Ay, el PSC

Guridi

Feliz “diada” y feliz inicio de campaña al “Parlament”.

El PSC se enfrenta a unas elecciones complicadas. De ser la fuerza mayoritaria en votos en Cataluña, dice el CIS que pasará a un cuarto puesto que era impensable hace no tantos años. Al igual que no todos los males de Cataluña vienen del resto de España, sino de los gobiernos de CiU, no todos los males del PSC vienen de factores externos, sino que muchos vienen de su propio seno.

Antes de nada, dejadme explicar mi premisa de partida: yo creo que el problema de Cataluña es el mismo que el de España: la derecha. Una derecha católica de negro, intrínsecamente corrupta, que se define como “buena gestora” mientras destroza las instituciones y que tiende a confundir al Estado con sus propias personas. En todo eso y muchas más cosas, el PP y Convergencia son indistinguibles.

Hubo un momento en el que el delicado equilibrio entre “obrerazos”, alcaldes (con sus alcaldadas) y refinados “Capitanes” de la burguesía “progre”. La tendencia de los socialistas para conspirar contra sí mismos levó al PSC a una inoperancia extrema y a dejar la parta operativa del partido reducida a un pequeño búnker en la Calle Nicaragua. Como en tantas cosas, se adelantaron al resto de nosotros.

El PSC ha sido incapaz de poder explicar que los recortes y las penurias que sufren los catalanes no se deben al malvado gobierno español en el que nadie se reconoce, ni los propios españoles, sino a esa derecha cínica que siempre han estado “Junts pel 3%”. Al igual que le pasó al PSE, pasaron sus años de gobierno atemorizados, queriendo cumplir los requisitos de buen gobierno que la derecha nacionalista les marcaba desde fuera. Cuando juegas con las reglas de otros, pierdes. Algo, que por cierto, no le vendrá mal recordar al bueno de Ximo Puig.

Entristece ver la invisibilidad de un Miquel Iceta venido a menos, cuyas respuestas a un figurón insolvente como Romeva no se llegan a oír nunca. Si es que las hay.

El PSC marcó el camino en muchas cosas. En organización interna, en ideas progresistas, en campañas innovadoras, en políticas de buen gobierno, en modernización, en políticas municipales redistributivas y modernas, en lo bueno y en lo malo. Hay veces en las que pienso con tristeza en que lo que “mató” al PSC fue precisamente gobernar Cataluña desde la Generalitat. pero hubo pasos posteriores que tampoco ayudaron, siendo el peor de ellos cuando los alcaldes tomaron la estructura del partido, desplazando a todos los demás y terminando de dar la puntilla a una organización herida.

El debate sobre la independencia, que llevamos demasiado tiempo siendo obligados a tragar a grandes cucharadas, me aburre. Y pienso que con un PSC fuerte no estaríamos hablando de lo que es mejor para las respectivas patrias, sino para todas las personas. La patria es algo demasiado exigente. Sólo habla a unos pocos, como Dios. Siempre te exige sacrificios y mirar mal a otros, como una pareja con celos patológicos. Sólo existe para unos cuantos y exige discriminar a infieles, escépticos y ateos. La patria pide grandes monumentos, banderas, símbolos; igual que los diocesanos piden templos e ídolos. La patria pide desfiles, igual que la religión pide procesiones. 

El motivo por el que los socialistas nos llamamos socialistas es precisamente porque pensamos en la sociedad. Y la sociedad necesita escuelas, hospitales, mecanismos y políticas que permitan a la gente llegar todo lo lejos que puedan y protegerles de los abusos de otros. El PSC hizo eso mucho mejor de lo que lo hicimos los demás durante mucho tiempo. 

Echo de menos al PSC.