Bos dias. Egun non

Marta

Me encantan los días de elecciones, incluso el de hoy, cuando no me corresponde votar, pues ni soy gallega ni soy vasca, sino que procedo de una de las mesetas castellanas. Sin embargo, por distintas razones, siento una atracción especial tanto por Galicia como por el País Vasco. Desde siempre me ha “tirado” el tercio norte, supongo que en gran medida por el color verde que por allí domina.

 La situación parece incierta en ambas comunidades autónomas, pues en los dos casos se juega con la idea de posibles pactos postelectorales. Eso sí, en Galicia hay habas contadas, y todo gira en torno a si el PP es capaz de recuperar la mayoría absoluta que perdió en la anterior cita electoral. Sin embargo, en el País Vasco el panorama adquiere la forma de un cubo de Rubik.

 

No parece que la renovación del pacto entre el PSdG y el BNG sea una cosa hecha, y seguramente la noche sea de infarto, como sucedió hace cuatro años. Además, siempre hay que contar con el numeroso voto exterior, reflejo de lo que ha sido siempre esta Terra Galega: un país de emigrantes.

 

De Galicia guardo siempre dos imágenes: la de los sucesivos veranos de la infancia, y la que se quedó en la retina a partir de los viajes realizados cuando ya estaba crecidita. De pequeña pensaba que Galicia estaba poco menos que en el fin del mundo, y las tradicionales malas comunicaciones hacían que el viaje adquiriera la categoría de odisea. Eso sí, una vez allí, nos encontrábamos con el encanto de una playa mágica y gigante, una isla fascinante y un tiempo mucho más benigno de lo que se cree mucha gente, al menos en las Rías Bajas.

 

En la actualidad, llegar a Galicia no resulta tan aventurero, pues muchas cosas han mejorado para esa región. Pero vista una mirada más crítica, se percibe un cierto caos en muchos pueblos, un cierto descuido a la hora de crecer y desarrollarse. Da la impresión de que la codicia ha llevado a que lugares más o menos resultones hayan pasado a ser más bien feos. En sitios como Galicia se pone de manifiesto la necesidad de crecer, sí, pero no de cualquier manera.

 

Tal vez el gran reto de la nueva legislatura sea “encaminar” a Galicia por una senda que la lleve a crecer sobre bases más sólidas. Admito, en este sentido, que no termino de tener muy claro cual ha sido la aportación del Gobierno bipartito en estos últimos cuatro años. Sí sé que se han encontrado muchas dificultades para cambiar las cosas en ámbitos como el urbanismo.

 

En el País Vasco, con toda probabilidad, no se sabrá seguro quién ocupará el hermoso edificio de Ajuria Enea la misma noche de las elecciones. Por supuesto, comparto el deseo de cambio de muchos blogueros. Sin embargo, ante la imposibilidad de que ningún partido saque mayoría absoluta, las cuentas resultan difíciles, incluso en el que caso en que ganara el PSE. ¿Con quién podría pactar? ¿Y a qué precio?

 

Al País Vasco he ido menos a menudo, pero esos viajes son difíciles de olvidar, en especial, una estancia más prolongada el pasado mes de septiembre. Supongo que hablo marcada por mi condición de privilegiada funcionaria en prácticas… del Estado. Me impactó bastante que nos dijeran que lleváramos esa condición con “discreción” si hablábamos con “desconocidos”.

 

La presencia del PNV en todas partes resulta un tanto asfixiante, y si pierde el poder, será todo un reto abordar el hecho de que los “suyos” copan todos los lugares clave de la Administración vasca, y no me refiero sólo a los puestos reservados para los altos cargos.

 

La última vez que estuve en el País Vasco sentí que se respiraba mucho mejor que en ocasiones anteriores, La presencia de los amigos de los terroristas es menor, aunque siga siendo importante en determinados pueblos de Vizcaya o Guipúzcoa. También es verdad que la fuerza de determinados sectores no es tanta en la casi siempre tranquila Vitoria.

 

Esta es una tierra de terribles contrastes. Los paisajes son muy hermosos, los montes, con su verde, ciudades como San Sebastián, encandilan, y la gente, en general, es realmente cordial en el trato. Se come bien, se bebe mejor, y se vive bien, con un buen nivel de vida. Pero junto a la luz, conviven las tinieblas de un problema sin resolver.

 

Para los gallegos, para los vascos, para los forofos de la política, esta será una noche de muchos nervios. Puede que en poco rato esté todo claro, o puede que tengamos material de debate para días, o puede que para semanas. Seguramente, antes de mañana, sabremos quién será el presidente de Galicia, pero apuesto que no estará tan claro en el caso del País Vasco. Sólo queda desear, cuando empiece el recuento: “Buenas noches, y buena suerte”.

 

Bos dias. Egun non. Feliz domingo.