El muy devoto y muy incompetente alcalde de Madrid

Carlos Hidalgo

Me han irritado sobremanera las expresiones de deleite místico de José Luis Martínez-Almeida Navascués León y Castillo, alcalde de la muy infausta villa de Madrid, en el encuentro con el Papa en Cibeles, bien cerquita de su despacho.

Madrid estos días está cortada de arriba abajo. Por las obras que el poco previsor Almeida ha tenido a bien situar en puntos estratégicos de la ciudad, por las medidas de seguridad para los desplazamientos y actos del Papa y sin alternativas. No hay refuerzos en autobuses, no hay apenas refuerzos en el metro, se han cortado líneas enteras de la EMT pero, eso sí, se han puesto banderitas vaticanas a todos los buses y los primeros 30 minutos de Bicimad salen gratis. Si es que es consigues encontrar una bicicleta que no esté destrozada y te animas a pedalear por asfalto a 35 grados.

Esperanza Aguirre, que fue la persona que le apadrinó en política, solía mortificarle en público. “A Pepelu no le gusta trabajar”, “vamos a preguntar esto a Pepelu, que no tiene principios”, “Pepelu no dice la verdad ni equivocándose”. Y el entonces joven Almeida sonreía, riendo las humillaciones de la que fue su jefa.

El caso es que, opiniones de la muy antipática Aguirre aparte, Almeida es un alcalde desastroso. Bajo su mando Madrid está más sucia que nunca, atascada como no se veía desde los años 90 y con todo lo que depende del Ayuntamiento cayéndose a pedazos ante la complaciente mirada del alcalde que está encantado de conocerse.

En este Madrid en el que alcalde se encarga de exterminar árboles con cualquier excusa, los colegios públicos, cuyo mantenimiento e instalaciones dependen del ayuntamiento, alcanzan temperaturas que superan los 30 grados, poniendo en peligro la salud de niños y profesores, mientras que, en los plenos, el PP despotrica de la AEMET y dice que siempre han hecho casi 40 grados en mayo.

Almeida, que no desea que las empresas concesionarias de servicios públicos cumplan con sus cometidos. Las que tienen que mantener los parques no lo hacen, las que tienen que reparar el mobiliario urbano nunca ven los desperfectos. Las que se encargan de la limpieza de los colegios y guarderías encogen los metros cuadrados que tienen que limpiar y no pasa absolutamente nada. Hasta tal extremo la corporación de Almeida protege a las contratas, que cuando una guardería pública se quedó sin calefacción y agua caliente en pleno febrero, la junta municipal se aseguró de que desaparecieran las pilas de los termostatos, para que nadie acusara a la contrata de que no se cumplían las condiciones de confort térmico en el contrato que el propio Ayuntamiento había suscrito con ellos. Que hubiera bebés de 0 a 3 años azules de frío era y es alfo secundario para la visión del alcalde Almeida, sea esta la que sea.

Cuando se le preguntó al alcalde cuál era su plan para abordar el problema de la vivienda en Madrid, su orgullosa respuesta fue: “ninguno”. Y efectivamente, las medidas contra el sinhogarismo en Madrid son encoger los bancos para que nadie pueda dormir sobre ellos, restar recursos a los albergues y poner las viviendas públicas a precios de mercado, esto es: igual de caras que si fueran privadas.

Algo parecido ocurre con las unidades de asuntos sociales encargadas de combatir el absentismo escolar, la violencia de género o las situaciones de riesgo de pobreza. Todas ellas están subcontratadas a fundaciones, algunas de ellas muy rancias, muy opusinas y de muy invisible actividad, mientras que el ufano y dicharachero alcalde no ha tenido problemas en encontrar recursos para abrir una oficina “antiokupación”.

Martínez-Almeida se gana a pulso el ser el peor alcalde de Madrid, paradójicamente por seguir la máxima de toda su vida de hacer el menos esfuerzo posible.

Y al ver su místico gozo ante las canciones del grupo de pop cristiano “Hakuna”, me dieron ganas de recordarle a los niños que hoy mismo se asarán de calor en sus colegios y que Jesús dijo que a aquel que perjudicara a los pequeños, más le valdría atarse una piedra de molino al cuello y tirarse a un río. No es que me apetezca particularmente que el alcalde aplique la bíblica sentencia, pero no estaría mal si empezara a cumplir con alguna de sus obligaciones.

El sistema educativo en la encrucijada

David Rodriguez Albert

Esta primavera estamos viviendo las movilizaciones educativas más importantes de nuestra historia reciente, especialmente en Catalunya y en el País Valencià. Más allá de las razones concretas y de las negociaciones específicas que están teniendo lugar, el malestar del personal educativo tiene motivaciones muy profundas que me gustaría analizar en este artículo, partiendo del caso catalán, que probablemente sea en buena medida extrapolable a otros territorios del Estado.

En los últimos años, se ha producido un fuerte aumento del número de alumnos identificados con necesidades específicas de apoyo educativo (NESE) en Catalunya. Las cifras oficiales muestran que se ha pasado de alrededor de 156.000 alumnos en 2019-2020 a más de 330.000 en 2024-2025, lo que supone un crecimiento superior al 100% en apenas cinco años. Este incremento no se explica únicamente por un aumento de trastornos o discapacidades. De hecho, la mayor parte del alumnado NESE actual corresponde a situaciones de vulnerabilidad socioeconómica. Aproximadamente, el 85% de los casos identificados pertenecen a esta categoría, mientras que una proporción mucho menor está relacionada con trastornos del desarrollo, discapacidades o necesidades educativas especiales de carácter clínico.

Estos datos ponen de manifiesto que el sistema educativo se ha tensionado de manera notable, y más en un contexto de recortes en el presupuesto público que venimos arrastrando desde hace casi dos décadas. En Catalunya, el gobierno ultraliberal de Artur Mas fue especialmente agresivo en su ataque contra los servicios públicos, pero otras fuerzas políticas, en mayor o menor medida, han ejecutado medidas austericidas en diferentes comunidades autónomas. Por consiguiente, se han limitado enormemente los recursos justo en el momento en que resulta más urgente y necesario atender a la diversidad creciente en nuestras aulas.

De hecho, son dos caras de una misma moneda. El estallido de los mercados financieros y la gran crisis que eclosionó en el 2008 contribuyó a incrementar de manera progresiva la pobreza infantil y las desigualdades sociales. Esto no generó directamente más trastornos, pero sí aumentó el número de alumnos con necesidades derivadas de situaciones económicas y familiares vulnerables. A su vez, la pandemia de la COVID-19 actuó como acelerador de problemas ya existentes, e incrementó las dificultades emocionales, los problemas de salud mental, los retrasos en el aprendizaje y una mayor visibilización de necesidades que antes podían pasar desapercibidas.

