Es pirrónico a secas. En cualquier caso, el gafosismo es más contagioso que el pirronismo. De acuerdo con las averiguaciones que hemos podido realizar, el pirronismo se extiende muy lentamente en Albacete y parece que el intento de inocularlo en Asturias no va a tener mayor éxito. En cambio, el gafosismo avanza arrolladoramente por toda la geografía ibérica. Sigue leyendo

La misteriosa teoría de los juegos

Ignacio Sánchez-Cuenca

Discúlpenme, pero hoy quiero contarles una anécdota pirrónica personal, más que nada porque muestra el nivel de degradación política e intelectual que hemos alcanzado en España en la discusión sobre terrorismo. Creo que la historia puede ayudar a entender mejor la proliferación de sandeces (motivadas por la mala fe) que se ven constantemente en los medios de comunicación tras la ruptura del alto el fuego. No es que antes no se dijeran idioteces, pero en estos días parece que todos los necios de este país se han coordinado para disparatar al unísono.Hace unos cuantos años, en 2001, publiqué un libro titulado ETA contra el Estado (Tusquets). En aquel libro utilizaba, de manera muy genérica, algunos conceptos de teoría de juegos para explicar las estrategias de ETA. Por cierto, en el libro critiqué con dureza, por aquello de ser sectario, los intentos del Gobierno de Felipe González de negociar con ETA y elogié en términos bastante explícitos la política antiterrorista del PP. Pero esa es otra historia.

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Metamorfosis pirrónicas

Ignacio Sánchez-Cuenca

Salvador Dalí defendió la tesis extraordinaria de que la estación de Perpiñán es el centro del universo. Según el genial ampurdanés, dicha estación constituye el kilómetro cero, el origen gravitatorio de misteriosas fuerzas telúricas. En la deriva de los continentes, la estación de Perpiñán, a la que llegó Gala la primera vez que fue a conocer al maestro, se alza como un punto de permanencia e inmutabilidad sobre el que se desplazan las masas continentales. Dalí inmortalizó aquella visión en un cuadro espantoso de 1965 en el que los miembros del celebérrimo Angelus de Millet deciden romper su eterno duelo con actos de sodomía y fornicación (sobre una carretilla) que aparecen como fondo de una estructura geométrico-onírica en la que destaca una ominosa Gala que todo lo observa frente a un Salvador convertido en feto-Cristo. El cuadro, propiedad del chocolatier Peter Ludwig, reposa en un museo de Colonia. Pues bien, hoy nosotros queremos defender una tesis no menos trascendental que la de Dalí, a saber, que el cráneo del fundador del pirronismo es en estos momentos la fuente primigenia de las emisiones tóxicas que amenazan con crear un potente efecto invernadero en la esfera de las ideas. De la misma manera que las flatulencias del ganado vacuno se elevan hacia la atmósfera, impidiendo la natural ventilación del planeta, recalentando nuestra humilde morada hasta temperaturas asfixiantes y provocando anegaciones constantes de la M-30, asimismo las cogitaciones del maestro universal del pirronismo crean una suerte de agujero negro intelectual del que nada de lo que entra sale.

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¿Puede una sociedad evitar el pirronismo si su Estado es él mismo pirrónico?

Ignacio Sánchez-Cuenca

Los maestros pirrónicos de la antigüedad nunca abordaron la cuestión titular que encabeza este artículo, debido sin duda a la ausencia de Estado en el sentido moderno del término. No habiendo Estados, difícilmente podía determinarse si el pirronismo estatal cala en la sociedad. Tan sólo Filetes de Cos, un adelantado a su tiempo, se afanó en resolver este rompecabezas en el siglo I antes de Cristo. El infeliz murió de desesperación, incapaz de entender la influencia de una entidad ficticia y rigurosamente inexistente sobre la sociedad. En su epitafio figura esta sentencia: “Morí en vano, entre la indiferencia pirrónica, sin hacer avanzar la doctrina”.

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El pirronismo, estadio superior del cretinismo

Ignacio Sánchez-Cuenca

Aunque en doctos círculos filosóficos y peripatéticos se habla de “pirronismo” para referirse a la doctrina esotérica de Pirrón Elisio, maestro pensador que nunca escribió nada, y cuyas ideas conocemos solamente por mediación de su principal discípulo, Timón Hecateo, el castellano, lengua versátil donde las haya, ha ampliado el significado de este olvidado “ismo”, de manera que, en nuestros días, quien habla de pirronismo no lo hace para referirse a una teoría filosófica de la antigua Grecia, sino más bien para expresar un estadio superior de confusión mental no por extendido menos preocupante. Como reza el título de esta entrada, el pirronismo es una forma acabada de cretinismo. Y no porque pueda decirse que el propio Pirrón, o sus esforzados discípulos, fueran ellos mismos cretinos, sino porque el pirronismo ha devenido sinónimo de espesura mental, falta de reflejos intelectuales, obcecación, impermeabilidad a los hechos, estado genérico de alelamiento, necedad, mala fe e incluso sinvergonzonería.

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