Cadena perpetua

Aitor Riveiro

En los últimos años, varios casos han propiciado la apertura de un debate en la sociedad española que no parece haberse trasladado a nuestra clase política: la cadena perpetua. Los brutales asesinatos de Sandra Palo y de Mari Luz o la excarcelación de etarras con las manos manchadas de sangre son algunos ejemplos de crímenes que han sacudido la conciencia de una ciudadanía que ve cómo los asesinos salen en libertad sin que podamos estar seguros de que se han reinsertado en la sociedad; de que no van a volver a matar.

El asunto no es baladí. Cualquiera que no vea que el debate está en la calle, o está ciego o está mirando hacia otro lado. Y, como muchas veces ocurre, que los políticos obvien la cuestión no hace sino abonar el terreno a populistas y reaccionarios de la peor calaña.

La Constitución Española de 1978 reza en su artículo 25 que “las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social y no podrán consistir en trabajos forzados”. Esto es: cuando un juez dicta una sentencia debe pensar menos en el castigo y más en retirar de la circulación a un sujeto que, en ese momento, es peligroso para sus congéneres. Y el sistema penitenciario debe velar porque, cumplida la condena, esa persona sea un activo social, no un peligro para sus conciudadanos.

Tras el truculento (y pésimamente tratado por los medios de comunicación) caso de Mari Luz, el portavoz del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), Enrique López, aseguró que, había llegado el momento de establecer medidas en la ley “que vayan más allá del cumplimiento de una pena”. Según López, “hay que medir no sólo la culpabilidad, sino también el grado de peligrosidad de un delincuente a la hora de reincidir”.

No puedo estar más de acuerdo con López. Es absolutamente necesario emprender cuanto antes una reformulación completa del Derecho Penal español. No puede ser que un violador irredento salga a la calle si queda la más mínima duda de que vaya a reincidir, aunque haya cumplido su pena íntegra; de la misma manera, no es justificable que un enfermo mental cumpla una condena en una prisión, digamos, normal y luego sea devuelto a su entorno sin ningún control. ¿En qué cabeza cabe que un pederasta viva sin ningún control policial y médico? Ejemplos hay miles. ¿Debe tratarse de la misma manera al ‘yonki’ que asalta una farmacia y mata a una persona que al sicario que asesina por encargo?

El problema viene, como siempre, cuando el debate lo dominan los líderes de opinión equivocados. No deben ser los programas basura de televisión los que abran la caja de los truenos, porque su único objetivo es hacer caja, no construir una sociedad mejor. No puede ser un ‘periolisto’ de ‘Está pasando’ el que (des)informe a los telespectadores, porque, no sólo no sabe, sino que únicamente busca polemizar para ganar audiencia, sin importarle las consecuencias que sus actos tienen.

Deben ser los poderes públicos (políticos, jueces, abogados, sociólogos, juristas, politólogos, filósofos) quienes moderen el debate. Y deben ser los medios de comunicación serios, respetables y comprometidos los que sirvan de correa de distribución del debate. Y debe propiciarse la retroalimentación entre dirigentes y ciudadanos.

Yo no quiero saber si mi vecino violó hace 4 años a una mujer, porque tiene derecho a la intimidad. Pero sí me gustaría que esa persona tuviera un seguimiento por parte de las autoridades. No necesito que un enfermo mental se pase la vida entre rejas para sentirme seguro, pero sí exijo un control por parte del Estado (en toda su extensión). Y si una persona no es recuperable para la sociedad, no es reinsertable, no debe salir a la calle, sino permanecer en un centro donde esté bien atendido: protegido él y protegidos todos.

25 pensamientos en “Cadena perpetua

  1. ¡Saludos a todos!

    Excelente artículo, sobre un tema de gran repercusión social que, como sugiere Aitor Riveiro, no se está materializando en un debate sosegado que se hace muy necesario.

    Entre las masas que demandaban la sangre del pederasta y presunto asesino de Mari Luz a la puerta de los juzgados de Huelva subyace el parecer de que la pena debe ser concebida como el castigo debido para el criminal. Y es ésta, la función punitiva de las condenas, sobre la que abundan los programas rosas a los que hacía mención Aitor Riveiro, la que mayor aceptación tiene en una buena parte de la sociedad, y la que se presta en mayor medida a que se propongan reformas penales de elevado impacto simbólico, pero de escaso valor en relación con otras funciones.