Siempre hay docentes o sindicatos cuya principal proclama se queda en el salario, pero esto no refleja el motivo central del malestar acumulado durante años de inacción en las políticas educativas. Algunos gobiernos han intentado desviar la atención de los verdaderos problemas en las aulas, predicando los mantras de la innovación y las competencias como elementos mágicos que iban a llevarnos a una especie de paraíso en resultados educativos. Pero nada más lejos de una realidad en la que el profesorado se encuentra desbordado por una situación insostenible. La falta de recursos y el aumento de la complejidad en las aulas van acompañados de una enorme ineficacia burocrática, y todo ello provoca una sobrecarga de trabajo que genera ansiedad, frustración y desmotivación creciente. El profesorado tan solo quiere ejercer con una cierta dignidad y atender al conjunto del alumnado como se merece. 

Hemos de evitar y combatir los discursos injustos y simplistas de algunas supuestas autoridades universitarias que claman porque dicen recibir a jóvenes cada vez peor preparados, responsabilizando de ello a la presunta inoperancia de las docentes. Muchos de ellos no denuncian, sin embargo, el aumento de las desigualdades y de las necesidades educativas especiales, ni los recortes presupuestarios que, por cierto, algunos de estos voceros han auspiciado desde algunas de sus cátedras.

Más allá de cómo finalicen las movilizaciones de este curso, la situación es crítica desde un punto de vista estructural, y requiere de una dotación de recursos muy superior a la actual y en consonancia con la media de la Unión Europea. La tarea es de largo recorrido, afecta a otras parcelas de nuestro frágil Estado del Bienestar, y la solución pasa necesariamente por algo que tantas veces propone la izquierda, pero que siempre se queda bastante a medias: una reforma fiscal progresiva que aumente sustancialmente la recaudación y permita a nuestros jóvenes ser educados de manera digna, en coherencia con lo que debería ser una democracia socialmente avanzada.

Cuidado con los fans

Carlos Hidalgo

Desde que Pedro Sánchez volvió a la secretaría general del PSOE, tras la crisis del partido que desembocó en su dimisión, una gestora y unas primarias en las que se impuso nuevamente, sus equipos han atravesado varias fases. Primero compuso una ejecutiva y un gobierno compuesto por sus fans incondicionales en las primarias; gente que, en su mayoría, estaba en los márgenes del partido o en segunda línea y que tras la resurrección política de Sánchez tuvieron la oportunidad de desempeñar cargos de responsabilidad. El paso del tiempo, los roces entre ellos y las exigencias de ejercer el gobierno hicieron que Sánchez fuera relegando a muchos de los que llegaron con él al poder y que reclutara a gente que no se había posicionado tan ciegamente con él. Y al final, muchos de los “primeros pedristas” han terminado de irse, ya fuera por pérdida de confianza o por estar involucrados en alguno de los casos que acosan hoy al PSOE, especialmente el roto que han hecho a la credibilidad de los socialistas José Luis Ábalos y Santos Cerdán, ambos habiendo ejercido la máxima responsabilidad orgánica del PSOE por detrás de su secretario general: la secretaría de organización.

Leire Díez es de los pedristas “pata negra”. Aunque se define como periodista, es imposible encontrar nada que haya publicado en las hemerotecas. Pero sí que se vendía como tal. Y vaya que si se vendía. Leire era una presencia permanente en cualquier acto del Partido Socialista de Euskadi y el de Cantabria, siempre ofreciéndose a hacer cosas, siempre presentándose como experta en comunicación e increíblemente activa en redes. Cuando Patxi López fue Lehendakari, Leire se había ofrecido día sí y día también al PSE para hacer “acciones en redes” y crear cuentas falsas desde las que atacar al PNV, acciones que la responsable de comunicación de entonces rechazó con buen criterio, pues siempre suelen detectarse.

Sea como fuere, el PSOE de entonces atendía con amabilidad las peticiones de Díez pero trataba de no otorgarle excesiva responsabilidad, excepto cuando fue responsable de comunicación del PSOE de Cantabria en uno de sus peores momentos.

Todo esto cambió en los tiempos de la Gestora. Díez era parte del conocido como “equipo Sugus” o “equipo B” de la candidatura de Sánchez, dedicado a insultar y a señalar con el dedo a otros compañeros de partido, ya fuera con sus nombres verdaderos o con cuentas falsas. Curiosamente, en ese equipo estaba también René Perle, que sería luego la asistente de Ábalos, incluso cuando este fue expulsado del grupo socialista y suspendido de militancia.

A Díez se le recompensó con tareas en el equipo de redes del PSOE, hasta que este equipo se profesionalizó con la llegada de una excelente periodista proveniente de Mediaset. Y luego con cargos en diferentes empresas públicas, siendo el último de ellos en Correos, cuando es cesada con la llegada del incorruptible Pedro Saura, que ya había sufrido (y denunciado) los modos y tretas de Koldo, Ábalos y Cerdán cuando estaba en el Ministerio de Fomento.

Leire se ve obligada a reinventarse, como decimos todos ahora cuando nos quedamos en el paro. Así que parece que, usando su condición de persona de inconmovible lealtad, acude a Santos Cerdán con la idea de organizar un contraataque ante la ofensiva que los socialistas percibían con determinadas acciones judiciales, especialmente la lamentable instrucción del Juez Peinado del llamado “caso Begoña”.

Santos Cerdán, demostrando poco criterio y posiblemente el nivel de agobio que sentía por las riñas de un presidente que se quejaba de que no se le defendía lo suficiente, acepta la propuesta y es cuando se pone en marcha toda la esperpéntica operación de la cual nos vamos enterando estos días.

Cuando este caso salió, mientras que el PSOE se defendía diciendo que Díez era una fantasiosa, al estilo del llamado “Pequeño Nicolás”, yo expresé mis temores de que este caso se pareciera más al llamado “Caso Carromero”, en el que un fontanero de Nuevas Generaciones del PP fue mandado a Cuba en misión de rescate de un opositor al que acabó matando en un accidente de automóvil.

Leer las transcripciones de las grabaciones que le hicieron a Díez provoca muchísima vergüenza. Primero, porque a la interesada ni se le pasa por la cabeza que alguien la pudiera grabar, cuando resulta que casi todo el mundo lo hizo. Y luego sus bravatas, sus promesas y sus insinuaciones, pretendiendo pasar por sutil, no revelan a una persona que esté ni remotamente preparada para desempeñar la misión que ella pretendía cumplir, sea esta la que fuere. Si era como periodista de investigación que pretende escribir un libro, como ella defiende, es bastante poco profesional que sea ella la grabada en lugar de quien porta la grabadora y la libreta. Si es como agente secreta que desempeña una misión para defender a su partido, demuestra una bochornosa falta de prudencia y de sutileza a la hora de tratar con sus contactos.

