Caín y don Tancredo

Lobisón

La victoria del PP en las elecciones locales y autonómicas ha sido tan arrolladora que puede tener contraindicaciones. Los electores que buscaban castigar a Zapatero pueden sentir que ya lo han logrado, y en todo caso saben que ya no lo pueden volver a hacer en las elecciones generales, porque no será el candidato. Por tanto es inevitable que presten ahora más atención al programa y a las indefiniciones del PP.

Es interesante recordar que IU apenas se ha beneficiado del castigo al PSOE, lo que puede ser revelador de la debilidad del liderazgo de Cayo Lara: los electores que pudieran buscar políticas más a la izquierda han preferido quedarse en casa antes que confiar en IU. Eso significa que quienes han votado al PP o se han abstenido se van a plantear en las elecciones generales ante todo si permiten o no que triunfe el PP con una amplia mayoría.

El riesgo para Rajoy es hacer o decir cosas que resuciten el reflejo anti PP que la crisis y el giro de mayo de 2010 han disipado. Por ello lo más apetecible para Rajoy es mantener la estrategia de silencio y generalidades que le ha dado tan buenos resultados. Pero no es tan fácil, y desde luego es muy difícil ahora que el PP va a gobernar en tantas autonomías. Lo que haga desde ellas podrá verse como un anticipo de lo que hará el PP si triunfa en las elecciones generales.

Frente al dontancredismo tan querido de Rajoy, existe un riesgo cierto de que el tono del PP en los próximos meses sea demasiado cainita y genere anticuerpos. Anunciar auditorías (de infarto, porque para la derecha las auditoría siempre son de infarto) puede ser una buena manera de ganar tiempo y hacer daño a las administraciones salientes, pero puede no ser suficiente para satisfacer las expectativas de quienes esperan respuestas a la crisis.

Un maestro del circo político como Hugo Chávez consiguió tener entretenidos a los electores venezolanos durante tres años con asambleas constituyentes y enfrentamientos políticos, pero en 2002 estuvieron a punto de llevárselo por delante, entre otras razones, porque había predicado mucho pero había dado poco trigo. ¿Es seguro que los electores españoles van a seguir viendo al PP como opción ganadora si no hace nada positivo para salir de la crisis?

Lo que parece apuntar como línea general a partir de las insensatas palabras de Vicente Tirado sobre la ‘quiebra total’ de Castilla-La Mancha, combinado con la afirmación por Rajoy de que España tendrá el Estado de bienestar que pueda tener, sugiere que el futuro que anuncia el PP es de sangre y lágrimas, sin que se vea por ninguna parte el sudor, el esfuerzo por encontrar salidas. El catastrofismo y los recortes no son buenos argumentos para convencer a la mayoría.