Balance electoral y perspectivas

MCEC

1 – Según la extrapolación “a lo burro” publicada ayer en El (in)Mundo, aplicando los votos municipales del pasado domingo a los escaños al Congreso ventilados en cada provincia los resultados habrían sido: PP 148, PSOE 147, CIU 16, ERC 6, PNV 8, IU 13, CC 4, BNG 4, Otros 4. Es decir, victoria mínima del PP y Gobierno más que probable del PSOE dado que el PP necesitaría el triple apoyo de CIU, PNV y CC para alcanzar la mayoría absoluta más un escaño.

2 – Una estimación más sofisticada debe tener en cuenta el respaldo considerablemente mayor que reciben los dos partidos principales cuando lo que se decide es el Gobierno central. Al PP le votan muchos votantes de opciones regionalistas de centro-derecha en las elecciones locales. El PSOE se beneficia en cambio tanto de la mayor participación que se registra en las generales como del voto útil de muchos votantes de IU, que además es víctima de la corrección mayoritaria del sistema electoral. Seguimos en hipótesis de empate técnico y gobierno socialista en minoría.

3 – El PSOE ha tenido un doble problema en las últimas elecciones: en Madrid y Valencia el PP le ha sacado algo más de 800.000 votos. El PSOE ha ganado de calle las elecciones en el resto de España. De ahí la paradoja de que el PP haya ganado en votos totales pero pierda cuota de poder mientras que el PSOE la aumenta.

4 – Incluso con el descalabro de Madrid y Valencia el PSOE podría haber empatado o ganado en votos totales si la participación en dos de sus caladeros tradicionales no hubiera sido considerablemente más baja que la media. Destaca el 53.8% de Cataluña, la más baja de España, seguramente por el cansancio electoral provocado por el Estatut y las autonómicas: la diferencia entre PSOE y PP se redujo a “sólo” 640.000, comparados con los 960.000 de marzo de 2004 (con un 75.9% de participación). Pero también cabe mencionar Andalucía donde el 61.5% de participación redujo la ventaja del PSOE a 327.000 votos, comparados con los 862.000 de 2004 (74.7% de participación).

5 – En las generales de marzo de 2004 el PSOE empató técnicamente con el PP tanto en Madrid como en Valencia con una participación de casi un 79% y casi un 78%, respectivamente. En los diez meses escasos hasta las elecciones generales el PSOE no puede aspirar a ganar en ninguna de estas dos comunidades, si bien la concurrencia de Zapatero por Madrid contribuirá a reducir gran parte de la diferencia en esta Comunidad. Como también contribuiría la concurrencia de Zaplana como cabeza de lista por Valencia, especialmente si el PSOE escoge un buen primer espada, algo tan incierto como si fuera el Partido Socialista de Madrid el que decidiera el número uno por Madrid.

6 – La participación en las elecciones generales ha aumentado hasta el 75% o más siempre que ha habido una expectativa razonable de que podía producirse un cambio de Gobierno (1982, 93, 96 y 2004). En cambio, cuando no la había (1986, 89 y 2000), la participación se quedó en 70.5%, 69,7% y 68.7%, respectivamente. Cuanto menor participación mejor resultado para el PP. Pero resulta interesante observar que pese a que en estas municipales la participación ha sido menor que cuando el PP logró mayoría absoluta, la extrapolación “a lo burro” sólo le daría una victoria pírrica.

7 – Es previsible que la estrategia del PP no varíe. Zaplana, Acebes, Pujalte y demás volverán a protagonizar el acoso y derribo desde ahora mismo, para volver al congelador un mes antes de las elecciones, siendo reemplazados por las caras más “amables”, que no tendrán necesidad de repetir en campaña el mensaje catastrofista ya bien martilleado por los mamporreros estrella, ofreciéndose como alternativa firme pero centrista, y fresca frente a un Gobierno bajo sospecha de traición a la patria, trapicheo constante, ineficaz, y débil frente a las amenazas. 8 – En mi opinión el PSOE debe hacer una reflexión serena sobre las elecciones municipales y elaborar una estrategia tranquila, sin caer en la complacencia pero desde la cuasi certeza de que volverá a gobernar en la próxima legislatura. Debe abordar desde ya mismo la elaboración de un programa electoral renovado, que prometa más de lo mismo porque los resultados de la gestión de esta legislatura son más que buenos, pero que además incluya medidas estrella, que lleguen al ciudadano: pasar de la macroeconomía a la micro. Debe asimismo rehuir el combate cuerpo a cuerpo sobre el terrorismo, limitándose a presentar la excelente hoja de resultados: el menor número de muertos de la historia a cambio de cero concesiones. Y debe, por supuesto, encontrar rápidamente dos o tres personas que sepan y puedan transmitir los logros de estos cuatro años. Para mi es evidente que ni la Vicepresidenta, ni Moraleda, ni Blanco están capacitados para ello. En cuanto a Zapatero, creo que debería dedicar algunos esfuerzos a generar confianza en la opinión pública de que los errores más flagrantes serán corregidos. Por ejemplo yo votaría más tranquilo si el candidato del PSOE deja entender que renovará a un considerable número de ministr@s, especialmente aquell@s que su incapacidad comunicativa ha condenado a una virtual inexistencia política.

Otrosí: Tanto en Madrid como en Valencia el PSOE se enfrentaba a candidatos particularmente bien valorados (en particular Gallardón y Barberá). Pero más importante que eso, a mi juicio, son las fracturas internas proverbiales del PSM y del PSPV, estas últimas aún más graves y desde luego más añejas que las del PP valenciá. El PSOE no se puede resignar a no gobernar nunca en dos de las comunidades más importantes de España. Para conseguirlo considero indispensable renovar de arriba abajo la organización partidista en ambos territorios. Y hacerlo desde ya. El espectáculo que ayer ofreció el PSM, culpando de todos los males (supongo que durante los últimos 18 años de derrotas) a Miguel Sebastián, elección que ninguno se atrevió a criticar en su momento, fue particularmente ilustrativo de lo radical que debe ser la renovación. No se trata de prescindir de todo el mundo. Pero sí de acabar de raíz con las familias endogámicas y la mediocridad imperantes, más ocupadas de evitar la entrada de competidores potenciales que de ensanchar la militancia. Aun con la baja afiliación partidaria prevalente en España, valgan como ejemplo los escasos 200 militantes con los que cuenta la Agrupación Socialista de Centro en Madrid, frente a los 60.000 votos cosechados en ese distrito.