Este caso es la enésima demostración de que los buenos fans no son necesariamente buenos colaboradores. Más bien lo contrario.

En la refriega

Juanjo Cáceres

“Existe la posibilidad de que todo quede en nada”, se dice a sí mismo Pedro mientras revisa la prensa matinal en el bar Cortinas, un lugar inmejorable para desayunar y no inferior a una biblioteca como punto de acceso y consulta de las principales cabeceras de la tan añorada prensa en papel.

Tras revisar los titulares y algunos artículos de los apartados nacionales de “El País”, apura su café con leche y sale a la calle a la búsqueda de un taxi, que no tarda mucho en detenerse frente a él. “Al Congreso de los Diputados”, indica al taxista, que dos segundos después pone en marcha su taxímetro, a fin de conseguir el mayor ingreso posible de esta carrera.

Llegado a su destino, accede a un viejo edificio situado a poco más de 50 metros de donde le ha dejado el vehículo y abre una puerta situada en la tercera planta, a la que ha accedido tras subir, sin esfuerzo alguno, por una estrecha escalera. Nada más entrar comprueba que tres personas trabajan incesantemente en la preparación de la sesión de hoy: Félix, colaborador, amigo y confidente; Carlos, de profesión economista, y Óscar, colega y compañero de fatigas.

  • Empecemos – sugiere Pedro nada más entrar. – A ver cómo se nos da hoy esta partida de mus.
  • ¡Yo voy con Pedro! – señala Félix situándose frente a él.

Carlos y Óscar forman así la otra pareja. Antes de sentarse, Félix enciende el televisor, desde donde empieza a oírse la tertulia de “Al rojo vivo”. Una tertulia que en ese momento profundiza, reitera y, sobre todo, da vueltas en círculos a los hechos conocidos la semana anterior sobre la investigación del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero y sobre el registro de la sede del PSOE por la UDEF.

  • ¡No sé si el Perro se va a librar de esta! – asegura Pedro mientras escucha a Ferreras hacer como que se echa las manos a la cabeza ante todo lo acontecido.
  • Yo creo que el Perro tendría que dar la batalla – confirma Óscar, mientras lanza una seña cerrando los ojos.
  • Mus – dice Pedro.
  • El problema no es él, sino el PSOE. También soy mus – afirma Óscar.
  • ¡Mus! – añade Félix.
  • Pues yo corto el mus y envido a grande – afirma con vehemencia Carlos. – Es sorprendente todo esto, teniendo en cuenta el buen estado de nuestra economía y los buenos datos de nuestra recaudación tributaria, que ha reducido nuestra deuda soberana a la mínima expresión. Órdago a grande.

Sin que ningún otro de los jugadores ejerza el turno de réplica, Carlos domina todos los lances y sitúa a su equipo por delante con un buen botín de puntos.

  • Has estado algo frío en esta ronda, Pedro – señala Félix, con gesto de cierta preocupación. – Te noto demasiado pensativo.
  • La reflexión de Carlos se ha quedado dando vueltas en mi cabeza, Félix, por lo paradójico que es vivir en el mejor de los tiempos y a la vez en el peor de los tiempos. Las palabras de Dickens vienen una y otra vez a mí, atrapado como me siento en una época en la que seguimos allí, pero que tal vez ya no es la nuestra.
  • Todos hemos pensado eso alguna vez pero queda mucha tela que cortar todavía y mucho que repartir – asegura Óscar. – Por cierto, ¿repartes, Carlos?
  • ¡Voy! – responde.

Y las cartas caen de nuevo sobre ese viejo tapete que tantas veces les ha unido anteriormente, estableciendo entre ellos un vínculo estrecho y solidario.

  • ¡Gracias, Carlos! – contesta Óscar mientras las recoge con rapidez. – Ahora era yo el que pensaba en tus palabras y la verdad es que creo que hemos perdido un poco el rumbo. Entre pantallas, engaños, medias verdades y dar vueltas a las cosas sin parar, acabamos haciendo un drama de todo, nos perdemos en hechos que no han sido probados y, entretanto, olvidamos lo bien que estamos. Yo creo que justamente es eso lo que muchos quieren. ¡Hay que saber reaccionar! ¡Hay que ser más valiente! ¡Hay que salir ahí y decir de una vez las cosas por su nombre y contestar a tanta desvergüenza! De momento soy mus.
  • Yo tengo compañero – manifiesta Félix. – Y estoy de acuerdo contigo, Óscar, en que, si además de que la prensa te pone fino, ofreces la otra mejilla, lo más probable es que acabes con la cara como un tomate. Pero si devuelves el golpe, todo deriva en una reyerta interminable y nos convertimos en espectadores permanentes de una pelea infinita.
  • ¡Mus! – anuncia Carlos.
  • Pues yo voy a envidar a grande – adelanta Pedro – y te voy a decir, Félix, que creo que tu conclusión es muy pertinente. Al final el escenario que se acaba dibujando no solo construye lo que vemos, sino también lo que pensamos y como percibimos la realidad.
  • Una realidad económica magnífica, marcada por el superávit, pero completamente relegada a un tercer plano – insiste Carlos. – Las veo y 15 más.
  • ¡Madre mía, pues no voy a ir, Carlos! – responde Pedro. – Entre las cartas que llevo y el mal cuerpo que se me está poniendo entre la lectura de la mañana y las voces de los tertulianos, me entran ganas de tirar la toalla.
  • ¡No te rindas, Pedro! – exclama Félix.
  • ¡La rendición siempre es una debilidad! – sentencia Óscar.
  • La vida es como la economía, Pedro. Aunque vayas perdiendo, siempre hay un indicador sobre el que impulsarte de nuevo – expone Carlos.

Los tres observan con atención a Pedro, quien se mantiene con la cabeza baja y la mirada concentrada en las cartas.

  • ¿Sabéis que os digo?  Que tenéis razón, así que se acabó. ¡Órdago a chica! – grita Pedro.
  • ¡Lo veo! ¡Lo veo! – responde Carlos. A continuación dobla su mano para mostrar tres ases. – ¡Cómo te he pillado, Pedro!
  • No amigo, has caído tú —revela Pedro sorprendentemente. Y con una leve sonrisa y una lentitud exasperante deja deslizarse una a una sus cartas sobre la mesa, exhibiendo así nada menos que cuatro ases.
  • ¡En fin! ¡Como habéis caído! Siempre os pasa igual. ¡Hago como que flojeo un poco y ya pensáis que me tenéis, cuando en realidad mi única duda era si ganaros a Chica o a Pares!
  • Vaya liante. ¡Eres el mejor, Pedro! – celebra Félix.
  • ¡Cómo has picado, Carlos! ¡Así va el país! ¡Y luego dices que todo va bien! – lamenta Óscar.
  • Pues mira, Óscar, el caso es que sí, que la partida es como el país – responde Carlos. – Un mal dato o movimiento no justifica necesariamente cuestionar el estado general de la misma.
  • ¡Pero si vamos perdiendo con claridad! – grita Óscar.

