Banderita, tú eres roja; banderita, tú eres gualda

Aitor Riveiro

En los últimos años del felipismo, los líderes de la ‘España libre’ (Álvarez Cascos, Pedro J. y Ansón, ahí es nada) decidieron en una serie de reuniones que había que terminar con 14 años de gobiernos socialistas a toda costa. Los motivos esgrimidos por los tres mosqueteros no resultaban baladíes: GAL, corrupción galopante, pelotazos mil, crisis económica y una sociedad civil hastiada y cansada. Los métodos utilizados por los conspiradores fueron, como poco, de dudosa ética, siendo benévolos; el fin, quizá justificado. Allá cada uno con su conciencia. Tres lustros después de aquel episodio, la historia se repite. Pero, como dice el imaginario popular, segundas partes nunca fueron buenas. El nivel de cutrez y barriobajerismo de los ataques que está recibiendo desde que fuera investido el Gobierno de Zapatero no tienen parangón. Ya desde el día siguiente de las elecciones que llevaron al poder al PSOE la maquinaria mediática de la derecha se puso en marcha con un solo objetivo: apear del poder a los socialistas.

Para conseguirlo, no han dudado en manipular el peor atentado terrorista de la historia de Europa. Además, ETA se ha convertido en el eje del discurso de la oposición, tanto política como mediática y la sacrosanta unidad de España, el ‘leit motiv’ del último tramo de la legislatura: la recta final hacia las elecciones ya ha comenzado y la maquinaria se ha puesto en marcha a su máxima potencia.

La semana pasada dos fueron los temas que coparon la portada del diario ‘El Mundo’, a cada cual más insulso e intrascendente: la negativa de varios ayuntamientos españoles a izar, tal y como ordena la legislación, la bandera española; y la quema de unas fotografías del Rey por parte de unos cuantos independentistas catalanes en Girona.

Que la insignia española no ondea en determinadas casas consistoriales de la Comunidad Autónoma Vasca y Cataluña es algo sabido, tolerado y relativizado por todos los gobiernos de la democracia. No creo que ha nadie le extrañe que en muchos municipios gobernados por nacionalistas (y no tan nacionalistas) la rojigualda brille por su ausencia. Lo que sí extraña es que sea, precisamente ahora, cuando el periódico que dirige Pedro J. dedique portadas, editoriales y decenas de páginas a este hecho. Sorprende, digo, porque nunca hasta ahora había merecido la atención más que de grupúsculos de extrema derecha; y sorprende por el sesgo que se le da a las informaciones al respecto.

Cuando se ven esas portadas, esas soflamas y esos golpes en el pecho, uno tiene la sensación de que estamos cerca del día final, de que la unidad de España es algo del pasado. Pareciera que, antes del 14 de marzo de 2004, la bandera nacional hubiera ondeado en todos y cada uno de los edificios oficiales del Estado; es difícil imaginar tal cosa, cuando, con antelación a la Ley de Partidos, Batasuna gobernaba en multitud de ayuntamientos de Euskadi. También podría uno pensar que antes de que Zapatero tomara las riendas del país, la Ertzaintza y los Mossos d’Esquadra acudían raudos ante el flagrante incumplimiento de la ley que, día tras día, se observaba en diversas partes de España. O quizá deberíamos imaginar que durante los gobiernos de Aznar, González, Calvo Sotelo y Suárez la legislación era otra.

Nada más lejos de la realidad. El delito, que existe, se lleva produciendo años y años. Sin embargo, la repercusión mediática era mínima. Acorde a su importancia.

El otro tema estrella de la semana ha sido la quema de varias fotografías del Rey durante una manifestación en Girona. El Mundo consideró que el viernes y el sábado no había ocurrido nada más importante en el universo; el domingo ‘sólo’ mereció un sumario en portada. Que una manifestación de 400 personas ocupe la portada del segundo periódico más leído de un país es algo inconcebible. Pero que la nula reacción del Gobierno de un país poblado por cerca de 45 millones de personas a dicha manifestación también lo sea es algo digno de estudio.

En este caso, al igual que sucede con la bandera de España, el acontecimiento no es nuevo. Lo que sí carece de precedentes es la reacción de la oposición mediática y política a estos acontecimientos. ¿A qué se debe? Sin duda, a la proximidad de las elecciones. Tiene que estar tranquilo el Gobierno si, tras cuatro años de mandato, el único recurso que le queda al PP para tratar de ganar las elecciones es que unos cuantos tarados hayan quemado una foto del Borbón.

No me parece mal que desde ‘El Mundo’ quieran echar a Zapatero del poder. Ni que quieran aupar a Rajoy. La diferencia entre lo que ocurrió hace 15 años y lo que ocurre ahora es que, entonces, los motivos esgrimidos eran reales y la sociedad española los tenía muy presentes. Hoy, sin embargo, tratan de crear falsas noticias, dando una importancia exagerada a asuntos de corto recorrido y nulo interés para el día a día de la ciudadanía. Al personal no le importa un bledo la bandera de España. A mis vecinos les preocupa la subida de tipos de interés, de productos de primera necesidad, el paupérrimo estado en el que se encuentra la sanidad y la educación en determinadas autonomías, el aumento del paro…

Porque eso sí es importante.