Semana decisiva para la seguridad internacional

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El Presidente Macron llega hoy a EE.UU. para una visita de Estado a la que seguirá otra oficial de la Canciller Merkel el jueves. Ambos tratarán muchos temas con Trump y demás interlocutores norteamericanos, algunos de ellos puramente bilaterales, pero el tema central será el ultimatum estadounidense de retirarse del acuerdo para la suspensión del programa nuclear iraní si antes de l12 de mayo la Unión Europea no ha conseguido “corregir sus deficiencias”. Las designaciones de Pompeo como sucesor de Tyllerson como Secretario de Estado y, sobre todo, de Bolton como Consejero de Seguridad Nacional (el tercero ya en 16 meses de Trump), auguran poco éxito a la misión conjunta del eje franco-alemán que lidera la UE. Especialmente porque la Unión entiende que con el aval continuado del Organismo Internacional para la Energía Atómica (OIE) sobre el cumplimiento del acuerdo por parte de Irán y la negativa rotunda de este último a enmendar el acuerdo tan laboriosamente negociado durante años, no tiene ningún margen para “corregirlo”. Por eso los líderes europeos ofrecerán otras contrapartidas como mayor dureza contra Irán por su papel en Siria o más apoyo contra Siria si vuelve a utilizar armas químicas. Pero será igualmente importante lo que hablen sobre comercio internacional. El viernes la UE pegó fuerte cerrando un acuerdo de libre comercio con México. Y está afilando los cuchillos por si EE.UU. decidiera el próximo 1 de mayo incrementar las tarifas comerciales contra el acero europeo, suspendidas solo temporalmente.

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Castigo legítimo y necesario pese a Trump

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Como afirma la periodista Ana Navarro, seguramente Trump ordenó el bombardeo limitado de Siria para distraer la atención sobre sus crecientes problemas legales pero ello no invalida la legitimidad de la operación militar combinada con Reino Unido y Francia de la madrugada del sábado pasado para castigar al régimen de Asad por haber vuelto a utilizar armas químicas contra su población en Gouma el sábado 7 de abril. Occidente llevó el ataque al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas pero una vez más Rusia, que a finales del año pasado ya impidió la renovación del mecanismo de investigación conjunta internacional establecido para verificar el desarme químico sirio, vetó cualquier condena o iniciativa internacional. Occidente tenía solo dos opciones: no hacer nada en respeto escrupuloso de la legalidad internacional o interpretar que el uso de armas de destrucción masiva contra civiles no puede quedar impune. Occidente ya bombardeó Serbia sin autorización internacional a cuenta de la represión de Milosevic contra los kosovares. E invadió Iraq a cuenta de las armas nucleares que Sadam estaba supuestamente desarrollando. La invasión de Iraq fue un gravísimo error pero no tanto por la falta de autorización del Consejo de Seguridad sino porque se sabía que el programa nuclear de Sadám había sido completamente desmantelado varios años antes. En aquel momento EE.UU. mintió, a sabiendas, con el único apoyo de Tony Blair (y de Aznar, Berlusconi y los países de Europa del Este). El veto ruso o francés no fueron necesarios: no había mayoría en el Consejo de Seguridad a favor de la invasión. Asad no solo ha mentido conservando parte de su arsenal químico pese a haberse comprometido a desmantelarlo sino que lo ha vuelto a usar. No le podía salir gratis. Tampoco ha pretendio Occidente invadir el país (en puridad ni siquiera se invadió su espacio aéreo) y deponer al régimen. Rusia por supuesto ha denunciado el ataque como una grave violación de la legalidad internacional y ha advertido sobre las consecuencias desastrosas que tendrían más ataques. No hay de qué preocuparse. No activó sus defensas anti-aéreas, como tampoco lo hace cuando Israel bombardea objetivos iraníes o de Hezbolá en Siria, y es probable que por lo bajo esté muy satisfecha de que Asad, al que no consiguen controlar, reciba una advertencia seria: le hace mucho más dependiente de Rusia.

