Brújulas rotas

Senyor_J

Rugen en el PSOE como consecuencia de los resultados electorales cosechados por el partido el pasado domingo, tanto en el País Vasco como en Galicia. De las dos fotos, costaba adivinar cual producía un mayor disgusto. La primera reflejaba un noroeste dominado una vez más por el Partido Popular, donde una nueva formación de izquierdas entraba en el parlamento gallego por delante suyo y le remplazaba como principal partido de la oposición. La segunda mostraba un PSOE relegado a cuarta fuerza política, empatado en escaños con un PP que ocupa un lugar marginal en el Parlamento vasco y superado ampliamente tanto por Bildu como por Podemos. Y en ambos casos, unos fuertes descensos en votos y en escaños, que hacen aun más hondo el pozo electoral donde el PSOE reside en los últimos años.

Bring Me the Head of Pedro Sanchez se convertía así en el remake del clásico de Sam Peckinpah de la última semana de septiembre, a la espera del comité federal del día 1 de octubre, cuando se acabe de decidir todo lo decidible. Fiel a su estilo, el perseguido tomó la iniciativa el lunes anunciando la convocatoria de un congreso extraordinario exprés, que haría viajar al PSOE desde unas primarias en octubre, hasta un congreso en diciembre, como si no fuera a haber una convocatoria de elecciones generales en fechas realmente cercanas. Y claro, los desacuerdos con la idea no tardaron ni medio minuto en manifestarse. Propuestas alternativas fueron realizándose como si de una lluvia de ideas se tratase aunque lo que realmente se estaba gestando era una gran tormenta. En muy poco tiempo, las conspiraciones contra el todavía líder socialista trasladaron a la prensa de forma abierta: llamaba especialmente la atención esa tentativa del sector más hostil de forzar la dimisión del 50% + 1 del Comité Federal para tumbar a Pedro, aunque competía en encanto con la entrevista ofrecida por Felpe González a la SER ayer, en la que el antiguo presidente le asestaba golpes a mansalva y donde se declaraba engañado por Sanchez.

Casi parece que la entrevista de Felipe era una Grandola Vila Morena, porque tras la entrevista a Felipísimo los hechos se precipitaron: nada más llegar la tarde los críticos corrieron a presentar sus dimisiones y pusieron en marcha la maniobra de derribo, con el fin de impedir tanto el congreso exprés como la continuidad de Sánchez al frente del partido. Y en eso andamos en estas horas.

Ante todo este espectáculo, los espectadores que miran la obra desde la lejanía reaccionan de manera contradictoria. Por un lado aprecian que son muchos los que quieren muerto a Pedro Sánchez y no son pocos los que dan la razón a los conspiradores, dando por buena esa norma de que si los resultados electorales son malos, el principal dirigente debe poner su cargo a disposición del partido. Por el otro, hay personas opinadoras que, percibiendo los errores de Pedro Sánchez, ven en él la persona que mejor puede resolver ahora mismo alguno de los dilemas socialistas. En esa dirección se han expresado tanto Miguel Mora, en artículo citado en este mismo espacio, como Manuel Castells, el sábado pasado en la Vanguardia. En ambos casos, aunque desde perspectivas distintas, intentan centrar el debate en el fondo político de la cuestión y no en lo personal y eso nos lleva a hablar de las contradicciones de la socialdemocracia española y de la asignatura territorial pendiente.

Con motivo de las derrotas gallega y vasca, Miguel Mora señalaba con claridad que el retroceso del PSOE se relaciona estrechamente con la insuficiencia del discurso protofederalista que caracteriza al partido para generar interés entre los sectores sociales catalanes y vascos (y añado yo, gallegos) que aspiran a la profundización de su autogobierno y que esperan de un partido de izquierdas algo más que esa cerrazón más propia del Partido Popular. Cerrazón, no obstante, que responde claramente a los intereses de los barones del sur peninsular, a quienes les da auténtico pavor llevar ese tema a sus territorios. Pero el articulista también recuerda que los votos del PSOE están cayendo desde que en España se generó un 15M que reaccionaba contra la connivencia del PSOE con las políticas de la austeridad. Y al cabo de un tiempo surgió de eso una nueva fuerza, PODEMOS, que no solo inició un exitoso proceso de sustitución del PSOE como fuerza de referencia de la oposición a la políticas hegemónicas, sino que además se puso un traje territorial mucho más acorde con los nuevos tiempos, basado en la plurinacionalidad y la aceptación de procesos de referéndum. De todo ello surgió una doble fractura de preferencias en el territorio español. El primero corresponde a una zona sur donde el espacio electoral no pepero sigue dominado por el PSOE y una periferia donde la nueva política pasa por delante en candidaturas de confluencia y donde PODEMOS sobrepasa al PSOE cuando se presenta casi en solitario en lugares como el País Vasco. El segundo es un sesgo generacional: juventud podemita frente a un viejo electorado que sigue votando al PSOE como en los mejores tiempos de Felipe.

