Capeando la tormenta

Sicilia

 En lo que llevamos de septiembre se ha hecho realidad uno de los escenarios mas adversos, de entre los que podían barajarse hace unos meses, para el Gobierno de Zapatero.

 Mientras que las dos grandes economías europeas, Francia y Alemania, han registrado crecimiento positivo,  la española sigue en negativo. No obstante lo peor no es eso, sino que, de cumplirse las presentes previsiones hechas por varios organismos, pueden quedar aún entre dos y cuatro trimestres de crecimiento negativo.

 Con ello el PIB habría estado cayendo entre seis y ocho trimestres, en lo que sería el periodo de recesión mas largo (entendiendo recesión como crecimiento negativo del PIB) desde, al menos, la primera crisis del petróleo.

 Una vez más, la contracción del crecimiento sale a nuestra economía carísima en términos de empleo, la tasa pasa prácticamente del 8% al 18%, con visos de poder llegar al 20%, lo que equivale a un paro holgadamente superior a los 4 millones de personas.

 En la primera oleada de la crisis fue el estrangulamiento de la financiación lo que propició la caída del consumo, de la inversión y del empleo. Ahora que las condiciones de financiación parecen mejorar, dentro de lo que cabe, y que empiezan a surtir efecto los planes de estímulo implementados por los distintos gobiernos,  el volumen que el paro ha alcanzado en nuestro país es una de las principales causas que retrasan la salida de la crisis.

 El citado descenso en la actividad está haciendo que los ingresos fiscales sean menores, lo que, junto con el necesario aumento del gasto por inversión pública y protección social, conlleva un incremento del déficit público, que se estima estará en el entorno del 10%. Es una cifra muy alta, que no puede ignorarse porque el programa de estabilidad y crecimiento que deben cumplir los países del área euro nos compromete a mantener un déficit público por debajo del 3%; además, los déficit de hoy son la deuda pública de mañana, que se paga también con los impuestos; por ambas razones es una situación que debe proceder a estabilizarse.

 Ninguna de las vías de estabilización es, hablando estrictamente desde la teoría macroeconómica más básica, muy recomendable en este momento.

 Una economía en recesión debe estimular su demanda si quiere crecer. Si el sector privado no provee, debe proveer el público. No se puede proveer recortando gasto masivamente.

 Si no se quiere tocar el gasto, queda tocar el ingreso, aumentando los impuestos, pero precisamente, en una economía en recesión lo que no se recomienda en absoluto es aumentar los impuestos, ya que reduce la renta disponible de los agente y por tanto afecta de manera negativa al consumo y a la inversión.

 Por si fuera poco tener a lo “académico” en contra, está la batalla de “la calle”. A todos nos parece muy bien la austeridad impuesta a los demás, mientras que suele verse como muy inconveniente la austeridad aplicada a nuestra propia esfera. Ironías aparte, no se puede recortar significativamente el gasto sin afectar a partidas sensibles, para uno u otro colectivo, que consiguen que fácilmente le partan la cara al portavoz de la medida. Llegados a ese punto, lo más idóneo parece tratar de ver dónde se causa menos impacto económico, porque la bronca te la vas a llevar por parte de uno o de otro.

 En el lado de los ingresos pasa exactamente lo mismo, como ya se citó una vez, a todo el mundo nos parece estupendo que se los suban a los demás, porque nosotros indefectiblemente, y pregunte a quien se pregunte, ya pagamos suficientes e incluso demasiados. El sueño erótico de cualquier político de la oposición es que el gobernante de turno salga con una subida fiscal; preparar las intervenciones en ese momento debe ser tan fácil que resulte casi aburrido

 Una vez más, tampoco hay recetas mágicas ni cuevas del tesoro dónde encontrar yacimientos de impuestos. Se pueden tocar varias figuras, seguro que pulir alguna situación injusta, pero esto no es Brasil, ni Venezuela, donde hay riqueza bajo el subsuelo: si se quiere crecer de verdad en ingresos, algo nos va a tocar a todos.

 Recapitulando, el panorama contiene una economía en recesión que va a durar unos meses aún, con el resto de Europa con un desempeño mejor y, por si esto fuera poco, con una tasa de paro alta. Solo eso ya es para preocupar mucho al Gobierno y a su equipo económico. En dicho escenario, las medidas de estímulo necesarias están constreñidas por los factores de la propia crisis, que hacen crecer el gasto y disminuir el ingreso. Esto obliga a dar una vuelta de tuerca más, buscando maneras de seguir encontrando recursos para afrontar un menú más reducido de actuaciones.