    La Constitución española establece que la privación de libertad deberá cumplir una función de reinserción del condenado en la sociedad. En Estados Unidos, en torno al 60% de los presos que cumplen condena son procesados por la comisión de algún delito en los tres años posteriores a su excarcelación. Y la mayor parte de ellos son reincidentes en el tipo de delito. El caso de los agresores sexuales es quizás el que aporta mayor evidencia empírica constatando el fracaso que suponen las políticas de reinserción del preso. Y, ante este hecho, son mayoría los expertos que se inclinan por hacer recaer el peso de la culpabilidad en el delincuente, exonerando al sistema de responsabilidad en su función de reinserción.

    Por otra parte, es indudable que la amenaza de la condena reduce la propensión a delinquir. Más allá, una parte no despreciable de los especialistas sostienen la hipótesis de que cuanto mayor sea la pena, menor será el incentivo a cometer un delito. Esta teoría (no particularmente convincente en el caso de condenas suficientemente largas), aporta al debate un argumento adicional a quienes apuestan por el incremento de la duración de las penas, a pesar de que no sirva para evaluar la conveniencia de poner o no en libertad a una persona que cometió un delito muchos años antes.

    Estas y otras consideraciones son terreno abonado para que se instale en la sociedad la idea de que el código penal debe modificarse en la línea de incrementar la duración de las condenas en algunos tipos de delito, llegando incluso a proponer la privación de libertad indefinida en casos, como el de las agresiones sexuales, en los que existe una alta probabilidad de reincidencia.

    Se le atribuye en este caso al sistema penitenciario una función de protección de la sociedad frente a un potencial criminal, lo que supondría, llevando a un extremo la interpretación, que la sociedad se arrogaría el derecho a encarcelar a una persona para evitar los crímenes que pueda cometer.

    El problema fundamental es que una buena parte de la sociedad es proclive a aceptar este tipo de discriminación estadística, debido a la condición del delito: para evitar que un pederasta vuelva a cometer un abuso, impongámosle una pena de cadena perpetua, a pesar de que una buena parte de los agresores sexuales puedan reinsertarse en la sociedad tras un largo periodo de encarcelamiento.

    Se impone buscar un equilibrio entre la función de reinserción que ha de tener el ordenamiento y la necesaria protección que la sociedad precisa, tratando de evitar que se adopten políticas populistas alentadas por la alarma social que los casos de violencia sexual generan. En este sentido, es cada vez más habitual habitual en el ordenamiento de algunos países la existencia de medidas de evaluación del grado de riesgo del convicto a reincidir y la imposición de medidas de protección de la sociedad acordes con éste, entre las que se incluyen la supervisión tras la excarcelación o programas de reinserción activa en la comunidad.

    No hay duda del riesgo que supone evaluar el potencial de reincidencia de un agresor sexual y diseñar un plan de reinserción. En cualquier caso, cualquier medida que suponga la excarcelación del delincuente supondrá reducir la protección de la sociedad. Quizás sea ese el precio mínimo que haya que pagar. A cambio, los sistemas penal y penitenciario se orientarían a servir a la función de reinserción que les encomienda la Constitución y contribuirían a la protección de la autonomía personal del ex-convicto.

    ¡Saludos!

