Bienvenido Mr Corbyn

LBNL

Así titulaba John Carlin su análisis en El País sobre la elección en primarias de Jeremy Corbyn como nuevo líder del Partido Laborista británico, que concluía afirmando que su llegada servirá para sacudir el panorama político incluso si no consigue ganar las elecciones, lo que todo el mundo da por sensato, quizás apresuradamente. Sabemos que, en buena lógica, las elecciones se ganan en el centro, es decir, atrayendo a los votantes menos decididos a votar por tu opción y como se supone que Corbyn es un extremista de izquierdas, los conservadores y los laboristas más centristas asumen que la eleccion de Corbyn garantiza al menos una nueva legislatura tory, cuando concluya la que acaba de comenzar. Está por ver. Lo que está claro es que el Laborismo de centro izquierda volvió a perder en mayo cuando lo tenía todo de cara para desalojar a David Cameron del gobierno.

¿Es Corbyn verdaderamente un extremista de izquierdas? Pablo Guimón, también en El País, analizaba el mismo día algunas de sus propuestas. No las comparto todas y algunas de las que comparto son de más fácil enunciado que aplicación. Por ejemplo, lo de subir los impuestos a los más ricos lo prometió y aplicó Hollande al llegar a la Presidencia de la Republique. No conozco ningún estudio sobre los resultados de la medida, pero sí que miles de los que se iban a ver sometidos a una tasa impositiva del 75% cambiaron inmediatamente su residencia a Bélgica o Reino Unido, desde donde pueden seguir operando en Francia sin ningún problema, incluso viajando a París en el día prácticamente todos los días.

Sin embargo, algunas de las medidas contempladas me parecen no sólo de sentido común sino perfectamente realizables. Y en absoluto extremistas. Considerar la salida de la OTAN me parece un absurdo, especialmente si en paralelo se propone renunciar a los submarinos nucleares que Reino Unido posee y no subir el gasto militar al 2% del PIB. El otro día un holandés me comentaba que él era bastante pro Defensa porque provenía de un país que había sido neutral y acabó ocupado por los nazis. Lo cierto es que el mundo es peligroso y el desarme unilateral es bastante insensato, por arriesgado. Más debatible es lo de oponerse a los bombardeos contra el ISIS en Siria e Irak, al no haber una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que los autorice. Yo personalmente creo que el ISIS debe ser combatido, mejor ayer que hoy, y a mansalva, incluso si no hay resolución de la ONU porque Rusia veta todo lo que suene a presencia internacional en el territorio de su aliado sirio. Pero la posición de Corbyn es ciertamente coherente con la legalidad internacional y, de nuevo, en absoluto extremista.

Tampoco resulta extremista propugnar la inyección de recursos para generar empleo, equilibrando el déficit pero a menor ritmo y tratando de incrementar los ingresos antes que reducir los gastos. Ni planear generar vivienda asequible o exigir que las entidades privadas rescatadas con dinero público sigan siendo del Estado cuando, ya saneadas, empiecen a dar beneficios. Hace no tantos años teníamos bancos públicos en España y no fueron privatizados porque perdieran dinero a espuertas, sino porque se nos convenció de que la gestión privada era más eficaz. Para los banqueros y sus acccionistas, obviamente. Aún hoy se nos pone como ejemplo la pésima gestión de muchas de las Cajas de Ahorros para ilustrar los problemas de la gestión pública. Pero no creo que Corbyn abogue por bancos públicos gestionados al alimón por su primo, el amigo del sindicalista de turno y alguno más, con libertad para financiar todo proyecto megalómano de la autoridad local más cercana. Una cosa es la titularidad, que define sobre quién revierten los beneficios, y otra bien distinta la gestión, o la gobernanza de la entidad, que puede ser perfectamente profesional, pero no sólo basada en la mayor ganancia posible sino combinando el fin de lucro con objetivos de política social.

Tampoco parece muy extremista querer revertir la crisis de la salud mental en Reino Unido. Nadie habla de ello, pero dejar a miles de personas con problemas mentales a la intemperie, destinados a sufrir sin fin y, algunos a causar daño a los demás, no es ni piadoso, ni justo ni eficaz. Si tuviéramos una red de salud mental mínimamente implantada por todo el territorio nacional, tendríamos muchos menos casos de suicidios, depresiones y demás enfermedades de alto coste económico, además de menos casos de bullying, violaciones, agresiones, etc. Que nadie proponga algo parecido no quiere decir que el que lo propone sea un extremista…

Pero sin duda Corbyn es un tipo de izquierdas, de izquierdas de verdad, y ahí radica la clave de su éxito. Somos muchos los que estamos hartos de que la social-democracia apenas se distinga del centro-derecha. En España, la distinción es más sencilla dadas las cazurras posiciones del PP sobre el aborto, la iglesia o el franquismo, por ejemplo. Pero en politica económica, la izquierda de hoy básicamente ha asumido el grueso de la política económica de la derecha. Es decir, se ha impuesto el pensamiento económico único porque, se nos dice, no hay ninguna otra política económica que funcione. Lo siento pero yo niego la mayor.

Si Corbyn pretende volver a la política laborista de los años sesenta y setenta, con sindicatos no sólo fuertes sino anquilosados, y la estatización de la economía sin más, gastando a manos llenas en subvenciones públicas sin reparar en el déficit o la inflación, le irá mal, si es que llega a gobernar, pero no por radical o extremista sino por antiguo. Defender los derechos de los trabajadores es una cosa y el corporativismo sindical otra bien distinta. Desregular es neoliberalismo pero regular no es necesariamente eficiente, ni lo contrario. Todo depende del contenido de la regulación. Tratar de revertir todo lo que ha hecho y hace la derecha porque es injusto que los menos favorecidos sean lo que paguen el pato de la crisis creada por los avaros sin límite, está bien siempre que no se pretenda volver sin más al estado anterior, sino arbitrar nuevas soluciones para nuevos problemas y nuevas situaciones sociales.

Ya veremos de qué es capaz Corbyn y si realmente se revela como un extremista (de amenaza a la seguridad nacional le ha tildado David Cameron…) pero, de momento y por lo que conozco, lo que yo veo es a un líder que suscita confianza en miles de personas que están hartas de injusticia y eslóganes vacuos y que, como poco, han conseguido dar un golpe sobre la mesa que puede traer cola.

Esperemos. Yo desde luego preferiría votar a Corbyn que a Pedro Sánchez. Como ya he dicho, discrepo de Corbyn en algunas cosas y me suscita dudas en otras. Pero por lo menos hace propuestas y tiene varios lustros de integridad, coherencia y rectitud a sus espaldas.

Lo escribí aquí hace tiempo. La crisis de 2008 fue el estallido de un colosal timo a la clase media. Nos hicieron creer que vivíamos cada vez mejor, cooptando a los líderes de izquierda (Clinton, Blair, Schroder) y bajándonos los impuestos y los tipos de interés, pero seguíamos igual o peor mientras unos pocos se forraban. Cuando el chiringuito se hundió, nos pegaron un segundo timo todavía más impresionante. La culpa era nuestra por vivir por encima de nuestras posibilidades y por tanto debíamos apretarnos el cinturón mientras nuestro Estado se gastaba nuestros impuestos en desfacer sus entuertos financieros. No está mal que haya alguien al mando del Partido Laborista que tenga las cosas claras y no tenga miedo a poner toda la carne en el asador para poner fin al expolio que hace que unos sean cada vez más ricos mientras los demás avanzamos a pasos agigantados hacia la convergencia con la pujante clase media china.