Camps sí; Aguirre, no

Aitor Riveiro

“Paco, estamos contigo”. Con estas palabras ha firmado Mariano Rajoy su sentencia de muerte política, de la misma forma que aquél “pongo la mano en el fuego” que Felipe González soltó para tratar de proteger Mariano Rubio a costa de su ascencendia sobre la ciudadanía le valió perder el poder, al menos en parte. Lo que pasa es que el presidente del PP no es, para su desgracia, el ex presidente del Gobierno y esa primera persona del plural con la que Rajoy ha tratado de arropar al presidente de la Generalitat valenciana, Francisco Camps, vale menos que la primera persona del singular de González.

A Camps le han pillado con el carrito del helado. Por mucho que la secretaria general del PP y gran parte de la prole mediática que medra al cobijo del partido insistan en que “tres o cuatro trajes” no son más que una tontería y que nadie se iba a inmolar políticamente por un par de miles de euros, la derivación valenciana del caso ‘Gürtel’ tiene visos de terminar con varios dirigentes valencianos, cuando menos, fuera de la circulación pública.

Lo importante del caso no son los tres o cuatro trajes que el entramado que dirigía Correa pudiera haber regalado a Camps; el problema no son los regalos más o menos caros para la familia de políticos valencianos. Evidentemente, son baratijas comparadas con otros casos de corrupción pero precisamente ese hecho evidencia la importancia de las investigaciones judiciales y periodísticas: si Camps, uno de los mejor colocados dentro del PP para suceder a Rajoy, sin grandes enemigos en otras comunidades autónomas y con cierta buena prensa en España, ha mentido de manera tan descarada (“yo no conozco a ese tal bigotes”, “tengo las facturas y las enseñaré”, “estoy deseando dar explicaciones”,…) se infiere que algo hay detrás y que se la ha jugado al principio para tratar de salvar el resto: quedar como un listillo que acepta regaluchos, no como un corrupto que regala (vende) grandes contratos a sus amigos.

Con todo, la derivación valenciana del caso ‘Gürtel’ me parece, con todos los respetos, una chorrada. Quiero decir que es importante, sí, y que deben depurarse todas las responsabilidades políticas, civiles y penales, vale. Pero seamos sinceros: ¿qué CCAA o entidad local está libre de pecados? El problema de Valencia es el mismo que asola España: la corrupción económica generalizada.

Y, sin embargo, Rajoy y toda la maquinaria del mayor partido de España se ha lanzado a defender a Camps. ¿Cuál es el motivo? ¿Tiene Camps cartas escondidas que obligan a Rajoy a gastar su rédito político en defenderle? ¿No tiene el PP ningún recambio en Valencia para Camps? ¿Rajoy realmente cree en la inocencia de Camps?

No me creo ninguna de las tres. Mariano Rajoy se enfrenta a una disyuntiva que ni el propio Maquiavelo: necesita de la impunidad de Esperanza Aguirre para salir indemne del caso ‘Gürtel’; o, lo que es peor, la única esperanza de su salvación pasa por Aguirre.

El caso ‘Gürtel’ no nace en Valencia, sino en Madrid. Al Mediterráneo sólo llega porque las tierras del centro de España están ya repartidas; así que los pioneros de Orange Market y demás, en lugar de asentarse en el salvaje oeste, pusieron sus ojos en el apacible y soleado Levante.

El problema de Rajoy es que el caso ‘Gürtel’ afecta sobre todo al PP madrileño que hoy dirige una de sus más seguras ‘delfinas’ y archienemiga, Esperanza Aguirre, y que en el pasado dirigía otro de sus posibles sucesores, Alberto Ruiz Gallardón. Este dato es supérfluo, porque los españoles identifican el “PP madrileño” con el PP, a secas. Y no sólo porque compartan sede en Génova 13, sino porque en España Madrid es y será siempre sinónimo de política nacional.

¿Y qué se discute en la raíz principal de caso ‘Gürtel’, la que afecta al PP de Madrid y, por extensión, al PP nacional? En este caso no hablamos de enriquecimiento personal, o no sólo; hablamos de financiación ilegal de un partido político. Hablamos de Filesa.

Y si hablamos de financiación ilegal, Rajoy está desahuciado. Por muchos motivos, pero por dos en particular: Pío García Escudero y Luís Bárcenas.

Pío García Escudero es el portavoz del PP en el Senado, puesto para el que fue designado por Mariano Rajoy en 2004. Pues bien, García Escudero fue presidente del PP madrileño desde 1993 hasta ese mismo año: durante todo su mandato la red ‘Gürtel’ nació, creció, se reprodujo en Madrid y sus vástagos tuvieron que salir a descubrir nuevos mundos. Y será él, si el caso sigue por los derroteros que lleva, quien tenga que dar explicaciones. O, como dijo el otro día Esperanza Aguirre a cuenta de una suculentas donaciones hechas en 2003 por el presidente de los empresarios de Madrid a través de una fundación del PP, “yo no sé ni pío. Pío, pío”.

Pero aún hay más. Quien ya está completamente enfangado por los tribunales es otro vecino de Génova 13, esta vez unas plantas más arriba: el actual tesorero del PP nacional, Luís Bárcenas, pilló para él un buen pellizco, según apuntan las informaciones periodísticas aparecidas en medios tan dispares como El País, El Mundo o El Confidencial de Jesús Cacho. ¿Pilló para él y no puso ni un poquito para las arcas de su amado partido? ¿O pilló ‘algo’ de lo que metía en las arcas del partido?

En cualquier caso, y sin habernos dado cuenta, tanto el líder del PP como sus principales delfines (Camps, Aguirre, Gallardón) están enmarronados por la trama ‘Gürtel’. Rajoy sólo tiene una opción: salvar Madrid, que es salvarle a él, de aquí a las Europeas; conseguir un gran resultado en las elecciones, para lo que necesita a Camps en plena forma y al engrasado aparato del PP valenciano funcionando a tope y recopilando todos esos “votos cautivos” de los que hablaba el otrora intocable y hoy imputado Carlo Fabra; provocar una gran crisis en el PSOE merced a su debacle el 7J. Y entonces, sólo entonces, dejar que salga toda la mierda y rezar para que enfangue a todo el mundo menos a él… y a Gallardón, que ya verán como se libra por arte de birlobirloque.

Yo no sé a ustedes, pero a mí ahora se me hace como más normal que Esperanza Aguirre quisiera montar un ‘mini’ CNI en Madrid, que espiara a diestro y siniestro, que robara ordenadores de compañeros de partido y de gobierno… ¿O es que se habían olvidado de los espías?