Es entonces cuando Pedro decide intervenir de nuevo, sin poner esfuerzo alguno en disimular su enorme satisfacción.

  • El mus nos enseña, Óscar, que a veces cuando vas ganando, parece que vas perdiendo, y cuando vas perdiendo, parece que vas ganando. Lo importante es que resistir en medio de la vorágine no se convierta en un acto desesperado, sino en un acto verdaderamente identitario. Hay que hacer de la resistencia una característica propia y también hay que esperar el momento más adecuado para hacer de la fuerza que nace de ese espíritu de resistencia un auténtico ariete. Es por ello por lo que absolutamente todo el mundo, antes de que llegue su final, puede acabar encontrando su gran oportunidad. ¡Venga! ¡Reparte Félix, que seguro que todos esos que están en el edificio de aquí al lado dando voces no se lo pasan tan bien como nosotros!

Y una enorme carcajada resuena por toda la estancia.

¡Zapatero corrupto!

LBNL

El ruido de las portadas y el griterío de las tertulias es ensordecedor, al albur de un auto judicial basado en un informe policial, que han venido ambos a “demostrar” lo que la derecha ha venido denunciando desde hace años: Zapatero es un corrupto de tomo y lomo que ha defendido la dictadura bolivariana para lucrarse inmensamente con ello, incluida una mina de oro en Venezuela, numerosas propiedades inmobiliarios, etc.

Vaya por delante que si Zapatero se ha corrompido seré el primero en apoyar que salde sus cuentas con la Justicia como todo hijo de vecino, aunque seguramente me queje amargamente de que otros se hayan ido de rositas. Pero nunca diré que dada la doble vara de medir, “los nuestros” deberían también salir impunes.

Pero para que Zapatero sea corrupto tiene que haber participado en un delito. ¿Qué delito? Cualquiera pero del que se le acusa es el de haber dirigido una organización criminal que se ha lucrado con el rescate gubernamental de la aerolínea hispano-venezolana Plus Ultra. Ahora bien, el rescate de Plus Ultra ya había sido objeto de resoluciones judiciales que indicaban que no había ningún indicio de irregularidades en la decisión gubernamental. Sin embargo, posteriormente han surgido nuevas informaciones que apuntan a que los directivos de Plus Ultra que recibieron el rescate movieron el dinero de aquí para allá de forma al menos sospechosa y pueden haber cometido delitos como el de blanqueo de capitales. Ni siquiera los más osados acusan a Zapatero de tener algo que ver con dichos movimientos.

Pero parece que además, los directivos firmaron un contrato para pagarle una comisión de un 1% a “Julito”, un conseguidor armadanzas que se había hecho amigo de Zapatero en años anteriores. Y que, como está admitido por el propio Zapatero, montó una sociedad mercantil a través de la cual se le encargaron una serie de informes por los que facturó una cantidad de entre 400 y 500 mil euros desde 2020 a 2025, es decir, a razón de 80 a 100 mil euros anuales, es decir, entre 6 y 8 mil euros mensuales brutos. Todos ellos declarados religiosamente por Zapatero a Hacienda en concepto de IRPF. Por los datos que se conocen, parece que, además, la empresa de las hijas de Zapatero facturó unos 800 mil euros adicionales durante el mismo periodo, por actividades relacionadas con las actividades de su padre, es decir unos 160 mil euros anuales, es decir, 13 mil euros mensuales brutos. Podría ser que dichas cantidades sean desproporcionadas – es decir, estar por encima del precio de mercado – para las prestaciones realizadas por dicha empresa, en las que por lo que yo sé el Auto judicial no entra en detalle. Pero ni los más osados niegan que la empresa de las hijas es una sociedad con actividad real y con las cuentas con Hacienda al día.

Recapitulando, incluso en el supuesto de que Zapatero, que figuraba como apoderado en las cuentas bancarias personales de sus dos hijas, hubiera sido el beneficiario de todo los ingresos relacionados con sus actividades profesionales, estamos hablando de una cantidad de alrededor de 20 mil euros mensuales brutos, de los que habría que descontar lo cotizado por él mismo en concepto de IRPF y lo que hayan debido tributar por el Impuesto de sociedades la empresa de sus hijas y ellas mismas por sus salarios en dicha empresa.

Hay una diferencia sustancial entre los dos millones de euros que se dice que cobró Zapatero por su liderazgo de una organización criminal con los 12 mil euros mensuales netos que parecen haber ingresado Zapatero y sus hijas durante los últimos años. Y no olvidemos que Zapatero renunció al Consejo de Estado y salario asociado precisamente para poder prestar servicios profesionales libremente.

Volvamos a lo del liderazgo de la organización criminal. Aun asumiendo que el tal “Julito” haya cobrado un 1% del rescate de Plus Ultra (algo más de medio millón de euros), dado que los tribunales no han encontrado hasta ahora ningún indicio de que su concesión haya sido objeto de tráfico de influencias o cohecho, no parece que dicha comisión sea delictiva en sí misma, con independencia de que haya sido declarada correctamente desde el punto de vista fiscal. Pero la acusación contra Zapatero parte de la base de que él se repartió con el tal “Julito” – o se llevó la parte del león – de dicha comisión.

Por su parte, Zapatero asegura que él no hizo ninguna gestión ante ninguna autoridad sobre el rescate de Plus Ultra y que por supuesto no cobró nada por actividades que no realizó. La UDEF en cambio sospecha que sí lo hizo a partir de las transferencias recibidas, deduciendo que las actividades profesionales de Zapatero y las de la empresa de sus hijas son ficticias. Y el juez de instrucción, como también la fiscal de caso, asumen íntegramente dicha sospecha por más que no haya ninguna prueba al respecto. Sí parece haber rastros de múltiples conversaciones entre terceros relacionados con Plus Ultra sobre la necesidad de involucrar a Zapatero en la operación. Y también sobre la posible constitución de una sociedad mercantil en Dubai por parte del tal “Julito” que se sospecha pudiera servir para recibir los fondos de la comisión de forma opaca en el extranjero. A este respecto, el vocerío mediático “informó” de que había “correos” de la secretaria personal de Zapatero a un colaborador de “Julito” que confirmaban la voluntad de Zapatero de participar en dicha mercantil en Dubai. Pero cuando se levantó el secreto del sumario ayer quedó patente que el único correo relevante de la secretaria de Zapatero es uno en el que confirma la reserva de una mesa para comer Zapatero y el ínclito “Julito” en un restaurante de Madrid sobre las mismas fechas. De lo que se deduce que acordaron la constitución de la sociedad en la comida. Pero no hay ninguna prueba al respecto. Se desconoce también si la mercantil en Dubai llegó a constituirse y todavía más si ingresó la comisión del 1% por Plus Ultra. Y por supuesto no hay ninguna prueba, siquiera indicio real, de que Zapatero haya finalmente participado en dicha sociedad, si es que se llegó a constituir.

