Backstage del amor o del amor entre bastidores

Dagfinn

Ocurre algunas veces que una canción, una imagen o una frase te visitan por sorpresa y se instalan por un tiempo en tu cabeza. Recientemente me ha ocurrido con esta frase de la sabiduría popular, que llegó a mis oidos a través de un libro de Rosa Montero: “las mujeres dan sexo para recibir amor y los hombres dan amor para recibir sexo”.

No sabría valorar la calidad literaria de la frase, ni su profundidad intelectual, simplemente se ha quedado rondando entre mis pensamientos. Por momentos como si de una visita incómoda se tratase, y por otros, como una auténtica revelación.

Ahora que ha pasado la euforia y me estoy liberando de la dichosa frase, es cuando puedo reflexionar con sosiego sobre ella.

 Inicialmente creo que me sedujo porque establece una gran diferencia en las cuestiones del amor y del sexo entre hombres y mujeres. Cada uno busca algo distinto. No somos iguales. También habla de la exclusión y la complementariedad, como si fuesen dos caras de una misma moneda.Â

Apartir de esta reflexión básica y elemental retomo la frase, esto es, desde la dualidad, lo excluido y lo complementario. Ya que es así como nos situaríamos en el territorio propio del psicoanálisis, es decir, el del conflicto humano.

 En el mundo animal, regido por los instintos, que sepamos hasta el momento, el funcionamiento sexual tiene una meta clara y definida: la reproducción de la especie. No se conocen hasta la fecha relaciones entre animales donde se den casos de abusos, malos tratos, sadismo, masoquismo, psicopatía, etcétera. En el horizonte de las relaciones humanas la sexualidad, nos guste o no, abarca una extensión formidable que le confire una dimensión muy diferente, y desde luego hace mucho que ésta dejó de tener como único fin la reproducción de la especie. Desde el psicoanálisis se han desarrollado conceptos fundamentales para tratar de comprender el papel de la sexualidad y el amor en el desarrollo psicosexual del individuo.

 Me gustaría acotar el tema y por lo menos abordar, aunque sea someramente, dos conceptos fundamentales de la teoría psicoanalítica en la constitución del aparato psíquico: pulsión y narcisismo.

 El primer término aparece en la obra psicoanalítica para diferenciarse del instinto, que es una fuerza motora de descarga de carácter biológico y hereditario dirigido a la conservación de la especie. La práctica de apareamiento, cortejo y reproducción de cualquier especie animal se viene desarrollando con muy poca o ninguna alteración desde el comienzo de los tiempos. Por el contrario, la pulsión introduce una variación importante. También es una fuerza motora que funciona como una fuente interna aportando un flujo de excitación permanente (de la que no se puede escapar), y que constituye el resorte del funcionamiento del aparato psíquico. Todo individuo desde el comienzo de su vida deberá gestionar esta fuente de excitación interior, no evacuable, que no se sacia, y que en el mejor de los casos será reprimida cuando el sujeto cuente con un Yo adecuado. De este modo se constituye lo sexual inconsciente.

 La pulsión se plantea por tanto como una fuente de excitación interna sexual que cada individuo desde su infancia deberá ligar con todo el aporte genético y hereditario, así como con toda la estimulación procedente del exterior (ambiente) que recibirá desde su nacimiento. Ligar esta fuente de energía/excitación no es tarea fácil. Desde luego, la vida de las personas no consiste exclusivamente en saciar el hambre, dormir y asegurar la reproducción de la especie. El equilibrio que se establece entre esas demandas biológicas y las propias de la actividad humana (individual, familiar, social, cultural, profesional, económicas y sentimentales, etcétera) no es ni fácil ni sencillo de lograr y mantener. Este equilibrio más o menos precario, más o menos estable, que cada sujeto pueda alcanzar, se encuentra expuesto a la descompensación en diferentes momentos a lo largo de la vida. No hay que obviar que las relaciones sexuales y amorosas continúan siendo una de las mayores fuentes de placer/displacer para cada uno de nosotros.

 El concepto de narcisismo se incorpora a este desarrollo para dar sentido a las relaciones que el Yo establece con las exigencias tanto del mundo intero (la pulsión) como del externo (el ambiente), permitiendo al Yo preservar su coherencia interna.

 ¿De qué manera se liga y organiza lo pulsional para no quedar en una mera descarga repetitiva? A través del narcisismo o el amor a sí mismo (al servicio del Yo). El narcisismo como eje fundamental en la constitución del Yo permite establecer un equilibrio entre las fuerzas pulsionales que luchan por encontrar una descarga rápida y una satisfacción inmediata y la represión (super Yo).

 Del resultado de este conflicto intrapsíquico saldrá la capacidad de un adulto para integrar aquellos aspectos más primitivos/infantiles de su sexualidad con la capacidad de amar. Este es el conflicto al que en mayor o menor medida, de forma más o menos consciente, todos nos enfrentamos. Es decir, lo sexual desligado Vs lo sexual ligado.

 Volviendo a la frase inicial “Las mujeres dan sexo para recibir amor y los hombres dan amor para recibir sexo”. ¿De qué sexo estaríamos hablando? ¿De un sexo autoerótico y desligado? ¿De qué amor estaríamos hablando? ¿De un amor sin sexo? Si hablamos de amor sin sexo y de sexo sin amor, no serían propiamente dos caras de una misma moneda, pues éstas estarían funcionando de una forma un tanto desligada, en desconocimiento la una de la otra. Tenemos que permitirnos reconocer el papel que juega esta sexualidad dentro de las relaciones humanas, ya que frente al reconocimiento del otro siempre encontramos la fuerza de lo pulsional a la búsqueda de su satisfacción.

Ahora bien, en este punto considero importante acudir a dos mecanismos mentales psicoanalíticos de gran importancia para la comprensión de las relaciones interpersonales: la proyección y la introyección. Me refiero, como dice D.W. Winnicott “… a la capacidad de identificarse con otros y de identificar a otros con uno [mismo]. Como cabría esperar, hay personas que no pueden utilizar estos mecanismos, otras que pueden hacerlo cuando lo desean y finalmente las que los utilizan de manera compulsiva, lo deseen o no”.

 Para concluir esta breve reflexión termino citando al mismo autor: “… es obvio que cuando dos personas viven juntas y están unidas por un vínculo íntimo públicamente anunciado, como ocurre en el matrimonio, tienen amplias posibilidades de vivir cada una a través de la otra. En la salud esto puede concretarse o no, según las circunstancias. Pero mientras que a algunos cónyuges les resulta difícil cederse roles recíprocamente, en otros casos se observan todos los grados posibles de fluidez y flexibilidad. Sin duda es adecuado que una mujer sea capaz de ceder al hombre la parte masculina del acto sexual, y a la inversa en el caso del hombre. Pero además de la actuación, está la imaginación y es seguro que imaginativamente no hay parte alguna de la vida que no pueda ser cedida o tomada”.