  2. ¿Cadena perpetua?
    Sería un cambio importante en un pais en el que quien delinque y abusa de su posición, empresarial o política, para llevárselo calentito y, una vez descubierto, penar unos cuantos años en la carcel, cuando tiene mala suerte, sin necesidad de devolver lo robado y con posibilidad, al poco tiempo de pena, de tener algún tipo de reducción de la misma por buena conducta, o por haber aprendido a hacer punto ingles y cosas así.
    Yo creo que habría tambien que tratar de evitar esa posición que algunos consiguen con sus actos y que se podría entender como de “riqueza perpetua” desde el momento en el que no se les exige reponer lo sustraido. Sería un buen comienzo desde el otro extremo del expectro.
    En cuanto a la conveniencia de valorar la posibilidad de incrementar las penas para casos de los llamados “de alto impacto social” creo que sí, que habría que entrar en ello desde los poderes públicos. De todas maneras y en los casos considerados de agresión sexual y pederastia, lo que me preocupa es la habitual definición de que “no es posible su rehabilitación”. ¿Quiere decir eso que es superior a sus fuerzas? ¿Son enfermos crónicos? ¿Se debe penalizar con carcel perpetua a quien es incapaz, genéticamente hablando, de reprimir su natural inclinación? ¿Hay que crear otros tipos de residencias menos “carceleras” que los penales clásicos?
    Esa situación nada tiene que ver con la que hemos “sufrido” en multitud de ocasiones con las chulerias de los etarras en los juicios y en los que se mofan de todos, incluidas la memoria de sus víctimas, y lo que nos solivianta el conocer que, gracias a redenciones absurdas, entre las que se encuentran el estudio a distancia de materias que, aparentemente, no son más que excusas para provocar una más temprana salida, por lo incontrolado y el presumible excaso rigor a la hora de verificar el nivel de conocimientos adquiridos. En esas circustancias yo si que estaría de acuerdo en que los presos sufrieran los problemas que la ciudadanía en general sufrimos con el retraso en infinidad de asuntos de justicia y administración general. Yo, una vez decretada su excarcelación, los tendría unos cuantos años más dentro, de ventanilla en ventanilla, creadas dentro del penal al efecto, rellenando papeles, poniéndo pólizas, escuchando el “vuelva usted mañana” etc. etc.
    Enfin. Hay tema para largo.

  3. Correa de distribución o cadena de transmisión? Expectro? DC es infinitamente mejor que cualquier programa de telebasura, tanto por la calidad de sus artículos como por la valía generalizada de los comentarios. Y sin así no es un foro apropiado para un tema tan complejo.
    Perpetua? No, nunca, aunque sólo sea porque la posibilidad de error judicial también se aplica.
    Medidas de control post pena? Claro, de hecho en paralelo a la pena si la excarcelación es condicional. Pero que también incluyan medidas de apoyo y ayuda, para reinsertar al que lleva años excluido: por piedad pero sobre todo por egoísmo social; con ayuda es menos probable que vuelva a delinquir.

  4. Perdonenme que entre a saco pero estoy a favor de la cadena perpetua para todos los periodistas que estan informando sobre el asunto del aceite de girasol.
    Ayer asisti a la rueda de prensa del ministro de sanidad y todos los responsables que han estado al lado del gobierno en esta crisis .
    Fue realmente patetico escuchar el tono de las preguntas y la utilizacion de prejuicios previos (valga la redundancia) por parte de unos periodistas que no supieron entender en ningun momento de lo que les estaban diciendo los responsables de actuar en esta crisis.
    No soy periodista y no me voy a poner aqui a clarificarles a ustedes todo lo que los periodistas se han dedicado a “oscurecer”.
    Solo afirmar rotundamente que el aceite de girasol embotellado NO ES TOXICO.
    El gobierno ha actuado con responsabilidad y ha resuelto un problema de “CALIDAD” en menos de 78 horas,con la colaboracion de los empresarios y de las asociaciones de consumidores y ha sido respaldado por la Union Europea.

    Ayer senti verdadera verguenza ajena viendo la actitud de los periodistas…
    Hemos discutido muchas veces sobre la manera en el que el gobierno informa de los asuntos que trata el ejecutivo…pero por mucho que digan las cosas claras y con verdadera transparencia informativa siempre tendra delante una “clase periodistica” incapaz de dejar atras sus intereses mediaticos.

    En conclusion…pido la cadena perpetua para tanto Impresentable.

    Y no crean que es para quitarles la libertad sino para que estiren mas a menudo de la Cadena para que se vaya por la cloaca tanta mierda.
    Los periodistas de este pais necesitan estirar de la cadena…perpetuamente.
    ¡A la mierda!

    P.D:
    Alguno pensara que soy un fan recalcitrante de Zapatero y que defiendo lo indefendible…alla ellos si quieren seguir engañados.

    A mi ya no me engaña esa corriente de pensamiento.(lo de pensamiento es un decir)

  5. Por otro lado soy contrario a cualquier pena que no signifique la rehabilitacion del preso.
    En casos extremos hay que poner mas medios para que lo que dictan las leyes sea cierto y no un mero “paño caliente incierto”.

    Les recuerdo que no hace muchos años se detenia a los homosexuales como vagos y maleantes…y “la mato por que era suya” era un eximente.