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Armas químicas otra vez

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Muy difícil ha sido resistir la tentación de escribir sobre el esperpento del falso Master de Cifuentes, jaleada sin rubor por la plana mayor del PP durante todo el fin de semana como antaño lo fueron Esperanza, Camps o Barberá – más dura será la caída – o sobre el grave revés sufrido en la lucha contra el pérfido independentismo catalán a cuenta del fallo judicial alemán, país tan alabado unánimemente cuando la detención de Puigdemont hace solo un par de semanas como denostado ahora por tantos en plena borrachera tertuliana. La mesura definitivamente no es lo nuestro.

Pero ahí fuera están pasando otras cosas bastante más graves. Particularmente el último bombardeo con armas químicas en Siria, que Occidente no puede dejar pasar sin más, especialmente teniendo en cuenta la reciente utilización de gas nervioso contra un ex espía ruso en Salisbury, Reino Unido. No está de más recordar que el uso de armas químicas está prohibido por el derecho internacional bajo cualquier circunstancia, como tampoco que las armas químicas son consideradas como Armas de Destrucción Masiva junto a las nucleares y las bacteriológicas. De ahí que nueve de los quince integrantes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, incluidos Francia, Reino Unido, Polonia, Suecia, Países Bajos y Estados Unidos, hayan convocado una discusión sobre el ataque hoy mismo.

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Israel no aprende

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¿Qué necesidad tenía Israel de volver a copar las portadas de los medios de comunicación del mundo informando de la más de una decena de palestinos muertos a balazos (al menos dos por tiro de tanque…) y cientos, quizás más de mil, heridos por manifestarse frente a la “valla” que separa Gaza de Israel? A la petición de una investigación independiente formulada por el Secretario General de la ONU y también por la Alta Representante de política exterior de la Unión Europea, el Primer Ministro de Israel y el portavoz de sus fuerzas armadas han respondido negando cualquier uso indiscriminado de la fuerza: los muertos y heridos lo fueron por amenazar la seguridad de Israel. A los videos de palestinos desarmados abatidos por disparos de los francotiradores israelíes responden que están sacados de contexto: no incluyen las acciones agresivas de dichos individuos con anterioridad a ser disparados. ¿Es necesario recordar que el uso de munición real contra civiles está prohibido por el derecho internacional? ¿O explicar que es desproporcionado matar a alguien que huye tras tirar un neumático ardiendo rodando contra la valla? Israel tiene todo el derecho del mundo a defenderse de ataques armados y del terrorismo y también de reprimir manifestaciones agresivas pero desde luego no tiene ningún derecho a disparar a mansalva a civiles desarmados que desoigan su advertencia de no acercarse a menos de 300 ó 500 metros de su “valla” de seguridad. Para eso están los cañones de agua, los gases lacrimógenos y las balas de goma. Es igualmente de sentido común que a Israel no le beneficia en absoluto aparecer como represor inhumano en los mismos días en que los cristianos recuerdan el martirio de Jesús cuya ejecución “por los judíos”, obviando su propia condición de tal, ha sido un elemento esencial del antisemitismo que tanto han padecido los judíos desde entonces.

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Cuidado que vienen curvas

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Como probablemente el suyo, ayer mi whatsapp ardió como en los momentos más álgidos del “procés”. La detención de Puigdemont en Alemania desató la creación de memes soeces e ingeniosos a partes iguales (el mejor a mi juicio el que explicaba que el destino del fugado a Waterloo lógicamente tenía que decidirlo la intervención prusiana). Es natural: el del flequillo se ha ganado la inquina – también de muchos indepes – con su continuada irresponsabilidad, cobardía y falta de conexión con la realidad. Y es lógico que todos nos alegremos con la detención de un fugado de la Justicia. Pero no hay motivos para la euforia, más bien al contrario, porque la lista de representantes democráticamente electos encarcelados no deja de crecer. Lo cual es una pésima noticia para España en términos de calidad democrática y también para la resolución a largo plazo del problema político catalán. Es la justicia, se arguye, pero no es exacto: se trata de una interpretación de la justicia que, en mi opinión, es excesivamente rigurosa y endeble.

