Camino de testimonialidad

Jon Salaberría

Estamos en época preelectoral. En el caso de la Comunidad Autónoma de Andalucía hablar de preelectoral es puro formalismo, pues la batalla se está librando ya sin ningún tipo de complejo, en tiempos en los que la demoscopia llama nuestra atención un punto de lo normal más, si cabe. Este domingo Metroscopia traía a las página de El País un completo sondeo sobre la intención de voto en la Comunidad de Madrid, una vez confirmada la candidatura de Ángel Gabilondo Pujol (San Sebastián, 1949) a la Presidencia de la Comunidad encabezando las siglas del demacrado Partido Socialista de Madrid, y en vísperas de la confirmación de que el proceso Caballo de Troya (que algunos llaman de confluencia) lleve a Tania Sánchez Melero (Madrid, 1979) a la cabecera de la lista de Podemos, ya con sus siglas de partido, ya vestidos de lagarterana. Queda por confirmar la cabecera de lista del Partido Popular, el dominador absoluto de la escena electoral madrileña desde los años noventa del pasado siglo. Los resultados del sondeo muestran a las claras cuatro circunstancias que, de confirmarse, determinarían el panorama político en este 2015, dentro y fuera de la Comunidad de Madrid:

1)     Hundimiento del Partido Popular. De los 72 escaños de 2011 y su 51,70%, los populares descienden a un 28% escaso de la intención de voto y 38 escaños. Supone perder casi la mitad de su grupo parlamentario.

2)     Paralelo hundimiento del Partido Socialista. La primera fuerza de la oposición no consigue aprovechar el desplome del PP y baja hasta un 17% de los votos, que le rentarían 23 escaños. Quedaría como tercera fuerza política e incluso juega en el límite de quedar como cuarta.

3)     Irrupción de las fuerzas emergentes, especialmente en la izquierda. Con un PSM dañado y una IU en extinción, Podemos irrumpe con 34 escaños y se coloca en disposición de ganar las elecciones. Ciudadanos debuta en la Asamblea con 21 escaños, cerca del PSM. El 5% de umbral para entrar en la misma coloca a UPyD, la revelación de 2011, y a IU en el límite de la condición extraparlamentaria.

4)     El panorama obligará al pacto. Obligará a pasar de la cultura del monopartidismo gobernante y de la mayoría absoluta a acuerdos de gobernabilidad complicados y a varias bandas.

Desde la perspectiva del Partido Socialista y con la excepción, precisamente, de Andalucía, ésta viene a ser la línea general de sus prospectivas electorales. Desde el CIS, pasando por Metroscopia, y llegando a las últimas encuestas referidas a la Comunidad Valenciana (otra de las plazas fuertes en las que se dibuja la definitiva conformación del mapa político español), en todas se plasma esta posibilidad, cada vez más cercana, cada vez más real. La histórica formación del Pablo Iglesias original se enfrenta, por vez primera en la historia democrática reciente, a la posibilidad de dejar de ser una formación mayoritaria con vocación de gobierno para pasar a ser un agente político testimonial. Una hipótesis que no hace ni cuatro años pasaba por ser política-ficción.

Llegar a este punto es fruto de un proceso largo en el que han interactuado numerosas variables, muchas de ellas imposibles de determinar por la voluntad política. Pero el problema fundamental está en el enroque orgánico que impide oxigenar a la organización y redoblar los esfuerzos en una alternativa que disfrute de visibilidad. Esta actitud de las diferentes direcciones del Partido desde 2011 impide la apertura de las estructuras hacia una mayor horizontalidad en tiempos en los que la demanda lo es hacia más flexibles y determinantes fórmulas de participación. El aplazamiento de las primarias abiertas y el proceso de designación de candidato en Madrid son muestras de la resistencia del aparato a la institucionalización de los procesos internos en abierto, con todas las consecuencias que supone; la peor, la fuga continuada de militantes. Este mirarse el ombligo es la causa, igualmente, de los problemas de liderazgo, irresueltos desde enero de 2012 y que a día de hoy siguen desangrando a la organización.

Dos cuestiones:

¿Existe un riesgo real de desaparición del Partido Socialista? El término desaparición es muy duro, y con no poca razón se afirma que el centenario Partido Socialista fundado en Casa Labra ha sobrevivido a circunstancias peores a lo largo de su dilatada historia. En realidad, el adjetivo que adorna el horizonte más próximo es testimonial. Incluso, irrelevante. Un funesto personaje de la historia contemporánea del socialismo madrileño afirmaba recientemente que “la irrelevancia equivale a la desaparición”, y desgraciadamente los precedentes en la socialdemocracia occidental nos llevan a pensar que desgraciadamente es así. Luis Serrano determina que el PSOE actual ha acrisolado ya un estatus de partido rechazado que dificulta movimientos no ya sólo a su izquierda, sino dentro de su propio hábitat natural. Existe un grave peligro de desplazamiento al terreno teóricamente aséptico del centro sociológico, en que el el PSOE “se convertiría en un partido rehen del Partido Popular”. Los movimiento de elementos de la vieja guardia en pro de grandes acuerdos de Estado que incluyan a PSOE y PP (que en un escenario electoral como el que señalan las encuestas abarcaría posibles acuerdos de gobernabilidad), así como su escenificación reciente con motivo del Pacto Antiyihadista van en esa dirección. La sombra del PASOK o del desaparecido PSI es alargada y amenazante.

