La (des) Unión Europea en política exterior

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En términos diplomáticos la UE es un “actor global” que se preocupa y actúa sobre cualquier asunto internacional, sin limitarse a intervenir exclusivamente en su vecindario, sin perjuicio de que los asuntos más cercanos sean lógicamente aquellos en los que se muestra más activa. Las capacidades de actuación de la UE en política exterior dieron un salto sustancial con la entrada en vigor del Tratado de Lisboa (2009) que creó la figura de la Alta Representante de Política Exterior – que es a la vez Vice-Presidenta de la Comisión Europea – y el Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE), un embrión del futuro Ministerio de Exteriores europeo. A la red de 140 embajadas europeas repartidas por el mundo, en los últimos años se ha sumado un progreso sin precedentes de la dimensión de defensa y seguridad, que está llamada a desarrollarse plenamente en los próximos años. Por último, la defensa del multilateralismo, la legalidad internacional, la democracia y los derechos humanos, el libre comercio y la solidaridad internacional, hacen de la UE una referencia obligada para muchísimos países grandes, medianos y pequeños que se alinean tras las posiciones de la Unión en los foros internacionales cuando se negocia sobre el cambio climático o la lucha contra el terrorismo, por poner solo dos ejemplos. Y sin embargo, las disensiones internas y la estructura enrevesada de su proceso de toma de decisiones en política exterior, están embarrando cada vez más los pies del creciente gigante. Hoy tenemos un buen ejemplo con el reconocimiento de Guaidó como Presidente interino de Venezuela por solo una parte de los 28 Estados Miembros.

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Venezuela: ¿Nueva Crisis de los Misiles?

Magallanes

Desde que el Presidente Maduro inhabilitó en 2017 la Asamblea Nacional, donde había perdido la mayoría, utilizando al Tribunal Supremo y sustituyéndola por una Asamblea Constituyente, se abrió la veda para destruir cualquier institución de la democracia venezolana. Su discurso televisivo comentando la inhabilitación con risotadas mostrando su idea de lo fácil que es cargarse la democracia burguesa fue notable. Si además, la producción petrolera fue reduciéndose a la mitad en los últimos años y la inflación fue convirtiéndose en una hiperinflación, el terreno estaba abonado para un profundo descontento mayoritario de la población venezolana. El gobierno, después de confiscar supermercados por abuso en la subida de precios, inventó el reparto de las cajas mensuales de alimentos básicos para por lo menos seguir teniendo de su lado a las clases sociales más pobres. Sigue leyendo

Incoherencias venezolanas

LBNL

¿Queda alguien coherente opinando sobre Venezuela? El Gobierno, que empezó la semana pasada llamando a la Unión Europea a implicarse más para favorecer el diálogo y una solución política que evite un baño de sangre, pasó el viernes a liderar el frente de los que querían reconocer al Presidente del Parlamento como nuevo Presidente. Entre medias, Guadió se había ofrecido y Trump le reconoció inmediatamente, dando la impresión de una operación concertada, secundada inmediatamente también por los ultras Bolsonaro de Brasil y Duque de Colombia. Nuestras derechas, desde el centro al extremo, que venían denostando a Pedro Sánchez como cómplice de los amigos del chavismo en España – Podemos – no han sin embargo tornado sus ataques en aplausos al giro copernicano de Sánchez. Normal en política cabe pensar. Pero no deja de extrañar que los mismos que denuncian el quebranto de la legalidad en Cataluña tildando la insurreción institucional como golpe de Estado y rebelión violenta, sean los que más se desgañitan reclamando el reconomiento de Guaidó dejando de lado la legalidad. Legalidad que les trae sin cuidado también a los gobiernos autoritarios de Rusia, China, Irán o Turquía que saltaron rápidamente a renovar su apoyo al régimen para defender sus intereses económicos. Sin duda Maduro carece de la más mínima legitimidad democrática tras haberse saltado a la torera la propia Constitución bolivariana en múltiples ocasiones. Nadie sensato lo discute. Cuánto antes se pueda desmantelar el régimen bolivariano mejor para Venezuela. Es evidente. Pero una guerra civil sería todavía peor para el pueblo venezolano. Y reconocer a Guaidó no es solo una injerencia contraria al derecho internacional sino que agrava el riesgo de conflicto. Lo más democrático y sensato sigue siendo presionar al régimen diplomática y económicamente para que convoque nuevas elecciones con todas las garantías internacionales, incrementando las sanciones si es menester. No es cuestión de equidistancia entre Maduro y la oposición sino de mantener los principios democrácticos y de respeto al derecho internacional frente a los excesos de Trump y Bolsonaro y la indignidad de Putin y Erdogan.

