Catalunya, empate técnico

José Rodríguez 

Durante los meses posteriores al 9N la política catalana ha aguantado la respiración. 

 El 9N evidenció una cuestión hay una mayoría a favor de la independencia pero es una mayoría débil. 

 El “dret a decidir” y el “soberanismo” tienen un apoyo muy amplio y sólido (las encuestas dan más de un 70 o 75% entre los catalanes a votar entre ellos su futura relación o no relación con España), pero no todo soberanista es independentista y ese apoyo que tenía el “procés” cuando se centraba en el dret a decidir, transversal y que incluía a las entidades sociales y cívicas catalanas, no es trasladable a la independencia.

 El independentismo ha de ganar muchas elecciones y votaciones, y seguramente la más importante será un eventual referéndum que de forma acordada o unilateral termine de ratificar el resultado de las plebiscitarias del 2015. 

 Según las encuestas las 3 fuerzas independentistas ganarían las plebiscitarias, pero sin holgura. Pero también se dan cuenta que en otro tipo de votaciones tal vez no tengan esa mayoría. Se podría dar la paradoja de ganar las plebiscitarias y perder un referéndum. 

 Pero no sólo es cuestión de ganar votaciones. La independencia tendrá resistencias de todo tipo por numerosas instituciones del estado español y europeas, para poder aligerarlas y poder afrontarlas con solidez requiere mayorías sociales más o menos cualificadas y sólidas. Estas instituciones pondrá muchas pegas cuando el apoyo a la independencia esté en el 51% porqué sabe que resistiendo puede hacer que un 1% deje de apoyarla, pero no hará las mismas resistencias si el apoyo a la independencia superara el 60%.

 Pero el independentismo no es el único que aguanta la respiración. El unionismo es consciente que es minoritario en Catalunya, según las encuestas los partidos que podrían formar un frente claramente unionista no superarían el 25% de los escaños en las plebiscitarias (el resto de diputados restantes serían “soberanistas” pero no independentistas). Además el unionismo no tiene niguna hoja de ruta ni alternativa para derrotar al independentismo. Su única estrategia es que alargando el tiempo, el independentismo se desinfle y sea derrotado.

 El unionismo confía en el empate técnico porqué eso siempre favorece el statu-quo. ¿Pero ese emptate técnico puede romperse? El unionismo lo tiene muy difícil. Del orden del 50-55% de los ciudadanos catalanes son independentistas y esta cifra parece ser estable desde 2013, además el unionismo es incapaz de penetrar en estos sectores sociales. Es decir el unionismo para romper el empate técnico no sólo debería sumar a los indecisos (del orden del 20% de los ciudadanos), sino penetrar en los sectores independentistas. Muy difícil.

 Además la obstinación de los dirigentes políticos españoles y el relato anticatalanista del unionismo hace que el grupo de “indecisos” se vea rechazado. El independentismo no les ha logrado seducir, pero el unionismo ha logrado serle totalmente antipático.

 El independentismo podría romper ese empate técnico quien puede dar la mayoría cualificada son esos indecisos, una gran parte de ellos son soberanistas no independentistas, llamados “federalistas”, aquellos que aún la independencia no la consideran una opción clara, pero para nada quieren alinearse con el unionismo. 

 El problema para el unionismo es que para este colectivo no tiene ninguna oferta, ni tiene mecanismos para conectar con ellos.  

Estamos pués en un empate técnico en Catalunya, pero con una diferencia, los únicos que pueden romper ese empate técnico a su favor son los independentistas. 

Este empate técnico es, en definitiva, una situación cómoda para el unionismo a corto plazo (la independencia requiere aún avanzar socialmente para ser viable), pero a medio y largo plazo es una situación especialmente insostenible para el unionismo. Porqué si algo necesita el independentismo es tiempo para facilitar a los “federalistas” la transición hacia la independencia, demostrando que la ausencia de agenda unionista para dar una respuesta al problema catalán que sea inclusiva con la forma de ver el mundo del federalista catalán no es solo coyuntural (y solventable con el tiempo) sino estructural.