Cambio creíble… ¡y radical!

Padre de familia

 

¡Y tanto que es creíble el cambio que va a impulsar Obama en EEUU y el mundo entero a partir de ser elegido Presidente esta misma noche! Por fin pondremos punto y final a ocho años aciagos de una de las peores administraciones presidenciales de la historia de Norteamérica.

 

Han sido ocho años interminables llenos de conservadurismo moral (creacionismo), corrupción económica rampante (Enron, subprimes), imperialismo agresivo (Irak) y profunda ineficacia en política interior (Katrina). El mundo está mucho peor que hace ocho años y desde luego Estados Unidos ha perdido gran parte de su prestigio, atractivo y fuerza, militar, política e incluso económica.

 

Los Bush, Cheney, Rumsfeld, Wolfowitz, Perle y compañía pasarán esta noche definitivamente al cubo de la basura de la historia. Se prepararon a conciencia y tuvieron todos los medios para imponer su agenda. Y aún así, fracasaron estrepitosamente en su doble objetivo de desequilibrar los balances de fuerzas tanto en política interna, tratando de que el Presidente alcanzara poderes casi omnímodos, como de cara al exterior, pretendiendo reemplazar la legalidad internacional acordada tras la Segunda Guerra Mundial por otra más a la medida de un poder imperial que no tuviera límite alguno que respetar.

 

La medida más clara del fracaso de la mencionada cuadrilla de patanes desalmados es la elección de un demócrata como Obama, y no precisamente por su color de piel. Que un negro llegue a la Presidencia en EEUU es, sin duda, impresionante atendiendo a las escasas cuatro décadas transcurridas desde que alcanzaron la igualdad legal. Pero lo verdaderamente relevante es que Obama llegará a la Casa Blanca el próximo mes de enero a caballo de un estilo de hacer política radicalmente contrario al ejercido por los “neocons”.

 

Obama transmite ilusión, voluntad y credibilidad por la honestidad y franqueza con la que se dirige a los norteamericanos desde su elección como Senador hace sólo dos años. Obama es un patriota, pero desdeña el nacionalismo barato y en su lugar no tiene empacho en subrayar los acuciantes problemas que tienen los norteamericanos, proponiendo a continuación soluciones justas y realistas. No ha tenido miedo en proponer una subida de impuestos para los más ricos y no ha respondido a las acusaciones, fundadas por cierto, de ostentar el “record” más liberal del Senado. No ha negado haber experimentado con las drogas ni haber frecuentado compañías “radicales”. En todo momento ha contestado a las acusaciones personales con la verdad, contextualizándola eso sí, y desdeñando la posibilidad de recurrir a ataques semejantes contra sus adversarios.

 

En política exterior ha mantenido una coherencia impecable. Fue uno de los pocos que en su día votó en contra de la invasión de Irak y ha sido capaz de evitar que su oposición a la guerra y su voluntad de ponerle fin rápidamente sean percibidas como una traición a los soldados en el campo de batalla. Ha dejado claro que el régimen iraní no goza de sus simpatías, pero también de que tratará de entablar negociaciones sin precondiciones, como las que ya mantiene EEUU con Corea del Norte con mucho mejor resultado que la previa política dura de aislamiento. No duden tampoco de que el embargo de Cuba pasará pronto a mejor vida, y con él también la dictadura cubana, capaz de resistir la agresión silenciosa indefinidamente, pero no de aguantar el tsunami de inversiones que sucederá al embargo.

 

La lista de cambios que nos afectarán directamente es larga e incluye asuntos tan importantes como el del cambio climático, el impulso de las energías renovables, la ronda comercial de Doha, el mantenimiento de buenas relaciones con Rusia y China, el respeto a la legalidad internacional, la mejora de los Derechos Humanos, etc.

