“Catalunya siempre española”

 José Rodríguez

Algunos se sorprenden que las fuerzas independentistas intenten aplicar el programa con el que se han presentado. Le llaman “golpe al estado”, “rebelión”, y ante ello reaccionan con llamamientos a la unidad de España y a frenar a los separatistas “por tierra mar y aire”. 

El proceso de independencia de Catalunya ya no se para con artillería legislativa. El Paralment de Catalunya va a desobedecer la leyes españolas para iniciar la creación de un nuevo estado. 

No entro en la legitimidad legal o política de ese proceso. El hecho es que España tiene enfrente un problema político transformado en un intento efectivo de secesión de una parte de su territorio. 

Zarzalejos tiene muy claro que los catalanes estamos a un paso de marchar. Y que la fase del “procés” ya es de eficacia política, no de lucha de legitimidades. 

La reacción llega muy tarde. Pretenden parar algo que está ya bastante fuera del alcance de la mano de ningún gobierno del estado parar. Si se mueven más de la cuenta los independentistas conseguirán haber demostrado al mundo que España es un estado con una calidad democrática muy baja. Si no se mueven lo suficiente, los diversos actos de desobediencia política y legal van a dar como resultado efectivo la independencia. 

Aún el estado tiene una salida pero es la que excepto Podemos, los otros 3 principales partidos de España obvian y rechazan de plano: un referendum pactado en el que el estado se enfrenta de cara a los independentistas con una oferta realmente federalista. 

Eso no va a pasar. Aún a estas alturas de la película el PSOE hace una propuesta totalmente irrisoria, incluso para los pocos federalistas que quedan hoy en Catalunya. El PP y C’s si quieren reformar la Constitución es para tener más control sobre las propias autonomías. 

Todo esto podría haberse evitado. Si el PP no hubiera recogido firmas para cargarse el Estatut, si Alfonso Guerra no se hubiera ufanado de pasarle el cepillo, si la prensa de derechas y no tan de derechas no hubieran fomentado el anticatalanismo. Pero esto ya es anterior. La traición a la Constitución no la han hecho los independentistas sino el nacionalismo español con la LOAPA, con la homogeneización a través del café para todos de un modelo territorial que se pensó para ser asimétrico, con el incumplimiento sistemático del Estatut de Catalunya, el del 2006 pero también el de 1979 por parte del estado español.

El estado ha perdido numerosas oportunidades de pararlo, en  2012 de ofrecer un pacto fiscal que diera a la Generalitat la capacidad de gestionar sus propios impuestos, en  2013 y 2014 la de ofrecer un referéndum pactado, en 2015 la de buscar una solución negociada. 

Aún podría pararlo, una oferta confederal seria y un referéndum de autodeterminación y aún podrían conseguir frenar al independentismo, pero no. No ocurrirá. En España sobran nacionalistas españoles y faltan patriotas.

Por eso, ya pueden gritar los principales políticos españolas “Catalunya siempre española”, que la van a perder. El grito hoy es tan ridículo como el de “Cuba siempre española”.