  6. Solo una pequeña corrección a antesala.
    Es que mezcla ud dos cosas. La primera dice “es indudable que la amenaza de la condena reduce la propensión a delinquir.” En esto estoy de acuerdo y como ud dice, es indudable. Este es uno de los fines de la pena, que se denomina “prevención general”. Sería una especie de disuasión.
    En lo que no estoy de acuerdo es en la segunda parte. Cuando dice: “Más allá, una parte no despreciable de los especialistas sostienen la hipótesis de que cuanto mayor sea la pena, menor será el incentivo a cometer un delito.” Desde luego es una teoría bastante minoritaria y que deshechó explícitamente la escuela criminológica de Chicago, considerada hoy por hoy la mejor del mundo. De hecho no conozco a ningún criminólogo que hoy día defienda eso. No digo que no lo haya, pero yo desde luego no lo conozco.
    Lo que disuade de la comisión de un delito no es tanto la duración de la pena, sino la inmediatez y seguridad de la misma. Cuando en una sociedad hay un porcentaje elevado de esclarecimiento de delitos, hay menos delitos. Y cuanto más rápida es la justicia, sucede lo mismo. Es más, es un dato contrastado el hecho de que las personas que cumplen una condena que consideran proporcionada y que se sienten bien tratados por el sistema penitenciario reinciden menos que las que han sido vejadas o sometidas a condenas excesivas.

    Es que a veces hay conceptos que se cuelan como verdades absolutas y no lo son.

    Y sobre el tema de hoy. Por estas casualidades de la vida, en mi círculo de amistades ha coincidido un elevado número de funcionarios de prisiones. Comentando este tema, me dicen que una vez que los reclusos pasan un número determinado de años en prisión, se convierten en irrecuperables. Ellos dicen que están “prisionizados”. Son el típico tío que se dedica a hablarte de “respeto” que a ellos los respetan porque se ganan el respeto y tal y tal. A esa gente, o se la reeduca antes de salir (sí, ya sé que el término reeducación suena fatal) o cuando salen a la calle se rigen por unos códigos de conducta que no son los de la sociedad.
    Entonces, ¿de qué habría servido la pena? Por un lado para la prevención general de la que hablamos y por otro lado para la inocuización. Mientras está en prisión es imposible que delinca fuera, sin ninguna duda. Pero ¿sirve para disuadirlo de que vuelva a delinquir? ¿sirve para la prevención especial? Pues evidentemente no.

    Para terminar, yo creo que el debate no está ahí. No está en si tienen que pasar más tiempo dentro, sino en lo que tienen que hacer dentro.

  7. “No está en si tienen que pasar más tiempo dentro, sino en lo que tienen que hacer dentro.”

    Pablo Franco lo ha explicado mejor …gracias.

  8. Gracias, Aitor. No es fácil, no es fácil sacudirse una serie de complejos que, creo, nos nublan el juicio a muchos al pensar en estos asuntos desde la izquierda.

    Nuestros esquemas se han ido configurando en torno a una serie de imágenes: a) el delincuente como rebelde frente a un orden social injusto, y el delito como una forma de combate contra el sistema; b) el delincuente como representante arquetípico de las clases populares desfavorecidas, alguien “forzado” por sus circunstancias a delinquir; c) el derecho penal como un instrumento de dominación del capitalismo para perpetuar los privilegios.

    Lejos de Curro Jiménez o de los gitanos que robaban gallinas para comer, hoy hay un sistema de convivencia democrático y personas que atentan contra él imponiéndose con la violencia sobre el ciudadano común, para arrebatarle la vida, su integridad o sus bienes. Puro fascismo.

    Son los más desfavorecidos socialmente quienes más padecen la delincuencia. Los poderosos se protegen solos; a los pobres les hacen falta el Estado, las leyes, la policía, las cárceles.

    Un violador o alguien que mata a botellazos a su mujer es un tipo que no tiene nada que aportar a nuestra sociedad. Nadie me convencerá de que las “circunstancias” han conducido a un asesino de niños a actuar de esa manera. No quiero gastar el dinero de nuestros impuestos en reeducar a alguien así. No lo quiero ni como vecino ni como conciudadano. Hay que excluirlo. Ya hemos debatido sobre esto: para mí, el único argumento verdaderamente definitivo contra la pena de muerte es la posibilidad de error judicial. Como alternativa, largas, largas penas y vigilancia estricta posterior que desactive el peligro.

