3 pensamientos en “Barra libre

  1. Brasil se Enfrenta a Tiempos Oscuros
    Resumen de Carta de Caetano Veloso al NYT (26/10/2018)
    Antonio Carlos Jobim solía decir “Brasil no es un país para principiantes”. Con esta canción el autor de “La Chica de Ipanema” consiguió elevar la música brasileña a un alto nivel mundial. Pero, cuando le repetí la frase de Jobim a un amigo americano, me contestó, “ningún país lo es”. En efecto, ahora mismo mi país está demostrando que es un país más entre los demás. Al igual que otros se enfrenta a una amenaza de la extrema derecha; una tormenta de populismo derechista. Nuestro nuevo fenómeno político, Jair Bolsonaro, que se espera gane las elecciones presidenciales este domingo, es un anterior capitán del ejército que admira a Donald Trump pero recuerda más a Rodrigo Duterte, el hombre fuerte de Filipinas. Apoya la venta sin restricciones de armas, defiende la actuación en defensa propia cuando un policía mata a un “sospechoso” y declara que es preferible tener un hijo muerto que un hijo gay.
    Si Bolsonaro gana las elecciones, los brasileños pueden esperar una ola de miedo y odio. En efecto, ya hemos visto como uno de sus seguidores el 7 de octubre apuñaló mi amigo Moa de Katendé, músico y maestro de Capoeira, en una discusión de política en el estado de Bahía. Su muerte dejó la ciudad de Salvador indignada y en luto.
    Recientemente, he estado recordando los años 80s; entonces los brasileños estábamos luchando por tener elecciones libres después de 20 años de dictadura militar. Si alguien me hubiera dicho entonces que algún día íbamos a tener presidentes como Fernando Henrique Cardoso y, posteriormente, a Luis Inacio Lula da Silva, me habría parecido un pensamiento ilusorio. Pero ocurrió: la elección de Fernando Cardoso en 1994 y la de Lula da Silva en 2002, tuvieron un enorme peso simbólico. Demostraron que éramos una democracia y cambiaron la forma de nuestra sociedad ayudando a millones de personas a escapar de la pobreza y la sociedad brasileña aumentó su autoestima.
    Pero, a pesar de todo el progreso y la aparente madurez del país, a Brasil, la cuarta mayor democracia del mundo, le falta solidez. Fuerzas oscuras, desde dentro y desde fuera, ahora parece que nos empujan hacia atrás y abajo.
    La vida política aquí ha retrocedido durante un tiempo – primero la recesión económica, después una serie de protestas en 2013, la acusación y caída de la Presidenta Dilma Rouseff en 2016 y un inmenso escándalo de corrupción que llevó a la cárcel a muchos políticos, incluyendo a Lula da Silva. Los partidos de Fernando Cardoso y Lula da Silva cayeron seriamente heridos y la extrema derecha encontró una oportunidad.
    Los ideólogos reaccionarios han estado – mediante libros, webs y artículos de todo tipo – denigrando cualquier avance hacia la equidad ligando las políticas sociales progresivas con la amenaza de que conducirán a un régimen estilo venezolano y que las defensas de los derechos de las minorías, erosionarán los principios religiosos y morales. La ascensión de un personaje como Bolsonaro como una figura mítica sería la salvación de todas esas amenazas.
    La mayoría de medios de comunicación han minimizado los peligros, trabajando de hecho a favor de Bolsonaro, describiendo la situación como una confrontación entre dos extremos: el Partido de los Trabajadores, que potencialmente conduciría a un régimen comunista autoritario, y el partido de Bolsonaro que lucharía contra la corrupción y suavizaría la economía de mercado. Muchos, de la prensa mayoritaria ignoran a propósito que Lula da Silva respetó las reglas de la democracia mientras que Bolsonaro ha defendido en repetidas ocasiones las dictaduras militares de las años 60 y 70. De hecho, cuando en agosto de 2016 votó para imputar a Rouseff, mostró en público que dedicaba su voto a Carlos Alberto Brilhante, famoso torturador de los años 70.
    Muchas personas aquí dicen que están planeando vivir fuera si gana las elecciones el capitán. Yo nunca he querido vivir en ningún otro país que en Brasil. Ya fui forzado a vivir en el exilio una vez. No volverá a pasar. Quiero que mi música y mi presencia sean una permanente resistencia a cualquier tipo de suceso antidemocrático que surja de un probable gobierno de Jair Bolsonaro.

  2. Dos excelentes descripciones de amenazas que presentan su lado fiero, tamizadas por el prestigio institucional.
    La implacable seducción de la tentadora fuerza corruptora de la riqueza fácil y espontánea -tanto más fuerte cuanto más humildes son los orígenes de sus objetivos -y la fortuna de los audaces , tanto más extraña cuanto improbable.

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