Gal, 11-M y el fin de España (2)

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El paisaje conspiracionista es un terreno de aluvión impregnado de una abigarrada muestra de limo intelectual que, como oportunamente señaló La Vanguardia en su momento, «muy en consonancia con el espíritu de los tiempos, […] un día apunta a Marruecos, otro a ETA, otro a Francia, otro a policías españoles más o menos pilotados por los socialistas, otro a los islamistas, y otro, a todos a la vez» (editorial, 11.6.06). La semana pasada comencé el examen de una de sus vetas más pujantes, que subsume el 11-M en el marco de un golpe de Estado. A este respecto, aduje que una de las funciones que desempeña la referencia a los GAL consiste en establecer un precedente según el cual, si la izquierda, el PSOE o sus aledaños organizaron aquello, nada se opone a que organizasen esto (añado incidentalmente que otro objetivo al que sirve la mención de los GAL es el de reivindicar ciertas credenciales periodísticas: “si tuvimos razón entonces, también la tenemos ahora��?). Se me ocurren al menos dos observaciones frente a esta argumentación que, sintéticamente, podrían denominarse ‘la objeción moral’ y ‘la objeción racional’. Hoy presentaré la primera y dejaré para un próximo artículo la segunda.

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GAL, 11-M y el fin de España (1)

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Se acaban las sesiones del juicio y, hasta que se dicte sentencia, los fotógrafos de hadas, vendedores de flogisto, remendadores de virgos y demás perillanes de cálamo especioso, verbo sibilino y mente aviesa, seguirán alhajando sus tenderetes en un postrer intento por agotar las últimas existencias de una mercancía que no oculta su hedor ni bajo un manto de ácido bórico. Hoy iniciaré una reflexión sobre las conexiones entre algunas de las hipótesis conspirativas manejadas por los «buscadores de la verdad» y el discurso milenarista de los más conspicuos chamanes polimediáticos de nuestro graderío patrio. Disculpen la profusión de citas, pero algunas iniquidades deben ser cumplidamente documentadas para cuando, a toro pasado, las furias del Averno sólo recuerden haber planteado «dudas» y «discrepancias» legítimas.

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El desasosiego moral (5): Reflexiones adicionales sobre terrorismo

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La semana pasada comenté algunos de los lemas comúnmente esgrimidos desde las tierras donde siempre brilla la luz de la refulgente e impoluta moralidad neocon. Son fáciles de memorizar: todos los terrorismos son iguales (ergo todos deben ser igualmente tratados, Aznar dixit); lo importante no son las causas, sino los efectos; es un error buscarle explicaciones al terrorismo… y similares. Armado con estos sencillos principios fundamentales, expongo a continuación algunos elementos de hecho para los que, supongo, dichos principios habrían de encontrar fácil acomodo. Adelanto, no obstante, que el resultado es más bien el contrario: sumirme aún más en el desconcierto y la inquietud. Sigue leyendo

El desasosiego moral (4): algunas consideraciones sobre terrorismo

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Es mi intención dedicar al menos un par de artículos a exponer ciertas reflexiones sobre el problema del terrorismo, desde una perspectiva general, no necesariamente anclada en nuestra experiencia inmediata del aquí y ahora. Son cuestiones que se inscriben en mi línea de exponer la inquietud moral que me aflige cuando oigo y leo determinados asertos que, lejos de responder a mis preguntas, suscitan nuevas dudas o acrecientan las que albergo. Hoy trataré acerca de un par de formulaciones frecuentes entre los custodios de la claridad moral y que me han desconcertado en los últimos tiempos. Probablemente todos recuerden la machacona insistencia con la que los miembros del anterior Gobierno repetían, y aún repiten, a modo de mantra, aquello de que «todos los terrorismos son iguales». Les ahorraré la profusión de citas al respecto, por innecesarias y redundantes, de Aznar, Trillo, Rajoy, Pío Cabanillas, entre otros.