 Los  que experimenten el recorte de gasto se van a acordar de los ancestros del responsable. Los que experimenten el aumento de impuestos, seguramente también y con más gana.

 Vaya papeleta.

 Entrando un poco en política ficción mezclado con elementos de realidad, ¿qué puede hacerse desde el Gobierno? Varias son las recetas cogidas de unos y de otros.

 El Gobierno en este momento parece apostar por un recorte de medidas fiscales y un aumento del ingreso, digamos, sin entrar a fondo.

 Los gastos que se recortan son el famoso descuento de 400 euros, medida muy costosa en recursos y que no parece haber sido precisamente exitosa. Complementado a esto, se prevé un “recorte de gastos corrientes”, sin especificar demasiado, más una contención salarial en los sueldos de los empleados públicos. En otros mentideros se rumorea que el recorte no va a ser solo de gasto corriente, sino que la inversión en I+D y algún otro programa “no social” puede verse afectado. Personalmente pienso que a lo mejor es oportuno cargarse el cheque bebe, porque parece que lo ponen verde hasta los que lo cobran, y es una política costosa también. Por otro lado, parece que va a haber un fondo de 5.000 millones de euros destinado al fomento de actuaciones de economía sostenible.

 Por el lado del ingreso parece que se baraja un aumento del IVA, de los impuestos sobre las plusvalías, algo de los especiales y está por ver qué pasa con la tributación de las empresas SICAVs etc. Personalmente pienso también, que por mucho que atacar a las SICAVs no vaya a proporcionar muchos ingresos (que no lo hará, no les quepa duda), creo que se trata de una cuestión de justicia. Si nos fastidiamos, nos fastidiamos todos. El Dorado de la economía sumergida y la de la pasta que se sacaría de ahí, en fin, en mi opinión forma parte un poco de las leyendas fiscales, que también las hay.

 El principal partido de la oposición dice lo mismo, pero distinto.

 La ventaja de no tener que gobernar en este momento es que no tienes por qué preocuparte en exceso de poner en marcha nada.

 Así, el discurso puede ser necesariamente más borroso y apuntar a líneas generales. Sabemos que por parte del PP se quiere “recortar el gasto”, sin precisión alguna a la hora de meter la tijera, y no subir impuestos. Por otro lado, se aboga por una reforma laboral, también sin perfilar en absoluto, y reformas en Justicia y educación. Hay veces que hay que mojarse un poquito más porque si no, es imposible saber si de lo que se habla es interesante.

 Otras voces apuestan por un adelanto electoral como solución a la crisis económica.

 La teoría nos dice que las expectativas y el estado de ánimo de los agentes pueden acelerar una recuperación. Admitiendo esto, pero observando a quienes sostienen esta necesidad, parece que lo que se espera de un adelanto electoral es una solución a otro tipo de crisis y a otro tipo de expectativas, que son más bien las de aquellos que piden dicho adelanto. Mariano Rajoy, que no es tonto, de momento no se encuentra entre ellos (o si, que diría él).

 Por cuestiones de calendario legal, más luego traspaso de poderes, más puesta en marcha de unas hipotéticas y milagrosas medidas (prohibición de los impuestos, despido libre y obligatorio, reinstauración de los juicios sumarísimos y erección de picotas en los colegios público y concertados, amén de abolición de las autonomías), se irían entre la mitad y las dos terceras partes de lo que, en teoría, le queda a la crisis. Nunca sabríamos si salíamos porque tocaba o porque hicimos todo aquello tan curioso.

 Búsqueda de pactos a gran escala, como fueron los pactos de la Moncloa.

Parece una idea sugerente; si se trata de impulsar cambios profundos en las relaciones económicas es imprescindible sentar a los agentes todos juntos. Seguro que se podrían alcanzar acuerdos en materia de legislación laboral a cambio de progresos en materia de  salarios reales, evolución de los precios, imposición, incluso sistema educativo.

 Ahora es cuando decimos aquello de que el Gobierno Central tiene mucho menos poder que entonces, porque ni controla la política monetaria ni la mayor parte de los recursos públicos, y que tendrían que venir las autonomías, y seguro que muchos de los que sugieren Pacto de la Moncloa II, se levantan y se van. 

Es imposible llegar a un acuerdo así cuando el calendario que se tiene en la cabeza acaba en 2012, pero sería bonito, seguro.