Cambios percibidos y cambios necesarios

José D. Roselló 

2012 tiene pinta de ser un año esquinado como pocos y sin embargo ha traído con él ciertos cambios en el ambiente del discurso en torno a la economía. Empecemos con los cambios percibidos. Posiblemente, debido a que nadie niega ya la posibilidad de que estemos encarando una recesión europea, por fin se han empezado a oír en boca de los mandatarios (los importantes) de la Unión el sensato mensaje de que “solo con recortes no se puede salir de la crisis”. Tarde mal y nunca, pero algo es algo. A ver si lo repite en voz alta y públicamente la canciller alemana, pero hoy parece que la cosa anda más cerca.  Es un buen cambio.

A nivel nacional, también hay cambios percibidos: el gobierno nuevo ha dado la vuelta como un calcetín al discurso que tenían en la oposición. De achacar todos los efectos negativos de la crisis económica exclusivamente a la gestión de Zapatero, ya se empieza a mirar hacia afuera y hacia abajo. Por fin se incluyen referencias a la crisis internacional -antes no estaban- . Con la  gestión de las autonomías pasa algo peculiar: por mucho que el discurso sea duro e incluso penal a la hora de predicar, bien es cierto que a la hora de dar trigo están menudeando moratorias de diez años, rescates de emergencia y utilización del ICO.  Leer la cartilla y esgrimir la palmeta no sirve de gran cosa cuando el problema es real y de recursos, y si no, obsérvese la subida impositiva.

Otro cambio percibido es el del tono general de la polémica y la bronca; en algunas redacciones y al costado de algunos micrófonos parece ser que se hubieran repartido rondas de valium a mansalva y otrora feroces leones se transmutan en beatíficos y ponderados analistas. Mejor así.

Sin embargo, estos cambios percibidos a escala europea y local distan mucho de ser los cambios necesarios.

Seguimos instalados en una línea de actuación errónea en torno a la crisis económica que atenaza a Europa y especialmente a España. Las facilidades de crédito del BCE no están sirviendo para reactivar al sistema financiero, sino simplemente para malcriarlo permitiéndole después que esos mismos recursos los use en comprar deuda soberana a una excelente remuneración. De propina encima nos regañan a todos, nos marcan la política económica, nos escogen a los gobernantes y cuando obedezcamos, nos premian con una bajada de rating. ¿Exagerado? No tanto.

No se puede continuar sin meter mano a estas dinámicas de forma más decidida. El sistema financiero debe existir, pero ejerciendo su función básica, que es la de proporcionar recursos al circuito de la economía real, y obteniendo de ello unos rendimientos razonables acordes al riesgo de cada inversión. Que la forma de instrumentar esta “vuelta al redil” sea mediante la instauración de tasas sobre transacciones financieras,  o sea mediante una toma de partido del BCE en la compra de activos de deuda, o sea mediante otras acciones más atrevidas, es lo de menos, pero este es uno de los primeros cambios necesarios.

Otro cambio necesario es la puesta en los lugares  que les corresponden a los objetivos de la política económica. Inmersos en un contexto recesivo que ya se prolonga por tres años, la persecución de unos objetivos imposibles de equilibrio entre ingresos y gastos, en plazo y en volumen, sólo está llevando a prolongar la enfermedad.  Ante desafíos simultáneos y múltiples como los que se plantean en el actual contexto, debe priorizarse contra qué actuar primero, y debe actuarse contra el peor de los males. En este momento no cabe la menor duda de que el peor de los males es prolongar un postración económica que está haciendo aumentar el paro, está impidiendo la inversión en infraestructuras e investigación y está destrozando la base impositiva (y vidas y carreras profesionales también, dicho sea de paso.)

Aparentemente no se es consciente del escenario que se dibuja para 2012 y que me rece la pena  examinar con algo de detenimiento. En primer lugar no viene mal mostrar la relación existente entre empleo y ocupación, para lo que se muestra el siguiente gráfico referente a la economía española:

Se observan varias cosas:

  1. Crecimiento de la economía y crecimiento del empleo van muy ligados, siguen trayectos paralelos, o superpuestos, esta es obvia, son variables que se interrelacionan al fin y al cabo.
  2. Cuando la economía crece en el entorno del 3% todo va bien, pero cuando cae de ese entorno, rápidamente empieza a destruir empleo con mucha intensidad. El empleo tiende a caer entonces más de lo que cae la economía, incluso cae fuertemente con la economía creciendo a tasas bajas. Se muestra esta crisis, pero en la del 93 la evolución fue similar. Hay estudios que intentan explicar el por qué de este fenómeno, indicando razones de rigidez en el mercado laboral y empleo en sectores de baja productividad, pero ahora no entraremos más en detalles.
  3. En esta última crisis, cada punto que nos separamos de ese 3% nos cuesta una destrucción de empleo aproximada de 2 puntos. El doble, hasta la fecha.

La conclusión es sumamente intranquilizadora. Haciendo abstracción de que estas relaciones entre variables no tienen por qué ser estables en el tiempo (es decir, esa relación 2:1 no tiene por que mantenerse siempre, pero tampoco significa que vaya a invertirse o a variar mucho a corto plazo) y haciendo todas las salvedades y cautelas metodológicas que sean convenientes, se nos está dibujando un escenario donde, de cumplirse lo previsto por el FMI en términos de crecimiento para 2012, podemos acabar el año con una destrucción de empleo en una horquilla que va de los 250.000 a unos escalofriantes 600.000.   Desde luego, esto es para amargar a cualquiera la llegada a un ministerio.

Europa y España deben ponerse manos a la obra ya para impedir esta posibilidad. El estímulo de la actividad debe ser lo que quite el sueño, en lugar de las miradas ceñudas de Merkel o unas “aes” o “bes”  que puedan colocarnos por ahí unos respetables caballeros. Mas que necesario es un cambio perentorio, irrenunciable, imprescindible.