Por lo que parece de recibo volver a preguntar ¿qué delito?

Sigamos con los indicios. Parece que hay correos y otros indicios – en concreto una Letter of Intent de una empresa china – de que Zapatero pudiera haber mediado para una compra de petróleo venezolano por parte de la susodicha empresa. Ignoro si medió o no pero por lo que he podido leer de la documentación del caso, no he encontrado tampoco ningún indicio de que así haya sido. Pero en todo caso, tal intermediación sería perfectamente legal y lo único relevante sería que hubiera ingresos no declarados. Pero tampoco hay ningún indicio que Zapatero recibiera ningún ingreso de manera opaca, ni en España ni fuera.

Luego está la hipoteca de medio millón de euros que canceló anticipadamente once meses después de comprar un terreno en Madrid. Es decir, que dicho terreno se compró en 2024 con una hipoteca lo cual es extraño dados los ingresos desmesurados que Zapatero llevaba años recibiendo por sus actividades corruptas, incluida la pasta que debía haber recibido por su parte de la comisión por el rescate de Plus Ultra, que recordemos tuvo lugar a principios de 2021. Pero es que, además, la cancelación anticipada de la hipoteca tuvo lugar después de que Zapatero y su esposa vendieran su chalé de Aravaca, yéndose a vivir de alquiler. Es decir, de nuevo ¿qué delito?

Y finalmente están las joyas encontradas en la caja fuerte “oculta” del despacho de Zapatero. Dejando de lado que no conozco ninguna caja fuerte que no esté oculta, podría tener sentido que al vender su chalé e irse a una casa de alquiler que no tuviera caja fuerte, la pareja decidiera aprovechar la caja fuerte del despacho de él para custodiar sus joyas. En cuanto a su origen, la secretaria de Zapatero declaró cuando el registro policial que provienen de herencias familiares y regalos de viajes. Dichos regalos son ilegales mientras se tiene un cargo oficial pero no si no se tiene así que de nuevo, ¿qué delito?

Repito, si Zapatero cometió algún delito, deberá pagar por ello, como también su mujer, sus hijas o su secretaria, como todo hijo de vecino. Pero mientras no se sustancie ninguna acusación, no solo prima la presunción de inocencia de todos ellos sino que parece que estemos asistiendo a una quema pública inquisitorial de alguien que molesta políticamente. Con el evidente propósito de anularle políticamente y asestar un golpe a la línea de flotación del Gobierno de Pedro Sánchez, verdadero objetivo de la operación, por lo que no es de extrañar que el foco haya pasado a su necesidad imperiosa de convocar elecciones sin dilación, no vaya a ser que el ruido y la confusión se disipen cuando emerjan los hechos y Zapatero salga indemne de todas las acusaciones.

Difícil de creer

Carlos Hidalgo

Conocí a José Luis Rodríguez Zapatero en el año 2001, cuando llevaba pocos meses como secretario general. Yo era camarero en un restaurante para pagarme los estudios y tenía problemas para aprobar la asignatura de Derecho del Trabajo debido a la gran distancia que existe entre la ley y la realidad del mundo laboral, en el cual yo ya llevaba inmerso casi diez años. Como era el único trabajador que se había leído el Estatuto de los Trabajadores y el convenio de hostelería de Madrid, tenía fama de alborotador izquierdista y cuando Zapatero y su familia aparecieron en la puerta del restaurante, el encargado consideró una muestra de humor el asignarme su mesa. “Este es el camarero más socialista que tenemos”, les dijo. Zapatero se lo tomó en serio y me preguntó si yo era “compañero”, a lo que respondí que no, pero que me sentía bien representado por él, al no ser el candidato oficial del “guerrismo” (lo fue Matilde Fernández) o del “felipismo” (lo fue Pepe Bono).

Desde entonces, siempre que venía al restaurante, cada dos o tres semanas, acompañado de su familia y de la del que el que era su jefe de gabinete entonces, José Andrés Torres Mora, yo era el encargado de atenderles y ellos aprovechaban para conversar conmigo. Esta dinámica duró hasta que fue presidente del Gobierno y lo que puedo recordar de entonces es que es Zapatero nunca se dejó invitar a nada, ni a café, ni a postres, ni a chupitos. Nunca, además ponía cara de indignación y de sorpresa cuando se le ofrecía. Recuerdo que pagaba las comidas de su bolsillo. Las suyas y las de sus guardaespaldas, unos policías nacionales que me pedían que les hiciera la factura igualmente para pasarla como gastos.

Una vez pidió costillas a la barbacoa y como estas son bastante resbaladizas, se manchó la camisa. Siguiendo la política de la empresa, además de proporcionarle quitamanchas, le ofrecí que nos pasara la factura del tinte. No era trato especial, se hacía con todo el mundo, fuera famoso o no. Zapatero me miró con los ojos muy abiertos y me dijo, “no, por favor, ha sido culpa mía y no puedo consentirlo”. Y aunque le aseguré que no le estábamos dando ninguna clase de trato especial, no dio su brazo a torcer.

Pasado el tiempo nuestros caminos se han cruzado alguna que otra vez y si bien he mantenido una relación más cercana con José Andrés Torres Mora (que merece que se escriba mucho y muy bien de él), cada vez que Zapatero me ha visto, ha sacado, aunque fueran unos segundos para preguntarme qué tal todo, conversar y ponernos al día.

La última vez que nos vimos fue hace siete años, tomando un largo café en un hotel del centro de Madrid. Hablamos un poco de todo, de nuestras familias, de cómo estaba el mundo y le invité a su cigarrillo del día. Desde que dejó de fumar, solo fuma (o fumaba) un cigarrillo al día. Yo, que fumo diez al menos y soy incapaz de dejarlo, le pregunté que cómo era capaz. “A veces tengo la impresión de que tienes la disciplina de un monje budista”. Y él se rio, respondiendo que él simplemente era de esa manera.