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Aznar el Rectificador

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Desde que abandonó la política activa (que no la ‘radiactiva’), el Sr. Aznar no ha aprovechado ni una sola de las numerosas ocasiones que ha tenido para callarse. Desde su autoerigido pedestal de salvador del reino, pontifica urbi et orbe señalando las vías por las que su alargada sombra sigue arrastrando a lo más adocenado de la derecha patria. Ninguna de las grandes contribuciones al glosario del despropósito político actual le es ajena. Desde el “cambio de régimen��? a la “claudicación ante el terrorismo��?, pasando por las formulaciones conspiracionistas del 11-M (que hoy no encuentran padre ni madre que las quiera reconocer), siempre es posible encontrar el verbo fluido del ex-primer bigote hispano, a quien no le gusta que le cuenten las copas de vino que se toma. Pero al Sr. Aznar tampoco le gusta que le malinterpreten. Es natural. A nadie le agrada. Así pues, hace unos días envió una carta al director de El País para rectificar una información que ponía en sus labios algo que él no había dicho. Creo que a estas alturas es de sobra conocido el incidente. Lo expondré con brevedad. En un acto de campaña celebrado el 22 de mayo en Calatayud (Zaragoza), Aznar ofreció el siguiente diagnóstico: “Zapatero ha conseguido que media España no acepte a la otra media. Y eso que nos condujo a lo peor de nuestra historia hace 70 años es el esquema político que se quiere repetir ahora.��? El País, entre otros medios, creyó que la conclusión era obvia y, al día siguiente, tituló una noticia: “Aznar acusa a Zapatero de reproducir «el esquema político» que llevó a la Guerra Civil��?. El ex-presidente reaccionó de inmediato, explicando lo siguiente: “En ningún momento de mi intervención en el acto público del Partido Popular celebrado el martes, día 22, en Calatayud, mencioné el término Guerra Civil […]. Es absolutamente inaceptable que se utilice mi nombre en informaciones con términos que en ningún momento se han pronunciado.��? Sigue leyendo

Inconvenientes de la bronca tabernaria (2)

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La semana pasada presenté ciertas objeciones al discurso incendiario de algunos agitadores mediáticos, tratando de invalidar el argumento de que hay que distinguir el fondo de la forma. Expuse que tal alegación es absurda en su caso, pues lo que dicen es indistinguible de cómo lo dicen. Hoy continúo con una serie de razonamientos subsidiarios. El primero de ellos sigue estando muy relacionado con el planteamiento fondo-forma. Aun aceptando en abstracto tal distinción, sostengo que el gruñido constante interfiere con la solidez del supuesto “fondo��?. Es decir, la actitud en extremo belicosa está negativamente relacionada con la probabilidad de ejercer un discernimiento correcto respecto a la realidad de las cosas. Porque no sólo las creencias materiales (más o menos discutibles) sirven de base a las expresiones formales, sino que éstas pueden incidir en la creación y mantenimiento de aquéllas más allá de lo que sería normativamente razonable. El estilo o la “forma��? incendiarios son claramente emocionales y las influencias afectivas en las creencias sobre el “fondo��? no son en absoluto desdeñables, como indican la psicología social y el mero sentido común.

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Inconvenientes de la bronca tabernaria (1)

Permafrost 

Siempre me ha fascinado morbosamente la capacidad de algunos comunicadores para rezumar un odio vitriólico en cada una de sus intervenciones. La insidiosa maledicencia de figuras como Rush Limbaugh o Ann Coulter encuentra en nuestras tierras una notable representación en personajes como Jiménez Losantos y sus adláteres de la corte de la ponzoña. Pero, antes de inducir su hastío, les advierto que mi incursión monotemática de hoy no tiene sólo por objeto documentar sino también reflexionar sobre algunas de las principales taras de la hipertensión mediática. Por otra parte, aunque mi referencia e inspiración inmediatas se hallen en el ruiseñor de la COPE y allegados, no hay nada en mis consideraciones que no pueda aplicarse de manera genérica a cualquier escupefuego del foro, sea cual fuere su tendencia o condición.

Empecemos con algunos datos relativos al año pasado: en enero de 2006, se admitió a trámite una demanda de ERC contra Jiménez Losantos y la COPE por intromisión ilegítima en el honor de sus dirigentes; ese mismo mes, la Audiencia de Madrid ordenó admitir una querella de Maragall por injurias dirigida contra César Vidal y la sociedad titular de la COPE; en abril, Vocento anunciaba la presentación de acciones contra la COPE por “denigrar��? al diario ABC; el 5 de abril de 2006, La Asociación para la Investigación de Medios de Comunicación (AIMC) decidió en asamblea general expulsar a Radio Popular por las “graves infracciones cometidas��? por el director de deportes de la COPE, José Antonio Abellán; en junio, Ruiz-Gallardón anunciaba su intención de querellarse contra Jiménez Losantos por presuntas injurias contra su honor y dignidad y menoscabo de su imagen pública; en julio, tres entidades cristianas catalanas presentaron una denuncia canónica contra la Conferencia Episcopal Española a causa de la COPE, ante el Tribunal de la Rota Romana. Ignoro la suerte que han corrido todos estos procesos (me consta que recientemente los tribunales han fallado a favor de ERC en su denuncia contra Jiménez Losantos; el incidente con la AIMC concluyó con una especie de arreglo entre las partes), pero creo que su mera existencia resulta significativa.