    No entiendo eso de que cuando la reeducación falla (una evidencia) hay que buscar la responsabilidad del sistema. No; la reeducación sería algo deseable, un objetivo, una posibilidad que se le da al delincuente. Pero si “falla” eso quiere decir, por ejemplo, que un sujeto individual después de haber violado vuelve a violar. Y tenía la opción de no hacerlo, siempre la tenía. Derivar las responsabilidades es algo que no conduce a nada. Siempre se puede optar entre clavar o no clavar el cuchillo.

    En fin; es elegante tener un discurso más compasivo o sofisticado. Reconozco que a mí la violencia grave contra las personas me genera un rechazo visceral que me impide mayor ponderación.

    Abrazos para todos.

  9. Dice ud Teoura que no quiere gastar el dinero de sus impuestos en reeducar a esos individuos.
    Entonces, es evidente que pocas soluciones hay. O se les mata, o se les mete en una celda y se tira la llave o se les deporta a una isla desierta. No hay muchas más opciones.
    De todos modos, si es por un rechazo visceral se lo admito. Que me de una razón intelectual para ello no. Y es que cuando ud dice que esos elementos “no tienen nada que aportar a nuestra sociedad”, está haciendo una pequeña trampa. Si lo que tienen que aportar es la única variable para aceptar a alguien en sociedad, quizás sea hora de que dejemos de investigar las enfermedades invalidantes. O dejemos de medicar a la gente con un cáncer terminal. O simplemente que me expulsen a mí de la sociedad, ya que padezco una enfermedad parcialmente invalidante.

    Otro problema es el propio concepto. ¿qué es una enfermedad mental?
    Por ejemplo, el animal este que ha tenido 20 años a su hija encerrada en un sótano. ¿es simplemente perverso o es un enfermo mental? Si entendemos por enfermedad mental todo comportamiento que no se adapta a lo normal, este tío evidentemente es un enfermo. Si entendemos por enfermedad mental un desequilibrio que pueda ser diagnosticado y tratado, pues probablemente no, a no ser que ser un hijoputa pueda ser definido como enfermedad.

    El problema es que este debate es muy peligroso. Hasta hace no demasiado tiempo, en la ciencia penal se decía que entre dos sospechosos, el culpable siempre sería el más feo. También se quisieron descubrir psicopatías por la forma del craneo. Al final, el definir que hay gente con una inclinación natural al mal nos llevaría a la Eugenesia. Y sinceramente ese es un debate en el que no conviene mucho entrar. Es demasiado peligroso.

  10. ¡Saluods a todos!

    Quiero hacer una apreciación sobre el comenatario # 6, de Pablo Franco.

    Me alegra saber que la teoría de que cuanto mayor es la pena, menor es el incentivo a cometer delitos, es seguida por una minoría y que incluso ha sido rechazada por la escuela criminológica de Chicago, que debe de tener muy alta reputación, a juzgar por su comentario. Y me alegra porque opino que la teoría no es convincente con carácter general y, en particular, cuando se comparan penas de cárcel de larga duración.

    Pretendo que quede claro, como decía en mi comentario # 1, que opino que incrementar las condenas por delitos sexuales no reducirá los incentivos de los agresores a cometer las ofensas. También considero, por si no quedaba claro en mi comentario anterior, que el efecto disuasorio de la condena no es la cuestión en este asunto, porque el análisis se ha de realizar sobre el comportamiento potencial del que ya ha cometido un delito.

    Ahora bien, dice Pablo Franco, en alusión a mi comentario sobre la duración de las penas y los incentivos a cometer crímenes, que “a veces hay conceptos que se cuelan como verdades absolutas y no lo son”. Yo no he escrito que una teoría que, además, no comparto, sea una verdad absoluta. Es una teoría y hay de verdad en ella lo que la evidencia sugiera. Tampoco he manifestado que sea mayoritaria, sino que “una parte no despreciable de los especialistas sostienen esta hipótesis”. No sé cuantos son, ni qué cantidad de ellos son criminólogos.

