Camino a Marte

Julio Embid

Imaginemos que yo fuera el alcalde de Calatayud, un bonito pueblo de la provincia de Zaragoza y decidiera convencer a mis vecinos de la necesidad de que “un bilbilitano llegase por primera vez a Marte”.

Sí, ya sé que es una locura pero sería un hito histórico adelantarnos a EEUU y Rusia en la carrera espacial. Pensad en el dinero que ganaríamos, en la gloria que lograríamos. Pase que hemos tenido que recortar todos los servicios sociales municipales durante años pero lo hacemos por un bien mayor. Necesitaríamos una radiotelevisión pública con más de 200 millones de euros de presupuesto anual con 2.000 trabajadores comprometidos con el amartizaje, pero saben que es por un bien superior. Al principio, tal vez las encuestas nos fallen, pero ya echaremos un cable preguntando a los familiares de los cargos del partido. Marte, Marte, Marte es el futuro y queremos decidir llegar allí.

Tal vez haya disidentes, gentes de partidos de la oposición o particulares, que se opongan. Que piensen que no tiene sentido que un pequeño pueblo zaragozano decida construir por su cuenta y riesgo un centro espacial para el lanzamiento de cohetes. Habrá que hacerles el vacío y construir una espiral del silencio en torno a ellos para que no den la tabarra. Es importante movilizar a las masas, que salgan con banderas azules y blancas cada 1 de junio, día de San Íñigo, patrón de la ciudad, para que desfilen todos juntos de la mano por el paseo para que se nos escuche bien fuerte. Si es necesario pondremos autobuses de los pueblos para que venga más gente y que salga mejor la foto. Todos a Marte, ¡Sí se Puede!.

Quizá tengamos problemas de corrupción, que algunos casos del pasado vinculados con los hijos del anterior jefe que durante décadas estuvo presuntamente metiendo mano en la caja vuelvan para intentar acabar con este proceso espacial. Calumnias, aunque tengamos que disolver el partido y probar con unas nuevas siglas cada año, tenemos un objetivo claro, llegar todos a Marte. A fin de cuentas, Calatayud fue una Taifa Independiente entre 1046 y 1055 bajo el mandato del rey Muhammad ben Suleiman. Igual los vecinos nos piden una fecha para la llegada a Marte. No pasa nada, será por efemerides. En 2046, para celebrar el primer milenio de la fundación de nuestra taifa. En 2051, para celebrar el 450º aniversario del gran filósofo bilbilitano Baltasar Gracián. En 2055, para celebrar el primer milenio de la caída de nuestra taifa por culpa de los pérfidos zaragozanos. ¡Qué más da! Lo importante es la ilusión y el compromiso con el proceso, ya que cada día que pasa queda un día menos para que lleguemos a Marte. Intentarán ilegalizarnos, condenarnos por malversación de caudales, prevaricación y cohecho. No nos rendiremos, somos un movimiento popular pacífico pero resuelto en llegar hasta el final, hasta el planeta rojo. Dirán que despilfarramos, que dividimos a la sociedad en dos por convocar un plebiscito para apoyar o rechazar el proyecto de carrera espacial. No es así, si preguntamos aunque las encuestas den un apoyo del 52-48 es porque somos unos demócratas y queremos saber. Tal vez haya vecinos que no quieran viajar en nuestra nave espacial a Marte, pero deberán aceptar el resultado que salga de las urnas. A fin de cuenta la democracia es así, y cuando pierdes, nada te impide volver a sacar las papeletas al año que viene.

Somos un pueblo, una comunidad, una nación, que quiere llegar a su destino con la historia, pero aunque las banderas pro-Marte colgadas en todas las ventanas de las viviendas del Paseo se estén ajando, seguimos en el Ayuntamiento, seguimos mirando hacia delante. Ya lo decía nuestro celebre Gracián: “Todo lo que realmente nos pertenece es el tiempo; incluso el que no tiene nada más, lo posee”. Llegaremos, os lo prometo. Lo importante no es cuando, sino cuanto tiempo podremos seguir cabalgando este cohete.