No puedo presumir de tener muchas cosas en común con Felipe González o Javier Solana, pero coincido con ellos en que no reconozco a José Luis Rodríguez Zapatero en el auto de 90 páginas del juez Calama en el que se detalla por qué se le investiga y lo averiguado hasta el momento.

Sin ser íntimo de él, es fácil saber que hay cosas que le obsesionan, pero que el dinero nunca ha sido una de ellas. Sí que lo es el hacer lo correcto. Pocas personas se comportan en privado de la misma manera que lo hacen en público, pero Zapatero es así. Y tiene cosas como no consentir el machismo, la maledicencia o el humor negro ni siquiera en privado. La impresión que yo tengo y que siempre he tenido de él es la de una persona que vive absolutamente de acuerdo a sus ideas, hasta el punto de resultar desconcertante o irritante en ocasiones. Y que incluso en algunas de sus acciones más polémicas, como la mediación entre el régimen chavista y la oposición venezolana (solicitada por ambas partes, recordemos), lo hacía convencido de estar haciendo lo correcto y de mejorar las cosas, aunque todo ello supusiera su desprestigio personal o que ambas partes, acostumbradas a jugar sucio entre ellas, lo usaran como arma arrojadiza o le culpasen de su falta de voluntad para negociar seriamente.

Zapatero no es, ni ha sido nunca perfecto. Comete errores de juicio, a veces se pasa de optimista, en ocasiones muestra de manera muy fría la frialdad que ha de tener la gente de su posición o ha dejado caer a personas valiosas para lograr ese principio de que en política a veces debes lograr ineficiencia para conseguir paz. Pero sí extremadamente coherente. No he visto nunca en él el ansia de asegurarse recursos, de hacerse rico o de robar protagonismo. Es más, lo veo incompatible con su manera de ser.

No sé qué más seguirá filtrándose estos días, ni que escandalosos indicios nos querrá ofrecer la policía con el material que les ha sido proporcionado por Homeland Investigations, esa rama del ICE que ha facilitado información al Cuerpo Nacional de Policía para la investigación.

Lo que sí que tengo claro es que me resulta muy difícil de creer lo que veo en los titulares y que espero que el tiempo y el propio Zapatero, con su inhumana cabezonería, lo aclaren.

En la catarsis

Juanjo Cáceres

“La sensación de que algunas cosas que pueden pasar acabarán sucediendo no debería ser un motivo para no oponerse a ellas y por eso hemos hecho un esfuerzo titánico en esta campaña”, exclama Leo en su turno de intervención. Un turno breve, de escasos minutos de duración, que transcurre rodeado de más de un centenar de personas distribuidas en la pantalla de su ordenador. Ha tenido que esperar más de dos horas para conseguir tomar la palabra y empieza así su intervención, rodeado de individuos con la cabeza bajada, que parecen más pendientes de lo que ocurre en su dispositivo móvil que de sus palabras iniciales.

“Estaremos de acuerdo, compañeras y compañeros, en que estos no son los resultados que deseábamos, pero tampoco peores de lo que esperábamos. Hay que agradecer a la dirección del partido y, en particular, a la dirección de campaña, la autocrítica que han hecho, pero no debemos confundir el reconocimiento de que las cosas no han ido bien y de las responsabilidades por el resultado final, con la culpabilidad. Porque, en todo caso, tan responsable es de la evolución de nuestro partido esta dirección, como lo es el último de los militantes”.

Se detiene para respirar y reflexionar durante dos segundos sobre esa última afirmación. ¿Realmente somos todos igual de culpables o los hay más culpables que otros? ¿No son estas palabras propias de alguien que prefiere cerrar filas en lugar de abrir un proceso de crítica? ¿De alguien más preocupado por la nómina del mes que viene que por hacer una reflexión sincera? Percibe que algunos harán una lectura servil de esas palabras y, sin embargo, lo cierto es que se ha expresado de forma muy sentida, aún consternado por la incapacidad de competir que su partido manifiesta en las urnas, pero mucho más alarmado por lo escuchado esta tarde.

Las intervenciones que le han precedido no han sido, en general, demasiado distintas, pero algunas han sido singularmente duras. Ha llegado a escuchar: “No levantamos cabeza”, “Esto es un desastre”, “Así vamos derechos al precipicio” y otros comentarios semejantes. Incluso, hace algunos minutos, alguien ha osado decir que los rivales tenían mejores candidatos, y eso le ha removido terriblemente los intestinos. “¿Cómo se puede ser tan desleal y cruel en un momento así?”, ha pensado al instante, lo que le ha desplazado de la voluntad de ser crítico a la determinación de cerrar filas. “¡Qué poca vergüenza tiene Alberto! ¡Dale tú ahora, cuando te toque intervenir!”, le escribía inmediatamente después Rosa por WhatsApp.

“Como ya os podéis imaginar, no puedo estar de acuerdo con algunas de las cosas que se han dicho aquí, ni con la manera como se han expresado, pues resultan tremendamente injustas para muchos compañeros y compañeras que se han dejado todas las horas del día en esta campaña”, expresa Leo con mirada incisiva y verbo enérgico.

“Muy bien, Leo”, se lee en una notificación de WhatsApp que aparece sobre su monitor. Se da cuenta de que a Rosa le ha gustado eso último y gana confianza en sus siguientes palabras.

“La tentación de buscar culpables en la derrota siempre es grande. A veces por la necesidad de encontrar una explicación; otras, compañeras y compañeros, me sabe mal decirlo, también por simple ambición y mala fe. Las causas de lo acontecido deben examinarse con calma y tendremos tiempo de analizarlo, pero debemos hacerlo desde el sosiego y confiando en los procesos del partido. La otra noche fue dura y hoy debemos enfrentar las consecuencias de esos resultados, pero con respeto y lealtad”.

La gesticulación de muchos de los presentes y ciertos iconos de aplausos en la pantalla le reconfortan, pero la seriedad e incluso un aire de suspicacia puebla algunos rostros. Ahora se sabe atrapado en la condescendencia de la mayoría y se siente incapaz de encontrar una vía de rescate de algunos argumentos sobre los que había reflexionado unas horas antes: un mensaje de campaña demasiado parecido al de elecciones anteriores, que mantiene cerca al electorado tradicional pero aleja a los jóvenes; un modelo de actos “llenapistas” muy tradicional, demasiado centrado en la presencialidad; una apelación constante a un pasado más glorioso en detrimento de los retos del futuro…, y tantas otras cosas que no podían funcionar en ese contexto de polarización. Pero ya no es posible señalarlas sin producir contradicción, añadir sal a las heridas y agrandar las fracturas, por lo que opta por dejarlos de lado y precipitar el final de la intervención.