    Pero sé que es una opinión que sostienen algunos académicos, como Gary Becker, profesor de la Universidad de Chicago (y premio Nóbel de Economía). Esta opinión la ha expresado en sus artículos clásicos sobre el análisis económico de las sanciones. Por condensar sus argumentos, aún con el riesgo de no ser suficientemente preciso, me remito a una opinión suya, expresada en el blog que co-edita con Posner el 18 de diciembre de 2005. Becker manifiesta su apoyo a la pena de muerte porque, en su opinión, disuade a los asesinos. En particular, opina que la evidencia empírica disponible hasta el momento, aunque muy limitada e imprecisa, muestra que la pena de muerte es más efectiva que la cadena perpetua, en su papel de disuadir al asesino potencial. (Además, opina que esto justifica el uso de la pena de muerte).

    La opinión de Becker remite a un trabajo del profesor Hashem Dezhbakhsh y otros, Does Capital Punishment have a Deterrent Effect?: New Evidence from Postmoratorium Panel Data,” American Law and Economics Review, 5, 2003, 344-376. Para quien esté interesado, este artículo contiene referencias a otros trabajos en favor y en contra de esta hipótesis, discusión que ocupa una agenda de investigación activa en el campo del análisis económico del derecho.

    ¡Saludos!

  11. 4 El Que Os Mira

    Lo del aceite …… de sainete.
    Además del ministerio de igualdad, deberían haber creado tambien el de la improvisación.
    Vivimos en el pais del aceite, por lo que sobre aceites, sus mezclas y adulteraciones sabemos un huevo y parte del otro. No es como cuando la colza, que se desconocía que era el aceite el motivo y solamente cuando se identificó se pudo actuar, ya tarde.
    Los periodistas en su papel. Si no quieren preguntas incómodas, que no den una rueda de prensa y saquen un comunicado. Decir que no están allí para satisfacer la curiosidad de los periodistas es de nota.

  12. Creo que existe una relación de intercambio entre vigilancia y prevención por un lado y castigos por otros. Castigar más duramente es una forma de economizar en vigilancia y prevención, pero, como aquí se ha dicho, no está claro en absoluto que permita reducir el crimen. Lo que hay que lograr es que los infractores sean castigados siempre, y si se consigue esto, con más policía, más y mejores jueces, etc, entonces podemos hablar de qué penas son más o menos adecuadas. Si todavía entonces hay motivos de debate, pues ya hablaremos.

    Otra cosa es que la cadena perpetua pueda ser justa a veces. Que las penas de cárcel sirvan para reeducar son sólo buenas palabras, aunque de vez en cuando y para cierto tipo de criminales puedan servir a ese fin. Sobre todo sirven para apartar a los delincuentes de algunas oportunidades de delito, para disuadir y también para castigar. Un Gescarterista, o un Roca, difícilmente van a ser reeducados, y es perfectamente posible que jamás reincidan, y sin embargo queremos que tengan su castigo, y lo queremos por algo que va más allá del efecto disuasorio sobre otros estafadores. Lo mismo se puede decir, en muchos casos, de quien asesina a su esposa, o de un terrorista.
    Yo no estoy seguro de si la cadena perpetua puede ser una retribución justa para algún tipo especialmente cruel y abyecto de delitos, pero, en todo caso, sobre su valor disuasorio me gustaría poder hablar cuando el esfuerzo económico en policía y justicia se haya visto incrementado.

  13. Antesala.
    Si esa frase le ha resultado ofensiva, le pido disculpas y dela por no dicha. Aunque no me refería a ud.

    No entiendo muy bien el que un premio nobel de economía se dedique a opinar sobre criminología. Pero la opinión del señor Becker la respeto como respetaría la opinión de Camilo José Cela (otro premio nobel) opinando sobre física cuántica.

    Sobre la pena de muerte. Lo que usted expone aquí es una verdad a medias, lo cual no deja de ser media mentira. Trataré de explicarme.
    La evidencia empírica sobre la pena de muerte, es cierto que hizo descender los asesinatos premeditados. La amenaza de la pena de muerte hacía pensárselo dos veces a quien quería matar a su suegra para heredar la casa.
    Lamentablemente los homicidios no descendieron, sino que aumentaron. En los estados en los que es legal la pena de muerte se dan más muertes violentas. Descienden los homicidios premeditados, pero aumentan, digamos los homicidios “pasionales”. Y con esto no me refiero a la violencia de género ni nada que se le parezca, hablo de un tío que te abolla el coche y lo matas, etc etc. Es el efecto criminógeno de la pena de muerte.
    ¿por qué sucede esto? Porque cuando el estado aplica la pena de muerte, el poso que queda en la población es que a veces es lícito matar. Que la vida humana no es un valor inalienable. Le quita a la gente “defensas psicológicas”.