No obstante, cuando se afea la conducta de los navajeros de la tribuna, los interpelados y sus afines esgrimen con frecuencia un argumento al que conviene enfrentarse de inmediato. Lo importante, se aduce, no es la forma más o menos canallesca, sino el fondo, la veracidad de lo que se dice. Las maneras que adornan o deslucen el mensaje son algo accesorio, sometido a consideraciones caracterológicas, de oportunidad o incluso tal vez comerciales, pero, en cualquier caso, y aun concediendo que puedan ser eventualmente deplorables, los malos modos no dejan de ser un aspecto secundario y esencialmente prescindible.

No es casual que algunos de los máximos representantes de las filias y fobias del micrófono de oro copeliano ilustren este punto con particular pertinencia. Así, el alcalde de Madrid aseguró el año pasado en el foro Abc que su partido, el Partido Popular, debería huir de la «radicalización» del Gobierno, explicando que «sólo desde la moderación es creíble la firmeza y nosotros debemos ser firmes ante la agresión. Sería un error tremendo que nos contagiáramos». Esperanza Aguirre, en cambio, respondió a estas declaraciones asegurando: «Yo discrepo en el sentido de que creo que la moderación es como la buena educación, pertenece al mundo de las formas, no es un valor, el valor en el fondo es defender al libertad, la honradez, la dignidad de las personas, los derechos». El propio barón crispante ha hecho declaraciones muy reveladoras de esta actitud. Cuando un internauta pregunta a Jiménez Losantos, el 7.12.05 (Diálogo en LD): «Â¿No es usted una persona que utiliza un método de comunicación similar a los comunistas que denuncia?», la respuesta aclara inequívocamente la importancia del «fondo»: «Pues no, porque los comunistas mienten a sabiendas y yo digo la verdad». Por tanto, sus maneras destempladas son una cuestión de detalle, de puesta en escena. Cuando le preguntan en otra ocasión (Diálogo en LD, 17.5.06): «Estoy de acuerdo con muchas cosas que expresa en la Cope, pero ¿no cree que las formas hacen que los adversarios políticos utilicen sus expresiones para menospreciar lo que dice?», el divo banaliza la importancia de los modales: «Bah, gracias a esas formas nos oye cada día más gente. O se despierta a la gente o se la duerme. […] No [hay que] considerar negativamente ciertos aspectos de la política gubernamental en determinadas áreas. ¿Usted se despertaría a las seis con esta monserga?» Y, con mayor cinismo, en una entrevista para El Mundo (13.8.06): «Pregunta.- ¿Qué dicen sus hijos cuando le escuchan? Respuesta.- […] ‘¿Y no puedes decir eso de otra manera?’. Yo le respondo: ‘Ya, e ibas a estudiar tú en una universidad americana si lo digo de otra manera…’ «. Y, para terminar, Juan Souto Coelho ofrece una acabada formulación de esta idea bajo el expresivo título de «Verdad antes que buenas formas. El problema no es la COPE» (LD, 19.10.2005): «Contar la veracidad de los hechos incómodos para el poder político, contrastar y desenmascarar las medias verdades, es para algunos provocar crispación. […] El problema no es la palabra más o menos agresiva, violenta e indignada de algunos periodistas. El problema es lo que lo provoca. […] Tiendo a mirar con intensidad las estructuras del mal y con benevolencia las torpezas propias de la manera temperamental de ser de cada uno. Prefiero no escandalizarme con pecadillos comunes antes que escuchar música y comulgar con ruedas de molino ante las grandes perversiones y estructuras de pecado.»