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Apuntes sobre la Defensa Europea

LluisCamaprubí

Desde el final de la Guerra Fría la OTAN ha perdido su declarado sentido fundacional. Ignorando aquellas voces que sugerían su reformulación y transferencia en capacitación al sistema de Naciones Unidas, el hecho es que se ha vuelto cada vez más un dispositivo de la política exterior de Estados Unidos, tanto en su expansión con los nuevos miembros, como en la definición estratégica de prioridades y adversarios. Sigue leyendo

Un siglo de muros sin fin

Senyor_G

Estos días, leyendo en su primera parte a J.B Culla en su historia de Israel[1], cuando habla de un mundo previo a la primera guerra mundial “sin fronteras”, he recordado al mismo de los viajes iniciales (desertando) del periodista Eugeni Xammar. Una época donde era posible pasar fronteras y moverse por el mundo sin grandes problemas (con algún dinero quizás y siendo europeo occidental seguro). Desde esa guerra entre imperios, cualquier extranjero empezó a ser un posible espía, un futuro enemigo en el reparto del mundo entre blancos. Un mundo de blancos europeos, estamos por todas partes, aunque por el contrario mis bisabuelos y tatarabuelos no salieron de su provincia. Sigue leyendo

Desafíos y oportunidades

LBNL

Para la mayoría 2019 empieza hoy en serio. Bienvenido sea y ojalá consigamos convertir los varios y serios desafíos que se nos presentan en logros o, en su defecto, impedir que las peores amenazas se materialicen. Nos va mucho en ello. Por ejemplo, sería muy conveniente que las relaciones entre Estados Unidos y Rusia y China se estabilizaran. No se trata de ceder a la agresividad de Putin o de aceptar las prácticas comerciales ventajistas chinas. Pero la amenaza de guerra comercial global empieza a tener consecuencias negativas tangibles y la tensión nuclear se recrudece. Otro asunto tan importante como urgente es evitar a todo precio un Brexit sin acuerdo, pero todavía no está garantizado en absoluto. Frenar el ascenso de la ultra derecha en Europa es todavía más esencial: las próximas elecciones europeas podrían suponer un mazazo que cercene el proceso de integración europea tal y como lo conocemos. El mismo peligro tenemos en nuestra propia casa. El populismo independentista catalán podría arrastrarnos a una sucesión destructiva de confrontaciones institucionales, políticas e incluso sociales. Por no hablar de Vox, que plantea abiertamente la regresión democrática como solución a todos los males al más puro estilo Bolsonaro. ¿Y dónde queda la oportunidad lograr nada? Sigan leyendo.

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Incógnitas para 2019

LBNL

Seguimos de fiesta y al menos yo con muchos más interrogantes que respuestas, en parte por la dispersión propia de las fechas pero también por lo insospechado de la realidad, que se supera día a día sin que esté claro que algún día vayamos a volver a la “normalidad” o si, por el contrario, el caos creciente actual es, como dicen los anglosajones, un “new normal” destinado a perpetuarse o, a lo peor, a intensificarse.

Vayamos de menor a mayor:

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