“Esta vez no han salido las cosas como deseábamos, pero seguimos estando ahí y volveremos a dar la batalla, no solo dentro de cuatro años, sino cada día, con la representación que hemos obtenido en las urnas y con el esfuerzo incondicional de nuestros representantes. ¡Hay partido compañeros y compañeras!”. Es entonces cuando las gesticulaciones y la alegría parecen multiplicarse. Hay quien incluso abre el micrófono para que se escuchen los aplausos. Leo sonríe. El futuro que aguarda no es mejor, pero en este preciso momento, la sensación es distinta.

La receta del ministro-candidato no funciona

Carlos Hidalgo

De nuevo el PSOE ha pagado caro el pensamiento mágico de que un ministro o ministra es automáticamente popular y conocido por el hecho de haber portado la famosa cartera propia de su cargo.

Reyes Maroto, Pilar Alegría y María Jesús Montero han protagonizado tres fracasos electorales para los socialistas frente a un único éxito, que ha sido el de Salvador Illa. El único caso en el que el PSOE ha mejorado resultados ha sido en Castilla y León, donde el alcalde de Soria, Carlos Martínez, ha usado la implantación territorial de su partido a su favor, en lugar de imponerse a ella.

Teniendo en cuenta el encontronazo con los “barones” socialistas que en su día apeó a Pedro Sánchez de la dirigencia del PSOE, es comprensible que el líder socialista recele de que los territorios legitimen a candidatos de entre sus filas antes que subordinarse a las imposiciones de Ferraz. Pero han pasado diez años de aquello, la mayor parte de esos barones están jubilados, muertos o fuera de juego y no hay ninguna clase de discrepancia organizada en las filas socialistas que puedan poner en duda la labor de gobierno de Sánchez, exceptuando a García Page, que tampoco tiene ninguna clase de ambición a nivel nacional.

Ahora esperan en la fila de paracaidistas Diana Morant (a la que esperemos que le favorezca su experiencia como alcaldesa de Gandía), Ángel Víctor Torres, a quien Coalición Canaria querrá hacer responsable de los imaginarios agravios derivados de que Clavijo quiera gestionar crisis sanitarias con ChatGPT, y Óscar López, al que se ve con evidente desgana de someterse a una campaña electoral contra Isabel Díaz Ayuso.

Si echamos la vista atrás y no para recordar la famosa rebelión de los barones socialistas, veremos que si el PSOE aguantó la “blitzkrieg” de Podemos y el empuje de las fuerzas surgidas del 15-M, hoy dispersas, fue precisamente gracias a su implantación territorial. La gente prefirió votar a candidatos a los que sentía como propios antes que a paracaidistas malasañeros subordinados a la autoridad indiscutible (por entonces) de Pablo Iglesias Turrión, hoy reconvertido en hostelero y propagandista ruso.

Despreciar a las estructuras territoriales del PSOE o pretender imponerse siempre a ellas, es caer en el mismo error de Iglesias y pensar que el aura de una sola persona puede servir para ganar cualquier proceso electoral.

No sé ahora si el mover a ministros-candidatos, a tan pocos meses de las siguientes elecciones, sería buena idea. Porque si la fortaleza del PSOE es su implantación territorial, su debilidad es su afición al drama y aún tiene mucho que aprender acerca de cómo resolver las primarias internas de tal manera que cierren heridas en lugar de dejarlas permanentemente abiertas.

El PSOE de Extremadura, con sus ejemplares primarias a la Secretaría General puede ser el ejemplo que debiera seguir el partido para los próximos procesos, pero para eso hace falta mirar a las estructuras territoriales no con condescendencia o recelo, sino con buena fe.

Todo bajo control

Marc Alloza

“todo está bajo control”, “será un operativo transparente”, “se han activado los protocolos”, “no hay motivo para la alarma”, “todo discurre con normalidad según lo previsto”, “se está monitorizando la evolución”, “está perfectamente encauzado”, “no existe motivo de especial preocupación”, “se están tomando las medidas necesarias para contener el impacto.”

Son mensajes que emplean las autoridades para, en principio, transmitir calma y tranquilidad a la audiencia.  La realidad es que cada vez gozan de menor credibilidad en general, creo yo, por varios factores que han hecho de su uso un abuso.

En primer lugar, se emplean en fases tempranas de episodios que pueden suscitar preocupación sin tiempo material para un análisis concluyente. Esto se pone especialmente de manifiesto cuando el comunicado es irrebatible o no se resuelven dudas suscitadas en primera instancia por la ciudadanía, periodistas etc… En estos casos, en realidad lo que se está haciendo en muchas ocasiones es negar antes de verificar con lo que no se puede incurrir en un error que puede llevar a otro error de empecinarse en mantener la versión a pesar de la evidencia: “El fuel está contenido en el barco”.

Otro factor del mal uso es la precipitación en el diagnóstico de corte optimista o favorable que, por presión, por error o simple desconocimiento lleva a minimizar el riesgo: «España no va a tener, como mucho, más allá de algún caso diagnosticado»

Un elemento que mina este tipo de declaraciones es cuando se combinan con mensajes contradictorios:

  • Por desconexión entre actores como “Hay peligro real e inmediato por temporal por deterioro del sistema ferroviario, de muros de contención y por árboles cerca de la vía” vs “Las vías son seguras, no es necesario aplicar medidas”. Que tras accidente mortal acaban derivando en un “No habrá trenes hasta garantizar la seguridad” histriónico para tratar de disimular lo que se ha declinado hacer previamente.
  • Por contradicciones por diferencias de criterio o cambios de opinión entre Administraciones y/o organismos internacionales “El riesgo es bajo para la población, no existen “motivos clínicos” para que el barco no atraque en España” que se convierte en “obligación moral y legal” “dispositivo seguro” vs “no saben cómo tratarlos”. O en el mismo episodio “contacto constante y coordinación” vs “no nos han informado”, “falta de lealtad”.

En realidad, la desconfianza no arranca de las meras expresiones más que de quién las dice. En ocasiones se siembra la duda de forma torticera y espuria para menoscabar a un oponente o por interés de cualquier tipo sin importar las consecuencias tanto para la sociedad como éticas o morales.

La existencia de terraplanistas creo, con todos los respetos, que viene a demostrar que la desconfianza en la oficialidad es difícil o imposible de resolver, pero es que en los últimos años vivimos instalados en una desconfianza ganada a pulso. El desconocer la causa real confirmada de determinados incidentes o hacerlo de forma tardía en el mejor de los casos, también inspira a la incredulidad en el “sistema”.