    De todos modos, entiendo que un economista prefiera la silla eléctrica a la cadena perpétua. Deformación profesional, creo que le llaman.
    Un saludo.

    PD. Tareq creo que da con la clave, aunque lo toque de pasada en su artículo. Evidentemente entre los fines de la pena está la prevención especial y la prevención general, pero también está el fin punitivo. El puro castigo ante un ilícito penal. Si la pena solo tuviese que ser útil, perdería parte de su esencia.

  14. Bueno, Pablo Franco: le preciso; exclusión de la sociedad durante períodos largos para los culpables de delitos violentos especialmente odiosos. Si se rehabilitan, a la calle; si no, medidas de seguridad para garantizar que no volverán a hacer daño. Alguien que asesina a una niña merece una tarjeta roja definitiva. ¿Qué comprensión puede mostrarse ante alguna de las monstruosidades que se cometen, qué esperanza de reinserción?

    La verdad, que traiga a colación los casos de enfermos terminales para compararlos con los delincuentes no ayuda a disipar la confusión en este difícil asunto. ¿Qué tendrá que ver una persona muriéndose de cáncer con un violador? Si me quiere decir que un enfermo no aporta nada a la sociedad, no podemos estar más en desacuerdo.

  15. En relación con el comentario # 13 de Pablo Franco:

    No me he sentido ofendido por nada. Simplemente, he tratado de dejar claro que yo no he faltado a la verdad.

    Y ahora vuelvo a leer, en su comentario # 13, que lo que yo digo es “una verdad a medias, lo cual no deja de ser una media mentira”. Así que, por última vez, volveré a intentar constatar que no he mentido.

    En primer lugar, yo no sé (y no he manifestado) si la pena de muerte es mejor, peor o igual que la cadena perpetua en cuanto a mecanismo de disuasión. La opinión de que es mejor es de Gary Becker. Y esto no es mentira: esta es su opinión. Por otra parte, lo que él dice es absolutamente cierto: hay evidencia empírica, la aportada por el artículo de Dezhbakhsh, así como por otro al que se refiere, de Ehlrich, que sugiere que la pena de muerte es un mecanismo de disuasión más efectivo que la cadena perpetua. Becker también manifiesta que a él le resultan más convincentes los estudios que sugieren que la pena de muerte es más efectiva que la cadena perpetua, que los que sostienen lo contrario o que tienen el mismo efecto. En relación con esto, se puede estar de acuerdo o no, le pueden parecer a uno más o menos convincentes unos trabajos que otros, pero en esta opinión no hay ninguna falacia.

    En otro orden de cosas, hay un aspecto en el que discrepo radicalmente de la visión de Pablo Franco, con independencia de mi oposición -sin paliativos- a la pena de muerte. Que haya más muertes violentas en Estados donde rige la pena de muerte, o que aumenten los asesinatos en los mismos, puede deberse a diversas variables. El valor de los artículos que discuten la evidencia empírica está, precisamente, en el estudio que hacen de todas estas variables, que es lo que nos permite aumentar nuestra comprensión sobre lo que está pasando.

    Finalmente, y con todo mi respeto, hacia Pablo Franco y hacia Camilo José Cela, creo que un Nóbel de Economía que recibió su premio “por haber extendido el ámbito del análisis microeconómico a un amplio rango de comportamientos e interacciones humanas, incluyendo el comportamiento fuera del ámbito de los mercados” (según consta en la entrega del Premio Nóbel de 1992), incluyendo los estudios económicos sobre las sanciones, que siguen siendo los más influyentes en los ámbitos del derecho y la economía, tiene más autoridad para hablar de la pena de muerte que un Nóbel de Literatura sobre física cuántica, por mucho que su prosa rica e intensa describa la vulnerabilidad humana como ningún otro. Esto no obsta para que yo respete que cada cual, mejor o peor documentado, opine sobre lo que le parezca.

