Brexit: todo abierto

LBNL

El cierre de un acuerdo entre los negociadores de la Comisión Europea y el Reino Unido la semana pasada fue sin duda una buena noticia. Pero como ya habrán oído de múltiples fuentes (esta es buena), el acuerdo no garantiza que evitemos el desastre que supondría la salida del Reino Unido sin acuerdo el próximo 29 de marzo. Sin duda el principal obstáculo es el Parlamento británico: parece imposible que la Premier May consiga sacar adelante el acuerdo contra una parte de su propio partido, los unionistas y la oposición laborista. Pero nadie sabe qué pasará si pierde. Dice que no va a dimitir pero los rebeldes tories podrían conseguir deponerla. El tory más brexitero que se supone la reemplazaría de seguro no conseguiría nada extra de Bruselas así que, en este caso, brexit sin acuerdo. Si por el contrario May consigue sobrevivir al desafío interno, podría convocar elecciones o incluso un segundo referéndum. En el primer caso, si ganara haciendo bandera del acuerdo es posible – pero muy difícil – que consiguiera llegar a tiempo. No así si ganaran los laboristas porque se supone que querrían renegociar con vistas a la permanencia del Reino Unido en el mercado interior. Pero cabría pedir una prórroga y diga lo que diga Bruselas, seguro que se concedería. Ahora bien, la gran esperanza es que el caos en Londres fuerce un segundo referéndum y el pueblo británico vote por la permanencia. También en este caso la Unión maniobraría encantada para encontrar una solución a los problemas legales. Así que habrá que ir viendo.

Ni siquiera si el Parlamento británico aceptara el acuerdo estaría garantizado un Brexit ordenado porque no son pocas las voces que en Europa empiezan a plantear problemas respecto a las concesiones hechas a Londres en la negociación. Desde el punto de vista de la Unión, el principal problema es que el acuerdo de divorcio establece un mecanismo paritario para la resolución de los problemas que surjan. Eso está bien para el futuro pero no tanto para el periodo de transición acordado hasta el 31 de diciembre de 2020 – prorrogable – durante el cual el Reino Unido seguirá disfrutando de los mismos derechos y obligaciones que los restantes 27 Estados Miembros. Por tanto, lo lógico sería que hasta ese momento estuviera sometido a las mismas reglas que los demás. Pero solo lo estará respecto al comercio de bienes, que Reino Unido podría elegir que siga sometido a las reglas comunitarias más allá del periodo de transición al objeto de evitar una frontera entre Irlanda del norte y el resto de la isla.

Pedro Sánchez ya ha dejado saber que entiende que el acuerdo, que en principio los líderes de la Unión discutirán en una cumbre especial el próximo domingo 25, puede ser enmendado. Por poder, puede, pero obviamente reabrir cualquier aspecto, protocolo específico sobre Gibraltar incluido, complicaría todavía más su aprobación por parte británica.

La principal incógnita, sin embargo, es qué pasará en Londres. Y en Escocia, claro. La posición oficial laborista es que se convoquen elecciones si el acuerdo es rechazado por los Comunes. Lo cual es un incentivo en si mismo para oponerse al acuerdo. Dado que la convocatoria electoral no depende de ellos, mantienen abierta la opción de un segundo referéndum antes de llegar al divorcio sin acuerdo. Referéndum que también desearían los nacionalistas escoceses, que siguen insistiendo en que querrían permanencer dentro de la Unión en todo caso.

A Corbyn y a una parte de los suyos el cuerpo les pide brexit pero por razones contrarias a las de los brexiteros furibundos tories. Si para estos salirse de la Unión Europea permitiría a Reino Unido librarse de las correosas ataduras sociales y poder firmar acuerdos de libre comercio con medio mundo, Corbyn querría salir de la Unión por ser esta excesivamente liberal. Pero sus bases, sobre todo los jóvenes sobre los que se ha apoyado, no lo ven así. Por eso aceptó defender la posición mayoritaria en el partido y por eso, si no hay elecciones, exigirá la convoctoria de un nuevo referéndum en el que el pueblo pueda pronunciarse entre un brexit sin acuerdo o la permanencia en la Unión.

Por su parte, May va a jugar con el odio mutuo que ambos, Corbyn y los rebeldes tories, se tienen, y con el pavor que éstos le tienen a aquél. Porque aunque es posible que consigan alcanzar los 48 diputados necesarios para activar el “Comité 1922” y lanzar el desafío interno – ¿recuerdan cuando Heseltine desafío a Thatcher en 1990? – es mucho más complicado que lleguen a ganarlo, reemplazándola con un afín. Y si no lo consiguen, tendrán que apoyarla en el Parlamento cuando Corbyn plantee una moción de censura.

Así que es posible que May consiga sobrevivir y llegar a marzo siendo Primera Ministra. No está claro con qué objetivo más allá de seguir siéndolo, como ya demostró cuando aceptó ponerse al mando del Brexit pese a haber hecho campaña en contra.

En fin, demasiadas incógnitas que solo será posible ir despejando a medida que vayan pasando las semaas. Eso sí, me parece que queda claro que la consecución del acuerdo entre los negociadores no es sino una buena noticia dentro de un enorme galimatías político y legal que sigue pendiendo como amenaza grave sobre nuestras cabezas.

Un pensamiento en “Brexit: todo abierto

  1. Francamente, no entiendo nada , pero estoy de acuerdo con los que se quedan. Más presión y mejores condiciones para los nuestros , los que se quedan. Espero y deseo en último término que se queden.
    Ahora , me han vacunado contra los referéndums y el populismo para siempre jamás.

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