¿Queda margen para revertir este panorama? Sin duda, para suavizar y relativizar sus efectos, sí. Existen tres vías de agua a taponar, y aunque el tiempo es escaso, existen recursos para ello:

La primera de las vías de agua es el problema de la identidad. El PSOE sigue sin resolver los problemas que impiden la visibilidad de un programa propio. Ya les comentaba la pasada semana que el Debate sobre el Estado de la Nación  que está apunto de comenzar sería una de las últimas oportunidades de hacer visible ese programa posibilista, práctico e inteligible de apenas una decena de puntos que sepa transmitir a la opinión pública la concreción de la medidas a tomar por parte de un futuro ejecutivo socialista. Por puro sentido común, debería ser más fácil cabalgar a lomos de la alternativa que simplemente a lomos de la indignación ciudadana, tal cual hacen algunas de las fuerzas políticas emergentes. Predicar y dar trigo. El DEN de este año tendrá menos audiencia que en otros tiempos, y como señala Jesús Maraña, si damos por buenas las encuestas, tal vez un 40% de electorado real no estará representado en el mismo. Pero Pedro Sánchez Pérez-Castejón no puede desdeñar la oportunidad. El Presidente del Gobierno jugará la carta electoralista de nuevas medidas de corte más social, como nuevas ayudas fiscales a emprendedores, rebajas fiscales a las PYMES, más ayudas para parados de larga duración, varios planes de ayuda a las familias, la probable reducción de las tasas judiciales, etc… El Partido Socialista tiene la difícil papeleta de desenmascarar la estrategia, no sucumbir al ninguneo, y materializar el programa con el que presentarse ante la sociedad española.

La segunda vía de agua está en separarse de veleidad alguna de pacto con el Partido Popular. Ni España es Alemania, ni el PSOE es el SPD, ni (sobre todo) el PP es esa CDU, ese partido de centro-derecha de corte europeo y moderno con el que son habituales los pactos de gobernabilidad. El PSOE tampoco puede sucumbir al abrazo del oso de las nuevas fuerzas emergentes. Se impone una estrategia inteligente de pactos en la que hacer compatibles guiños a esa izquierda sociológica que es ahora caladero de Podemos, a la vez que se busca un cómoda ubicación en la centralidad propia de un partido de mayorías. Un perfil, por lo tanto, absolutamente diferenciado.

Por último, la última vía de agua es la del liderazgo de los dirigentes. Sólo existen dos formas de reivindicar ese liderazgo: desde una legitimidad amplia en las bases del Partido, y desde el perfil propio de cada uno de esos dirigentes. No nos vamos a engañar: Pedro Sánchez camina en la cuerda floja de un liderazgo débil, no en el origen (del que se ha escrito mucho ya), sino en el ejercicio del mismo: le quedan pocas oportunidades. Existe una necesidad imperiosa de que los procesos de elección directa definitivamente se generalicen en todos los niveles orgánicos y territoriales, se abran a los/las no militantes con toda la amplitud posible, y con una intervención mínima del aparato de partido. Es la base de un liderazgo fuerte. Pero también hay, como señalo, una clave más en el perfil del líder. Nos lo indica magistralmente Pablo Bujalance en relación a la figura del que ya es candidato socialista por el PSM, Ángel Gabilondo: “Tal vez sucede que el PSOE siente nostalgia del principio de autoridad. Ángel Gabilondo transmite, en sus maneras de fraile corazonista, una impronta de solvencia”. Abundando en esa personalidad llena de solvencia, sí, y prestigio, “Gabilondo es también una eminencia académica, pero de verdad, no como los profes de Ciencias Políticas de Podemos: he aquí a un catedrático de filosofía hegeliano al que nada parece resultarle ajeno, que habla claro, que no le da patadas al lenguaje como tantísimos compañeros del PSOE y que sabe invitar al diálogo. Y esto sí que es extraordinario en política”. Redundar los esfuerzos en la búsqueda de estos perfiles solventes: ése es el camino más inteligente frente a la omnímoda presencia de la figura del apparatchick.

Hay margen, hay opciones, para salir de la senda de la irrelevancia y la testimonialidad. El cortoplacismo electoral de 2015 impide ya la solución de la refundación. Habrá que ver si existen igualmente voluntad política y altura de miras. 

Posdata: A estas horas se comenta la prórroga del acuerdo entre Grecia y la Troika para la prórroga del acuerdo de rescate (sic), glosado por LBNL en Debate Callejero. Mi opinión se queda a medio camino entre la del articulista y quienes ven al ejecutivo heleno vencido. Tsipras y Varoufakis se han batido el cuero bien, y han sido un adversario duro de pelar para la germanofilia dominante en Bruselas. Pero ojo: asumen ajustes que vienen de la época de Samaras y acogen otros nuevos bajo el eufemismo de reformas. Como Rajoy y su crédito en condiciones favorables. El veteranísimo Manolis Glizos ya es autor de la primera rajada interna en la corta experiencia de gobierno de Syriza. Mientras, en España, los que se tratan de colgar las medallas de Syriza hacen esfuerzos denodados (a la manera que se justifica la caradura fiscal de Monedero) para justificar los, llamemos, sacrificios del nuevo gobierno en esta negociación a cara de perro. Espero para Grecia, en todo caso, por el bien de sus ciudadanos y de sus ciudadanas, la comprensión que otros gobiernos socialdemócratas del sur de Europa no tuvieron. Gobernar es el arte de lo posible.