La actual crisis del Hantavirus ha devuelto tímidamente las mascarillas FPII en los vuelos comerciales. Con el paso de los días supongo que habrá ido disminuyendo o no. Otro misterio es el del brote de peste porcina africana que inicialmente se atribuyó a un bocadillo de mortadela de Europa del este, luego a un laboratorio científico y luego ha vuelto a la teoría de basura orgánica contaminada. En este caso lo cierto es que todavía persiste el brote siete meses después de su detección y no se ha demostrado que la cepa del virus procediera de ningún laboratorio cercano.

Para el apagón o cero eléctrico ibérico del 28/04/2025 no existe una causa sola si no que fue resultado de una “tormenta perfecta” (otra frase típica) de varios factores técnicos, especialmente un problema de sobretensión. “Tormenta perfecta” que a veces podría traducirse que entre todos la mataron y ella sola se murió o lo que es lo mismo que “nadie desea asumir la parte que le corresponde de responsabilidad de algún suceso infausto, en cuyo resultado han contribuido varios factores

Para cerrar, pase lo que pase todo está bajo control en cualquier circunstancia y situación. A pesar la caída en la credibilidad todavía, si no es muy flagrante, tiene cierto efecto de evitar el pánico y en consecuencia el caos. La que creo que ya no tiene efecto tranquilizador es la de que “Las autoridades están siguiendo la situación de cerca.” O quizá sí, yo ya no sé.

Procesos de escucha en el conflicto vasco

Sergio Patón

El Palau Macaya, de la Fundación La Caixa, inició el pasado viernes en colaboración con la UNESCO un ciclo sobre la paz con 4 cinefórum durante este mes de mayo. En la presentación del ciclo se habló de la necesidad de abordar este tipo de debates dada la situación actual, que creo que todos conocemos. Me sorprendió que además de hablar de Netanyahu, Trump, Ucrania… se citasen las intervenciones de Von der Leyen sobre el rearme de los países europeos como motivo de preocupación respecto a la paz.

El primer cineforum fue sobre los procesos de escucha en el conflicto vasco (dar espacio para que el otro exista). La película elegida fue el documental de 2017 Justin Webster, que yo no había visto, y que está disponible online en  El fin de ETA gentileza de El País. La película daba pie, porque contextualizaba los encuentros restaurativos entre presos de ETA y víctimas de sus atentados o acciones.

Las tres personas invitadas a intervenir fueron Txema Urkijo que fue presentado, entre otras muchas cosas, como arquitecto del proyecto de estos encuentros; Maixabel Lasa Iturrioz, viuda del político vasco del PSE-EE Juan María Jáuregui y una de las primeras en aceptar cómo víctima este tipo de encuentros, y Esther Pascual de la Universidad Francisco de Vitoria a la que como mediadora le fue presentado este proyecto y lo tuvo que pensar e hilvanar.

Txema Urkijo presentó el video, y el proyecto de encuentros que definió como extremadamente gratificante. Comparó el apoyo social que tuvieron ETA y IRA en contraposición a otras organizaciones como Baader-Meinhof de Alemania o las Brigadas Rojas de Italia, un apoyo en el caso de ETA al que contribuyó su nacimiento en plena dictadura franquista y su largo recorrido. Recordó la situación en los 79-80-81 de los muchos atentados con la tesis de que poner víctimas sobre la mesa ayudaría la consecución de sus objetivos políticos: la independencia y el socialismo. En ese contexto ETA y su entorno necesitan la legitimidad de su sociedad, por eso el movimiento por la paz le disputaba la calle y los espacios sociales. En el decaimiento del apoyo a ETA tuvieron especial relevancia el asesinato de Miguel Ángel Blanco y los brutales atentados del 11-M en la estación de Atocha. Y por otra parte en su debilitamiento la ley de partidos, con sus errores, como las negociaciones con el gobierno Zapatero y la ruptura de la tregua con el atentando de la T4. Entre la opción de bombas o votos que resumía Rubalcaba, ETA optaba por las bombas. Esas negociaciones no salieron, pero en el movimiento abertzale surgen personas buscando otras salidas a la violencia máxime con esa necesidad de apoyo social, que va cayendo. El documental nos sitúa en esas negociaciones entre 2006-2007.

Debo reconocer que me afectó en el inicio del documental ver el resultado de los atentados. No lo recordaba tan así en su momento, o no tan especialmente. Se inicia el documental y las negociaciones con unas conversaciones por su cuenta y riesgo en un inicio entre Jesús Eguiguren y Arnaldo Otegi. Cabe destacar que Rubalcaba o el mismo Eguiguren expresan sus recelos y desconfianzas de entonces, entre ellos. Las dudas y los miedos. Pero ahí el factor personal fue haciendo, como en otros momentos de las conversaciones entre diferentes actores, a principio a favor de la paz, incluso con Josu Ternera, pero con la aparición de Thierry en contra. En el metraje se da cabida a todo tipo de voces, además de los descritos, personas en las tesis del PP de boicotear esos esfuerzos, como desde el punto de vista abertzales de seguir por la vía de siempre. Y como no las conversaciones de Maixabel sobre su punto de vista restaurativo.

Una vez acabada la película, volvió a tomar la palabra Urkijo como arquitecto para explicar la génesis del proyecto, como una acción más para coser socialmente, con entre otras previas como encuentros entre víctimas de ETA y de los GAL. Esther Pascual, explicó desde dónde estaba cuando Txema le hizo la propuesta, el cómo lo fue pensado, qué límites tendría, qué hablar y qué no, tomar como modelo procesos similares en procesos penales, que la participación no aminorar sus condenas, que ya eran presos que habían tomado distancia con ETA, los de la vía Nanclares. Ahí fue su primer encuentro con los presos. Por otro lado, como se hizo la propuesta a víctimas y familiares. Los hombres deciden solos, y las mujeres, quitando a Maixabel, decían que tenían que hablarlo. Unas aceptaron y otras no.

Maixabel Lasa habló de sus experiencias y sus motivaciones, creer en la reinserción y no odiar. Y las relaciones que de alguna manera u otra ha ido teniendo con dos de sus victimarios. Cómo se encontraron ellos, que se puede resumir que Maixabel prefiere ser la viuda de Juan María Jauregi en vez de la madre de alguno de sus ejecutores.

Dada la presencia de Maixabel Lasa y el tema esperaba mucha más audiencia, que sin ser poca no llenó el auditorio del bonito palacio. Hice el esfuerzo de pensarme algunas preguntas, pero me tuve que ir aunque pude escuchar la primera pregunta de una señora en desacuerdo con que estuviesen en las instituciones los de Bildu, que el perdón era personal… y ahí ya estaba yo en la puerta.

El cinefórum sigue este viernes, es gratuito pero hay que inscribirse en la misma página del ciclo.