Campaña en negativo

Millán Gómez 

 

Hace justo una semana un servidor esperaba que la segunda parte de la campaña electoral en Galicia se caracterizase por la exposición de propuestas en positivo para mejorar la vida de los gallegos. Pues nada más lejos de la realidad. Hemos vivido probablemente una de las semanas electorales más reprobables de la historia democrática. Ciertos sectores del PPdeG y alguno de sus altavoces mediáticos en Madrid han tratado por todos los medios de difundir supuestas prácticas caciquiles y corruptas del PSdeG y BNG con el objetivo de desmovilizar al electorado progresista que no acude a las urnas salvo en casos de fuerza mayor. Este sector del electorado constituye un factor decisivo en el resultado final de los comicios de mañana domingo.

 

El diario “ABC” denunció supuestos gastos millonarios del Presidente de la Xunta, Emilio Pérez Touriño, en su despacho y coches oficiales. El PSdeG tardó en responder a estos ataques para no caer en la provocación. Ayer mismo, el propio Touriño reconocía en una entrevista en “Público” que “quizás cometiese el error de no haber salido a la calle desde el primer día para denunciar esa campaña de acoso y derribo”. Estas cifras fueron posteriormente negadas por el propio partido. De hecho, el candidato socialista afirmó que los datos reales eran “la mitad de la mitad” de lo que denunciaba el diario “ABC”. Se trata de una estrategia bien planificada por el PP y la derecha mediática con el fin de revertir electoralmente las consecuencias funestas para sus intereses que pueda traer consigo la investigación de Garzón sobre una presunta trama de corrupción que afecta a cargos del PP y empresarios afines al mismo. La diferencia sustancial entre una situación y la otra es que en el caso de la supuesta corrupción del PP sí que hay un juez que está investigando y ve indicios de delito.

 

Durante esta semana, el presidente de la Deputación de Ourense, Xosé Luís Baltar, ha cargado contra todo el que se movía. Su actitud es consecuencia del nerviosismo latente en el PPdeG porque son conscientes de que sus arrolladores resultados históricos en Ourense forman parte del pasado. Por ello utilizan todos los juegos sucios habidos y por haber. Recapitulemos. Primero acusaron a Touriño de innumerables gastos. Además, dijeron que Quintana tenía un minibar de 6.000 euros en su coche oficial. El Vicepresidente de la Xunta abrió las puertas de su vehículo a los periodistas y el coste de ese minibar fue realmente de 30 euros. También se cebaron con el PSdeG al decir que la Conselleira de Educación iba a la peluquería en coche oficial, reprobaron a la Conselleira de Política Territoria por trato de favores, luego criticaron al Conselleiro de Medio Ambiente por construir una casa sin licencia y Baltar le llamó “maricón”. Estos son sólo algunos ejemplos de un sinfín de descalificaciones sin pruebas. Luego se centraron en el BNG, especialmente en Anxo Quintana. De él dijeron que tenía una relación con la Conselleira de Vivenda e Solo (nacionalista) cuando sabían perfectamente que era mentira como reconoció un diputado popular, así como lo acusaron de maltrato a su pareja difundiendo en mítines fotos de abolladuras en su garaje. Pero quizás lo más mediático fueron unas fotos del líder frentista en el yate de un empresario gallego editor de un diario de nueva gestación y que resultó beneficiado en octavo lugar del polémico concurso eólico gestionado por la Consellería de Industria, en manos del nacionalista Fernando Blanco. Las fotos son de lo más sospechosas y puedan inducir a un trato de favores evidente, más conociendo el desvío editorial que ha tenido este periódico con respecto a su posición inicial en el portal digital previo a su versión impresa. Eso sí, si contamos todo hay que decir también que esas imágenes son del verano de 2005 y fueron comentadas por “El Correo Gallego” y otros medios sin que diera lugar a polémica alguna. Asimismo, Europa Press difundió una noticia según la cual el candidato nacionalista a la Xunta había sufrido un “leve accidente de tráfico” y se había visto obligado a “suspender” un encuentro con jóvenes esa mañana en Compostela. EP desmintió la noticia posteriormente pero en un primer momento había ofrecido datos de hora, kilómetro de carretera, etcétera. A esa hora que anunciaba Europa Press Quintana estaba siendo entrevistado en directo en la Radio Galega. El candidato del BNG acusó a Feijóo de difundir el rumor. Además, Xuventudes Socialistas colocó carteles con dibujos de Feijóo y Fraga bajo el lema “Queres que volvan? (¿Quieres que vuelvan?)” que posteriormente aparecieron con la imagen de Touriño y Quintana acusándoles de “derrochismo”, al igual que pasó con otros carteles electorales de PSdeG y BNG. Por último, el BNG de Celanova (Ourense) denunció unos pasquines que militantes del PPdeG fueron entregando a vecinos donde decían que el PSdeG y BNG les iba a “quitar sus propiedades con la excusa de que no las trabajas”.

