MIR, FIR, BIR Y ¿JIR?

La Bruja Avería

Ya conocen ustedes la afición por los acrónimos en este país. En el ámbito sanitario, una puede acudir a una urgencia hospitalaria y ser atendida por un MIR, médico interno residente, de cualquiera de las especialidades médicas que existen  oficialmente. Puede tener la desgracia de tener una enfermedad oncológica y sus preparados quimioterápicos ser formulados por un FIR, farmacéutico interno residente, mientras que, si opta por visitar la unidad de fecundación humana, un BIR, biólogo interno residente, revisará la calidad de los ovocitos o de los espermatozoides de una o de su santo. Pero ¿podrá ser juzgada por alguna vez por un JIR, juez interno residente?

El Sr Bermejo, que según mi quiosquero, fiel oyente de la cadena innombrable, es malo, malísimo, ha armado la de san quintín: “Pescar las mejores truchas. Pero en lugar de peces, los alumnos más aplicados de Derecho. Y en vez de acudir al río, tirar la caña en la universidad”. Es decir, actualizar el proceso selectivo para acceder a la judicatura, transformando una oposición de corte memorístico,  a la que los licenciados y licenciadas en Derecho dedican una media de cinco años para su preparación, y que les posibilita el acceso a la Escuela Judicial, donde permanecerán año y medio  antes de ser togados.

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