    ¡Saludos!

  16. 11 FERNANDO …una cosa son las preguntas incomodas y otra la estupidez hecha pregunta.
    No soy periodista..pero lo que dijeron los cinco responsables que habia en la rueda de prensa…actuaron mirando solo el interes general con pleno conocimiento de causa.
    Despues de lo que dijeron los responsables de investigar lo sucedido…que venga un periodista y pregunte ¿que puedo hacer con mi botella de aceite de girasol que tengo en casa? ..es para entrar en depresion profunda.
    Y el siguiente pidiendo que el ministro certifique con su estomago que el aceite de girasol que tiene en casa no es toxico ..como si fuera un Fraga bañandose en aguas radioctivas….
    Sigo pensando que “la cadena perpetua” se la tienen ganada a pulso esos periodistas.

    Gracias a Dios no hubo ningun periodista que saliera pitando y gritando…¡¡Me voy a morirrrrr!!..habria sido de pena capital….jeje.

  17. Antesala, está usted un poco susceptible, así que creo que esta será la última vez que me dirijo a ud. Más que nada para no tener que estar una vez tras otra justificando cosas que no tengo por que justificar, solo porque usted se crea el destinatario de las críticas.

    Cuando digo que lo que ud ha puesto aquí es media mentira, no digo que usted mienta. Digo que el señor que dice eso miente o dice media verdad. Si yo pusiera aquí unas declaraciones de Arzalluz mintiendo, y usted dijese que eso es mentira, yo entendería que se refiere a las declaraciones de Arzalluz y no al hecho de que yo las hubiese reflejado.

    No se moleste en contestarme, desde este momento me salto sus aportaciones.

  18. Pablo no seas tan duro con Antesala…dale tiempo….ya se dara cuenta que no es el centro del universo….El centro del universo soy yo….jeje.

  19. Pablo, no te pongas tan soberbio, enseguida te cabreas. Por cierto, qué enfermedad tienes tú?

  20. Hola Aitor, yo apoyo la cadena perpetua para los casos de asesinatos y violaciones (el problema quedaría en demostrar con seguridad que el culpado es el verdadero culpable…). Siempre he apoyado la reinserción, pero no en dichos casos. Aun asi, cuando alguien nace torcío, sigue torcío el resto de su vida, y eso se ve desde la escuela, con buenos servicios sociales desde el principio se podrían prevenir muchas cosas, pero eso requiere mucha inversión y no hago más que oir que los gastos públicos deberían recortarse.

  21. Una cosa puede ser el debate y otra el caso concreto, y creo que ahí yerra casi todo el post. Si el acusado de matar a Mari Luz hubiese estado condenado a cadena perpetua, eso tampoco habría evitado el asesinado de la niña. Por que el problema aquí ha sido un juez, o un sistema judicial, que no ha mandado ejecutar la pena, así que tendriamos al acusado condenado a cadena perpetua pero libre. ¿A que podemos condenar en este caso al juez o al responsable del desaguisado? Por otro lado el actual sistema penitenciario, ¿de verdad reeduca y reinserta en la sociedad? ¿o es un almacén de pobres desgraciados?

  22. ¿Se puede pedir cadena perpetua para los que abandonan la politica para dedicarse a los negocios?

    Hoy me siento flex.
    Zaplana abandona la politica para sacarnos los cuartos con Telefonica…¡Matilde sacame de la cabinaaaa!…jeje.
    Y por otro lado en Ibiza estamos de fiesta:
    La hija del ex ministro popular está imputada por la fiscalía por tráfico de influencias

    Estela Matutes abandona la política para dedicarse en exclusiva a los negocios familiares
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    Estela Matutes, hija del ex ministro del PP Abel Matutes, anunció ayer que deja su puesto en el Consell de Ibiza y la política en general para formar parte de la dirección de la cadena hotelera Fiesta & Hotels, que dirige su hermano. La ex consellera de Hacienda, Vías y Obras del municipio ibicenco está imputada junto a otros populares por un presunto de prevaricación desde cargo público cuando decidió una votación que afectaba a terrenos de su familia.

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    Para rizar el rizo hoy solo me queda ver como el Barça gana…pero si pierde, da igual…¡estamos de fiesta!….jeje.

    ¿Pratxi andestas?

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