Está claro que en el PSOE cada barón ha entendido lo que ha querido sobre los factores, las causalidades y las consecuencias generadas en este proceso. Menos claro está lo que han entendido las bases, si es que aun existen. La respuesta más sensata la dio Ximo Puig en su día proponiendo listas conjuntas en Valencia y abriendo así un espacio de acuerdo entre PODEMOS y PSOE en el ámbito nacional y no solo autonómico, pero la tentativa fue severamente boicoteada por aquellos que consideran que hay que impedir a toda costa que PODEMO y PSOE se pongan de acuerdo para formar un gobierno con el apoyo de los partidos nacionalistas de la periferia. Un veto que no está nada claro si viene del IBEX o más bien de esos barones que sospechan que de concretarse, lo que se hunde no es el PSOE sino su posición en sus respectivas comunidades del sur de España. Como sea, ese camino sigue cerrado para el PSOE, toda vez que Pedro Sánchez no hace más que repetir que la única alternativa posible es un acuerdo a tres con Ciudadanos y que si no se logra no es culpa suya porque Albert y Pablo se vetan mutuamente.

El diagnóstico de consenso es que al PSOE se le ha roto la brújula y anda enfrascado en unas derivas que le llevan a un terreno desconocido y muy poco prometedor. Señalar la cabeza de Pedro Sánchez como bálsamo de todos los males, como ya se hizo con Rubalcaba, sin entrar a resolver las contradicciones de fondo, es inútil y además caprichoso: ¿cómo sabemos que el bálsamo no es precisamente sacarse de encima toda esa baronía que quita y pone secretarios generales, que se ha quedado a vivir en la política de los años 90 y que dificulta que el PSOE reconozca que vivimos un nuevo tiempo político, no solo por la existencia de nuevos partidos que amenazan su espacio, sino de grandes retos a los que nada aportan las lógicas de hace 30 años? Asimismo, el esperar que la nueva política se desinfle por sí sola en unas terceras elecciones para restablecer la ficción bipartidista con un gobierno del PP ya constituido sin demasiadas dificultades, es de ilusos: eso puede funcionar a corto plazo por el hartazgo del electorado, pero a largo plazo esos espacios devorarán a alguno de los partidos clásicos si apuestan por el anquilosamiento.

En medio de todo esto, Antón Losada dejaba dos buenas puyas en su artículo de ayer:

  • “Se acusa a Pedro Sánchez de embarcarse en esto por pura supervivencia política y como maniobra para conservar el poder dentro del PSOE. Una acusación que sería relevante si todos lo demás estuvieran maniobrando para conseguir la paz en el mundo y la felicidad de todos los españoles”.
  • “También se le imputa el cargo de mezclar de manera irresponsable los problemas orgánicos socialistas y los problemas de gobernabilidad. En todo caso podrá acusársele de haberlos agitado porque ya llevan nueve meses mezclados. ¿O es que las líneas rojas que se le impusieron en diciembre para dificultarle todo lo posible sumar una mayoría de cambio no tenían nada que ver con la lucha interna por el poder socialista?”

El articulista se sumaba así a las voces que apuestan por señalar como principal problema de fondo a ciertos componentes de la “coalición antisánchez” y que sueñan con que un cambio en los equilibrios internos arroje nuevas oportunidades para la gobernabilidad progresista. Yo sinceramente creo que comparte un error de apreciación con Mora y Castells. Desde mi punto de vista Pedro Sánchez no es más que un político buscavidas que persigue estar muchos años en el poder a cualquier precio, ni que sea ejerciendo el poder en su partido, cosa que ya le satisface bastante, al que su instinto de supervivencia le lleva a bunkerizarse y a adoptar las tácticas más conservadoras posibles y a posiciones políticas que pueden calificarse del mismo modo.

Mientras se desarrolla la crisis de dirección del PSOE y asistimos con incredulidad al teatrillo que dicho partido ofrece en un momento tan delicado políticamente, lo único que parece claro es que pase lo que pase en el PSOE en las próximas semanas, no creo que nos libremos de las terceras elecciones y del regreso triunfante de Rajoy a un gobierno, esta vez sí, votado en el Parlamento. Con Sánchez, con la gestora o con quien sea. Y a los pobres mortales solo nos quedará la truculencia, porque lo que es seguro es que ese sector aglutinado por su voluntad de desprenderse de Sánchez tiene poco más que le una.