 

En cambio, Feijóo no dice absolutamente nada de que Baltar tenga en nómina a decenas de concejales. Tampoco critica que los funcionarios ya no le caben en la Deputación de Ourense, gobernada por los populares. Nadie le ha escuchado decir una palabra reprobando al Presidente de la Deputación de Pontevedra, Rafael Louzán, por convocar 152 plazas con el único requisito de una entrevista personal. También hace mutis por el foro cuando le dicen que el coche oficial de Gallardón cuesta 591.000 euros. Ni se inmuta a pesar de que la Xunta del PPdeG puso en marcha el mayor despilfarro de la historia de Galicia con la Cidade da Cultura. Se hace el sueco cuando le recuerdan que  gastaron 4.500 millones de pesetas en la residencia del Presidente de la Xunta cuando estaba Fraga en el poder. Lo más gracioso es que Feijóo habla de regeneración democrática al lado del alcalde popular de Tui (Pontevedra) al que se le acusa de cinco delitos urbanísticos y el fiscal pide 20 años de cárcel. Tampoco habla de la corrupción de su partido en Madrid, Valencia, no recuerda a quién llevaba de número uno por Ourense y no parece importarle que uno de los mayores implicados en la “trama Correa” es Pablo Crespo, antiguo Secretario de Organización del PPdeG.

 

Durante mucho tiempo he elogiado la actitud del PPdeG en los primeros años de legislatura porque no había utilizado el tono de crispación de Génova. Pero ahora en campaña electoral se han liado la manta a la cabeza y han comenzado a despotricar tratando de desmovilizar a votantes socialistas y nacionalistas buscando la mayor abstención posible, sabedores de que su electorado es previsiblemente más fiel. Hace cuatro años el PP utilizó el miedo como arma política y le salió cruz. Ahora mismo, el PP está en condiciones de disputarle la mayoría absoluta al bipartito. Cualquier participación menor al 62 % pone en serio riesgo la reedición de la actual Xunta. El bipartito ha funcionado razonablemente bien pero entre sus bases existe un sector importante de descontentos que pueden quedarse en casa y no acudir a las urnas. Tiene, al igual que el Gobierno Central, un problema de comunicación evidente. Touriño es un buen gestor, un tecnócrata pero entre sus virtudes no destaca el carisma. Quintana está tratando de moderar al BNG pero continúa con ciertos tics que causan rechazo en sectores conservadores y otras actitudes menos reformistas que enfadan sobremanera a sus bases. Feijóo se ha quitado la careta de moderado y se ha abrazado al juego sucio tirando por tierra su actitud medianamente constructiva de otros tiempos.

 

Independientemente de la ideología de cada uno, mañana el futuro de Galicia está en juego. Muchas generaciones no han podido disfrutar del derecho a voto, que es la mejor manera de demostrar el compromiso con tu tierra y los valores democráticos. Es fundamental la participación ciudadana para que el Gobierno que salga de las urnas tenga la mayor legitimidad posible. La mejor manera de decidir el futuro de tu tierra es acudiendo a las urnas en libertad. Los políticos han cumplido con su parte durante toda la legislatura y la campaña electoral pero ya han cedido el testigo. Ahora le toca hablar al pueblo. Que los políticos lo escuchen.