Asustar y convencer

Lobisón

Parece evidente que Pablo Iglesias resultó vencedor por K.O. en el debate de La Noche en 24h en el que Sergio Martín autoliquidó su credibilidad con ese absurdo ‘Estarás de enhorabuena’ (por las liberaciones de etarras). Los tertulianos parecían haber decidido poner en su sitio a Iglesias, y éste se revolvió con decisión y dureza para ponerles en su sitio a ellos. De hecho, si tuvieran decoro, o simplemente sentido común, Sergio Martín y Alfonso Rojo deberían renunciar desde ahora a seguir en el programa.

Si la estrategia de Iglesias era marcar su territorio en un entorno hostil, lo logró plenamente. Pablo Iglesias puede ser educado pero no es una nueva versión de Bambi, eso quedó muy claro, y tampoco es fácil pensar en formas alternativas de comportamiento frente a los tertulianos que le intentaron rodear. Ahora bien, es muy posible que el resultado tenga algunos costes. Los espectadores no radicalizados y de talante pacífico pueden haberse asustado algo ante la dureza de la confrontación y del tono de Iglesias, por muy educado que éste fuera.

El problema no es menor. Podemos no tiene aún unas propuestas acabadas cuya defensa pueda constituir el núcleo argumental de su discurso. En ausencia de éstas, sólo cabe la confrontación con los adversarios para descalificarlos (o ponerlos en su sitio), y la invocación algo patética de la autoridad y prestigio de sus aliados intelectuales, lo que puede resultar poco convincente para quienes conozcan su trayectoria (por ejemplo la de Vicenç Navarro, presentado insistentemente como economista, aunque no lo es).

Eso significa que para evitar la imagen de imprecisión y vagas buenas intenciones que ofreció en la entrevista con Ana Pastor, Iglesias corre el riesgo de transformarse en un gran depredador, en ese macho alfa que no quiere ser. La consecuencia sería un alejamiento de quienes esperan ‘una nueva esperanza’ (ya saben: Star Wars, capítulo IV) y un mensaje restringido a los sectores más radicales del electorado. La pregunta es si esto le bastará o no a Podemos para desequilibrar definitivamente al ‘régimen del bipartidismo’.

No depende sólo de Pablo Iglesias, por supuesto. La cuestión es saber si Pedro Sánchez puede ofrecer esperanza a la vez que tranquilidad a los sectores menos radicales. Combinar la apuesta por un cambio de rumbo en Europa —aprovechando la oportunidad que ofrecen la nueva Comisión y los problemas de Alemania— con un programa realista de restablecimiento de la cohesión social es más complicado que criticar la situación actual. Y además de los riesgos de improvisación, de adanismo, el PSOE debe enfrentarse a su tendencia ancestral a comportarse como el ejército de Pancho Villa, en vez de ofrecer un mensaje unificado.