Pues bien, afirmo que este argumento es falaz cuando se llega a ciertos extremos. Afirmo que hay un punto a partir del cual esa supuesta frontera entre el fondo y la forma se desdibuja y, de hecho, la forma es el fondo. Decir que se ha adoptado la decisión X puede ser más o menos veraz y objetivo. Decir que esa decisión se ha adoptado para acabar con la democracia y la libertad es una atribución de intención difícilmente reducible a una simple formalidad. Disculpen que descienda de nuevo al detalle, pero no deseo que esta cuestión se quede en una mera formulación abstracta. El pasado 7.5.07, en su programa «Federico a las seis», el Sr. Jiménez, en torno al minuto 7, se refirió en los siguientes términos a los jueces del Tribunal Supremo que se habían pronunciado sobre las listas de ANV: «A la pequeña historia de la gran destrucción de España pasaréis como una pieza más dentro de la estrategia de Zapatero. […] ‘Y el poder Judicial tampoco estuvo a la altura de sus responsabilidades: cedió al Ejecutivo y metió a la ETA de nuevo en las instituciones representativas vascas’. Es todo una chapuza, esto va más allá de la prevaricación, es la alta traición, pero la alta traición redomada. […] En la Sala 61 hay de todo. […] Pero al final se impuso la cobardía habitual. El centrismo de pan llevar. Y si además de pan es lo de Arenillas, ¿eh? Y otro cargo y otra promoción, en fin, lo típico. O sea, corrupción al por mayor.» No, amigos, sostengo que no es lo mismo no estar de acuerdo con una decisión que acusar de prevaricación, cohecho y alta traición a los jueces del Supremo. Estas imputaciones son en sí mismas afirmaciones «de fondo», sujetas a un juicio de veracidad. Son delitos de cierta entidad que, por añadidura, requieren dolo. Y es que, según el argumento al que me opongo, si no tuvieran importancia estas palabras, daría igual llamar a un etarra encarcelado por delitos de sangre “terrorista asesino��? o “preso político��?, algo que sin duda estas luminarias no estarían dispuestas a admitir. No es lo mismo criticar con toda la dureza que se quiera la política antiterrorista del Ejecutivo que decir que éste es «el Gobierno de la ETA» y espetar a los socialistas: «lo que pasa es que vosotros formáis ahora un paquete con la ETA. Estáis a medias» (Losantos, 27.2.06). O afirmar que «[estar] en la oposición a la ETA y a ti [ZP], […] por desgracia en España es lo mismo. Ha llegado a tal extremo de miseria España, que oponerse al Gobierno y a la ETA es lo mismo. Esta es la triste realidad» (Losantos, 7.5.07). Afirmar que se trata únicamente de una cuestión de «maneras» o de «formas», resulta un sarcasmo, sobre todo cuando tales formas se parecen mucho a determinadas conductas tipificadas en el código penal.

La semana que viene seguiré con este asunto, tratando de exponer razones adicionales que hacen altamente indeseable este estilo barriobajero y rufianesco.

ZP traidor

Permafrost La normalidad con la que títulos como éste han adquirido curso legal en sectores no precisamente marginales durante la presente legislatura es sólo un síntoma más de la degradación de nuestro discurso político cotidiano. Por un momento, albergué el ingenuo propósito de hacer un recopilatorio de los esputos verbales más carrasposos obsequiados al presidente del Gobierno por parte de nuestra selecta oposición político-mediática. Dicha empresa se reveló en seguida insensata: ni siete meses como deshollinador de hemerotecas bastarían para pasar del prólogo. Me conformaré, por tanto, con dejar breve constancia de la entorpecedora insistencia con la que al paso de Zapatero se arrojan, como pétalos al César, los cardos de la traición, felonía y demás defecciones. Sigue leyendo

Piensa global, crispa local

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O «no dejes para mañana lo que puedas crispar hoy». Tales podrían ser los lemas de algunos próceres en la presente legislatura. Sí, lo lamento, voy a incidir con cierta prolijidad en uno de los monotemas de nuestro tiempo. Pero antes de que huyan ustedes y dejen esta página más mustia que el cielo un sábado por la noche (Leonard Cohen dixit), les anuncio que mi enfoque de hoy en esto del calentamiento político es microclimático y, por ende, algo distinto de lo habitual. Y es que a veces el todo se aprehende de manera más vívida examinando una de sus partes. De este modo, una tarea que en principio se me antojaba sumamente tediosa, a saber, el análisis de las comparecencias periódicas de la hasta hace poco Directora General de RTVE, Carmen Caffarel, ante la correspondiente Comisión de Control del Congreso, se ha revelado como una joya para un crispólogo aficionado. Realmente, estas sesiones lo tienen todo.

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El desasosiego moral (3): ¿Sic semper tyrannis?*

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Sadam Husein fue ejecutado el 30 de diciembre de 2006, tras un proceso en el que se juzgó su culpabilidad por diversas matanzas organizadas durante su mandato. Tenían dónde elegir. Que Sadam había cometido actos genocidas contra su propio pueblo, algo innegable, es una circunstancia que, desde los cuarteles de la claridad moral, se ha esgrimido con cierta frecuencia tanto para justificar la invasión de Irak como para afear la conducta de quienes se han opuesto a ésta y sus derivados:

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