Baja calidad democrática

LBNL

Según Demoscopia, Podemos+IU sacará más votos que el PSOE en las próximas elecciones. Está por ver pero aún así, estoy convencido de que el PSOE sacará más escaños que Podemos+IU. También estoy convencido de que pese a que vaya a aumentar la abstención, lo que todos los expertos estiman beneficiaría al PP, el PP conseguirá un número menor de escaños al que consiguió en diciembre. De una parte, perderá algunos escaños frente a Podemos+IU. De otra, la inacción de Rajoy puede ser rentable para no poner en riesgo la altísima fidelidad de los votantes populares pero también implica que el PP no ofrezca ningún atractivo para quienes no le votaron en diciembre. Por último, pese al previsible aumento en votos y escaños de Ciudadanos, todo parece indicar que ninguna combinación de sólo dos partidos conseguirá alcanzar la mayoría absoluta.

Puede pasar cualquier cosa, es evidente, pero si mis convicciones no se desvían demasiado de la realidad – y la última parece gozar de consenso – seguiremos bloqueados con un riesgo elevado de que haya que volver a disolver las Cortes.

Tanto con Pedro Sánchez como con Susana Díaz reemplazándole en la Secretaría General, no veo cómo el PSOE podría aceptar un gobierno de coalición con el PP y mucho menos facilitar su investidura quedándose fuera. Solamente si Podemos+IU obtiene un mal resultado – no crecer apenas – cabría seguir confiando en que fuera posible un gobierno a tres bandas, con PSOE y Ciudadanos. No es lo mismo que el PSOE se niegue a pactar con el PP que Podemos+IU no puedan pactar con el PSOE, siquiera con Ciudadanos de rondón.

Queda un mes para las elecciones y pueden pasar muchas cosas, pero tengo muy escasas esperanzas de que los nuevos comicios sirvan para nada bueno. Veremos. Entre tanto, el Barça ha conseguido repetir doblete – nadie lo había conseguido de forma consecutiva desde el Barça de Kubala a primeros de los años cincuenta – y afortunadamente todos aquellos que quisieron contaminar el futbol con sus sentimientos independentistas pudieron hacerlo. Habría sido muy heavy que prosperara la prohibición de portar “esteladas” que algunos pretendieron. Una “estelada” no puede en modo alguno equiparse a una esvástica, por ejemplo, que sí debe ser prohibida bajo el precepto que prohibe portar símbolos de odio, etc. A mí el que lleva una “estelada” a un campo de futbol me parece un poco memo, especialmente si no juega la selección de Cataluña sino un Barça trufado de extranjeros y jugadores del resto de España, por más que algunos se hayan educado futbolísticamente en la Masia. Como me parece tremendamente irrespetuoso silbar cualquier himno. Pero sería un atentado insoportable a la libertad de expresión prohibir los silbidos y/o castigar con una multa al Barcelona – o al Ahtletic de Bilbao el año pasado – porque sus aficionados silben.

Ciertamente la directiva del Barça es parcialmente cómplice de semejantes comportamientos porque no recuerdo que se haya pronunciado claramente contra los silbidos al himno o haya hecho un llamamiento para que se respete el carácter puramente deportivo de la final de la copa, dejando cualquier simbología política a las puertas del estadio. Pero qué le vamos a hacer, es lo que tiene la libertad de expresión: la gente puede hacer memeces y no se les puede prohibir hacerlas o castigarles por haberlas hecho.

Como tampoco se puede parar al Barça de Messi, Iniesta, Piqué y Busquets, supervivientes de una generación de oro que se va renovando lentamente y amenaza con seguir ganando y ganando sobre la base de una filosofía y estilos de futbol atractivos y efectivos, por más que ayer tocara arremangarse y resistir contra las cuerdas durante un largo tramo del paritdo.

Rajoy volverá a quedar primero, pero seguramente se tendrá que ir a casa. Iglesias quizás supere en votos al PSOE, pero quedará por debajo en escaños. Y Ciudadanos subirá un poco, pero ni la mitad de lo que Rivera desearía. No sé qué pasará después, pero me temo lo peor: bloqueo indefinido y terceras elecciones. En cambio con el Barça todo es más sencillo: seguirá siendo el que mejor juega y probablemente seguirá ganando títulos en España y fuera de ella, lo cual no deja de ser excepcional y una lección de primer orden: jugar bien y ganar no sólo no son incompatibles sino que realmente suelen venir unidos.