Capital sin fronteras frente a Estados con fronteras

Magallanes

En el último tercio del siglo XX se fueron desmontando todos los controles que los estados tenían para impedir el movimiento internacional de fondos monetarios hasta entonces nacionales. Al igual que desmontar barreras arancelarias de productos beneficiaría a los consumidores, se supuso que impedir que el capital en manos  privadas nacionales pudiese obtener mejores rentabilidades en mercados extranjeros era también una forma de atraso. Si se impedía que el capital se invirtiese en las inversiones más rentables, se retrasaba la acumulación de capital y, por tanto, el crecimiento económico. No se pensaba que había una contradicción entre la existencia de estados con fronteras y un casi único capital sin fronteras. Con  un rígido control de capitales el estado nacional puede decidir cuál es el nivel de imposición fiscal y como se distribuye entre las clases sociales. Es un asunto que deben decidir los ciudadanos al ejercer su voto. La falta de controles lleva a que el capital nacional se lleve a los países cuyos ciudadanos han votado por un sistema fiscal en que las tasas del capital sean mínimas. Por tanto, en aquellos paises en que los ciudadanos han votado por una mayor imposición a las rentas del capital, se pone en marcha una lenta huida de capital hacia los primeros paises, desvirtuando la voluntad ciudadana. No digamos si, además, existen paraísos fiscales donde la imposición a las rentas de capital es inexistente. Entonces la  huida del capital pasa de lenta a  rápida.  Incluso, últimamente estamos viendo que los ciudadanos con grandes fortunas están cambiando de nacionalidad con total desfachatez para evitar impuestos a su capital.

Igualmente, en aquellos paises en que se ha decidido imponer normas operativas a los bancos con objeto de que no puedan conducir a sus clientes a realizar operaciones de alto riesgo y  elevada rentabilidad, la libertad de movimientos de capitales  permite que convenzan a sus clientes a dirigir sus ahorros a otros países o paraísos fiscales donde no existen dichas normas protectoras. Nuevamente la falta de controles lleva a socavar las normas que un país intenta imponer a su sistema bancario. Basta con que los bancos de ese país tengan filiales en otros mercados sin restricciones.

Chipre ha sido un excelente ejemplo de estas consecuencias. En efecto, el capital extranjero, sobre todo ruso,  fue invadiendo la isla en busca de rentabilidades más altas y también por necesitar su blanqueo. Los bancos chipriotas invirtieron este dinero en comprar bonos públicos de Grecia. Pero, la crisis griega hizo que se acordara que la cotización de sus bonos cayera en un 60%, lo que precipitó el hundimiento de los bancos chipriotas. Ahora Chipre se ha visto obligada a imponer un estricto control de capital para evitar la fuga masiva del mismo. Controles bendecidos porla CEy el FMI.

Krugman argumenta  que en las 3 décadas posteriores a la segunda guerra mundial durante las cuales existían controles de capitales en todas las economías avanzadas, apenas se produjeron crisis financieras. Pero a partir de 1980 se empezaron a producir  muchas crisis financieras que él enumera. La última, la gran recesión de EEUU y los paises europeos que comenzó en 2008. Para él, la causa principal de casi todas estas  crisis fue la masiva entrada de capital extranjero seguida de su repatriación repentina. En efecto, la burbuja inmobiliaria de EEUU y varios países europeos del periodo 2000-2007 fue alimentada por la inundación de capital extranjero. En EEUU los principales bancos de Nueva York compraban hipotecas de otros bancos menores, las titulizaban mezclando las de rating AAA con otras casi basura y posteriormente vendían estos paquetes a inversores, que se fiaban del prestigio de los primeros. La mayoría de estos inversores eran europeos incitados por sus propios bancos que también se fiaban del prestigio de los primeros. Al destaparse el fraude, comenzó la catástrofe de la gran recesión que todavía estamos sufriendo. Si los paises europeos hubieran tenido control de capitales se hubiera minimizado la crisis en ciernes. Igualmente, los bancos españoles no tenían bastante capital para cubrir la demanda de créditos con garantía hipotecaria de los constructores y promotores y, a su vez, solicitaban créditos de bancos europeos. Al caer la demanda de viviendas y dispararse la morosidad, se vieron incapaces de devolver esos créditos concedidos por bancos europeos y se hizo patente su descapitalización. Si el Banco de España hubiera puesto límites al volumen de financiación externa que recibían los bancos españoles, nuestra burbuja inmobiliaria habría tenido un freno a medio camino de su hinchazón.

En definitiva, la idea de que la libertad de movimientos de capitales llevará a que los mismos, al buscar la máxima rentabilidad, consigan la mejor distribución de los recursos, cae por su base. Los paises que protagonizaron la burbuja inmobiliaria están llenos de viviendas e infraestructuras sin utilizar. Los técnicos y obreros que las construyeron también han quedado en el paro. ¿Es esa la mejor distribución de los recursos escasos? Krugman termina su artículo manifestando: “No creo que haya un rechazo repentino de la idea que el dinero debe ser libre para ir a donde quiera. Sin embargo, si puede haber un  proceso de erosión, a medida que los gobiernos intervengan para limitar  tanto el ritmo de entrada como de salida del capital de sus fronteras. El capitalismo mundial va camino de volverse menos mundial. Y eso está bien.” (Canción triste del dinero caliente, Paul Krugman, El País Negocios del 31 de marzo de 2013). Coincido totalmente con él, aunque espero que cuando viajemos al extranjero o nuestros hijos vayan a estudiar a una universidad extranjera no nos limiten excesivamente el dinero que necesitemos gastar.