 

El cambio será todavía más acusado en EEUU. A lomos de una sólida mayoría en el Senado y el Congreso, Obama va a cambiar el país de arriba a abajo, desde el restablecimiento de cuestiones básicas como la prohibición de la tortura en toda circunstancia hasta la implantación de un sistema de salud eficiente y justo. Me atrevería incluso a sugerir que no descarten que dentro de ocho años EEUU haya abandonado la pena de muerte.

 

Obama no es Clinton. Clinton era un comunicador extraordinario y ciertamente su Presidencia estuvo llena de aciertos. Pero estoy convencido de que Obama no caerá en los mismos errores, y no me estoy refiriendo al escándalo Lewinsky. Los Clinton fracasaron en la reforma del sistema de salud y no abordaron con decisión las relaciones internacionales hasta muy tarde en su mandato, con resultados mediocres: no consiguieron la paz en Oriente Medio y permitieron que el monstruo de Bin Laden creciera ante sus narices.

 

Obama tampoco es Jimmy Carter, demócrata sureño como Clinton pero sin su carisma y la capacidad de maniobra que Clinton manejó para sobrevivir al límite durante ocho años. Carter fracasó prácticamente en todo lo que se propuso, en parte porque su idealismo era excesivamente ingenuo, digamos buenismo en exceso. Obama, en cambio, no promete nada radical en política exterior, únicamente sentido común y defensa de los intereses propios tratando de conciliarlos con los ajenos, sin enfocarlo todo como un juego de suma cero.

 

Su campaña ha sido modélica, desde la “chica Obama” hasta el video de “yes we can” de Will.I.Am y compañía, que la obra social de Cajamadrid ha tomado como modelo para uno de sus spots sobre la integración de los aquejados de síndrome de Down. Frente al miedo y la cutrez de la Administración Bush, la esperanza suscitada por Obama le ha brindado una riada de millones de dólares que le ha permitido llegar hasta cada hogar norteamericano, atreviéndose a advertirles que no será un Presidente perfecto, pero que siempre les dirá las cosas de frente. El continente y el contenido se han mezclado a la perfección, el buen mensaje y la excelsa comunicación del mismo, superando las ingentes barreras, tanto en las primarias frente al, en principio, imbatible entramado de los Clinton, como después frente a la hasta ahora infranqueable maquinaria electoral de Karl Rove y compañía.

 

Desde hace ya más de dos décadas, tengo costumbre de seguir de cerca las elecciones norteamericanas. En vísperas del inicio de las últimas primarias, el pasado 2 de enero, dediqué un artículo en este foro (http://www.debatecallejero.com/?p=491) al análisis de la pléyade de candidatos de ambos partidos. Decía que era “pronto para hacer vaticinios pero no para expresar deseos. Yo quiero un próximo Presidente norteamericano que devuelva a EEUU al grupo de los países que promueve la democracia pero sin matar moscas a cañonazos, que promueva la seguridad internacional y doméstica pero sin viciar los fundamentos de la democracia. (…) Visto el panorama considero que el mejor candidato es Barak Obama. (…) Obama es un líder bastante desconocido pero su virtud principal es el talante y a mí no sólo me gusta el talante sino que además me parece que da muy buenos resultados. Así que, Go Obama 08!” (por cierto, me ha resultado interesante revisar los comentarios de aquel momento, algunos bastante despectivos).

 

Afortunadamente esta noche el deseo se hará realidad. Y la verdad es que este deseo colmará como pocas veces mis anhelos políticos porque quién dirige EEUU es algo trascendental para la marcha del planeta y el que está llamado a dirigirlo a partir de enero es el mejor candidato que uno pueda imaginar: ilusionante pero sensato, de izquierdas pero realista, hecho a si mismo pero riguroso en vez de populista, honesto y de principios… en fin, que estamos de gran enhorabuena. Por cierto, seguro que son ustedes capaces de adivinar a qué líder político español me recuerda Obama.

 

PD: Mi predicción es que Obama ganará por un porcentaje inferior al 5% en votación nacional, pero que arrasará en votos electorales, es decir, que ganará por menos de lo que se prevé pero que lo hará en una gran mayoría de Estados. Amén!