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Intervención en el European Progressive Forum en Atenas, 17 de Marzo de 2018

Lluis Camprubí

A continuación publico una transcripción aproximada (editada y traducida) de mi intervención en el panel “Pilares de una nueva Europa” en el European Progressive Forum que tuvo lugar el pasado fin de semana en Atenas. Un espacio que pretende ser punto de encuentro y reflexión de las izquierdas plurales para trabajar unitariamente para ganar Europa: http://www.europeanprogressiveforum.net/ Sigue leyendo

Putin forever

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Como estaba previsto, Putin fue reelegido ayer Presidente de Rusia. A la hora de escribir estas líneas ya estaba garantizado el apoyo de más de un 70% de los electores y estaba por ver el porcentaje final de participación que había subido enórmemente en las últimas horas como relataba Pilar Bonet en El País mientras cerraban las urnas. No es de extrañar dado que las instrucciones del Kremlin eran claras: Putin debía recibir un 70% de los votos y la participación debía ser de un 70%. Ni más ni menos porque porcentajes más elevados darían pábulo a las acusaciones de fraude pero tampoco inferiores porque el Zar no puede aparecer como poco querido o ganador de unas elecciones que a nadie importan por su falta de credibilidad. Pero son datos para consumo interno, al más puro estilo soviético o maoista: es necesario que el discurso base para la propaganda sea coherente. Occidente y sus artificiosas instituciones internacionales, como el Consejo de Europa, no importan. Ya son anti-rusos de partida así que para qué esforzarse. A la madre Rusia le conviene un Presidente fuerte y conviene guardar las formas. Por ello se dejó fuera al único candidato que podría haberle afeado algo – no mucho – las cifras a Putin: Alexei Navalni fue acusado de fraude y en su lugar compitieron siete enanitos que jugaron a escenificar la pluralidad a cambio de diferentes prebendas. Prueba superada: Putin revalidado por otros seis años más al cabo de los cuales ya veremos cómo decide seguir garantizando el futuro de la madre patria eslava.

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¡Tutti a casa!

Arthur Mulligan

Dicho y hecho. La consigna del cómico italiano Beppe Grillo ha sido atendida por los electores, quienes en Italia y también en el resto de Europa están hartos de la retórica de la vieja clase política, recelan de las instituciones europeas que sienten elitistas y lejanas, tienen miedo de los movimientos migratorios y asumen a regañadientes que la globalización desnaturaliza su identidad y los emparenta a los nuevos parias que no solo no se benefician del crecimiento de la riqueza mundial sino que la globalización endurece su situación económica personal. Sigue leyendo

Manual contra el populismo

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El resultado de las elecciones italianas ha vuelto a poner sobre la mesa la urgente necesidad de encontrar una fórmula para atajar la amenaza creciente del populismo político que se está extendiendo por toda Europa. Recordemos que Cinco Estrellas fue el partido más votado y que la racista Lega le ganó la partida a Berlusconi dentro de la coalición de derechas. Y también que la ultraderecha austríaca ha llegado al gobierno tras cosechar un 20% de los votos, que la neonazi AfD consiguió un 13% de los votos y más de 90 diputados en el Bundestag, que Marine Le Pen fue la segunda candidata más votada en las elecciones presidenciales francesas, que el partido del xenófobo Wilders fue el segundo más votado en Países Bajos, y que en Hungría, Polonia, Chequia y Eslovaquia gobiernan partidos y/o líderes eminéntemente populistas. O el referendum del Brexit o, algo más lejos, la elección de Donald Trump en Estados Unidos. Es decir, el ascenso del populismo no está en duda. Para conseguir revertir esta peligrosísima tendencia es esencial diagnosticar bien la causa de la misma. En mi opinión, el origen principal del mal es clarísimo: son decenas de millones – probablemente más de un centenar – los europeos que viven peor de lo que lo hacían hace pocos años, que viven peor que sus padres en la segunda parte del siglo pasado y que tienen la fuerte sospecha de que sus hijos vivirán en condiciones aun más precarias.

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