Camino de los idus de marzo

Aitor Riveiro

Zapatero dio el pistoletazo de salida al curso político anunciando una importante subida de las pensiones más bajas. El modo en que el presidente transmitió su iniciativa no deja lugar a dudas: la legislatura está concluida y hay que empezar a pensar en las elecciones generales que se celebrarán en marzo del año que viene. Craso error por parte del PSOE. Error porque a esta legislatura todavía le quedan unos meses de vida y algo de tela que cortar. Quedan pendientes leyes importantes que llevan coleando desde 2004: la de Memoria Histórica, sin ir más lejos. Sin embargo, toda nueva iniciativa que tomen el Ejecutivo y el Legislativo serán rápidamente tildadas de electoralistas. Da igual que dichas leyes estuvieran recogidas en el programa con el que el PSOE accedió al poder hacer ahora tres años y medio: la percepción general será que se utiliza el dinero público para que el Gobierno haga campaña.

Además, el lenguaje electoralista favorece a la oposición. El Gobierno tendrá que soportar durante estos meses que nos separan de los comicios la oposición de todos los partidos representados en el Congreso de los Diputados, no sólo del PP.

ERC y CiU utilizarán el caos que ha sufrido Barcelona este verano a cuenta de apagones y trenes que no llegan. Ambas formaciones han visto como su apoyo popular descendía a medida que la legislatura avanzaba. Los republicanos se sienten “traicionados” por Zapatero y sus seguidores no comprenden a qué juegan sus dirigentes, dando cobertura a un Gobierno que les ha colado un estatuto más descafeinado de lo que se prometió. Para más inri, sufren el desgaste propio de gobernar en la Generalitat: decir lo que hay que hacer siempre es mucho más fácil que llevarlo a cabo. Así que ERC tuvo que decir ‘no’ a formar parte del equipo de gobierno de Barcelona, temiéndose una rebelión de las bases.

La coalición liderada por Mas no lo tiene nada fácil tampoco. En las últimas municipales vieron como su cuota de poder descendía a niveles que ni los más viejos del lugar recordaban. En Madrid tampoco son imprescindibles, por lo que no se pueden presentar ante los electores como la “llave de la gobernabilidad” o “los que consiguen ‘cosas’ para Cataluña”. Las guerras internas restan más que suman en una coalición que no pasa por sus mejores momentos.

Izquierda Unida ha sido el otro apoyo casi incondicional que ha tenido en el Congreso el PSOE, junto a ERC (quién lo iba a decir). La formación que lidera, más o menos, Llamazares tiene que empezar ya con su juego habitual: nosotros no somos el PSOE, ni nos gusta lo que hace, ha hecho o propone hacer; queremos ir más allá en esto y esto otro; nos parece que la política … (rellenar a gusto del lector) del Gobierno no es progresista ni de izquierdas; etcétera. Si hacemos caso de las últimas encuestas, IU seguiría en ese 5% que se ha convertido en marca de la casa. El problema vendrá si el PSOE consigue mayoría absoluta o si sus escaños no son necesarios para sumar mayoría: los socialistas preferirán pactar en Madrid con CiU y el PNV antes que con la coalición de Llamazares en 99 de cada 100 veces.

Los partidos minoritarios, al igual que IU, deben empezar a mandar mensajes a sus electores distanciándose de los dos grandes partidos nacionales.

Para el PP la ocasión es inmejorable. La oposición que ha hecho el partido de Mariano Rajoy ha sido destructiva y sin el menor sentido de Estado. El PP ha aprovechado la más mínima ocasión para arremeter contra el Ejecutivo: desde el 11M hasta el incendio de Guadalajara, pasando por el proceso de paz, los accidentes de tráfico e incluso la participación de la esposa de Zapatero en una obra de teatro en París. La visión que tiene del PP ese 15% de los españoles que, según los expertos, dan y quitan gobiernos no es buena. Es negativa, gritona y bocona, paleta, estulta. La imagen del PP nacional es Zaplana. Y Pujalte, Acebes o Aguirre.

Sin embargo, vienen ahora seis meses en los que Rajoy y su equipo podrán rehacer su imagen, hacer promesas y atacar al Gobierno en lo que de verdad hace daño a un gobierno: la economía. Si de aquí a diciembre el BCE eleva los tipos un par de veces más, el primer trimestre de 2008 va a ser divertido.

Y es que el PSOE no debe olvidar una cosa: el PP puede ganar las elecciones. Ya ganó en número de votos las municipales de mayo, aunque perdiera cuota de poder, gracias a la movilización de su electorado más fiel. Una movilización que el verano, el regreso de Rato, la sempiterna postulación de Gallardón para no sé qué y las eternas vacaciones de las que disfruta Rajoy se había enfriado mucho. Sin embargo, la precipitación de Zapatero les ha puesto otra vez en guardia. Y seis meses son muchos meses.