Aspaventeros de la minucia (1)

Permafrost

Disculpen que no aborde cuestiones de candente actualidad. En mi comentario de hoy seguiré en la línea de mi monotem´stica fijación por los juntaletras de nuestra fauna informativa local. El protagonista de mi anterior artículo no lo ser´s hoy en exclusiva, aunque, sin duda, ninguna referencia a los aspaventeros del foro o (para el caso es lo mismo) plañideras medi´sticas de gobiernos difuntos puede pasar por alto las excelencias de don Pedro.

La notable práctica periodística a la que deseo referirme es aquella que consiste en imprimir titulares como quien toca la bocina, con gran alharaca, rechinar de dientes e invocaciones al acabóse o, como indicó un redactor de El Mundo a un policía que le filtraba información, “a to trapo, metiendo mucho ruido.” Una práctica, además, que comparte con la higuera bíblica la vacuidad de sustancia bajo una apariencia rozagante y que, durante esta legislatura, los medios de siempre han empleado con prodigalidad de manirrotos.

Son muchas las manifestaciones de esta actitud, pero hoy me limitaré a señalar una de ellas: la exposición arrebatadamente solemne y milenarista de los mayores infundios de los “buenos”. Dejo para un próximo artículo otra de las modalidades: la tergiversada exposición escandalizada y escandalizante de las afirmaciones más obvias de los “malos”. Como cualquier asunto vale para ilustrar lo que digo, les aburriré un día más con ejemplos extraídos del 11-M.

Para el primer punto, el de las majaderías con sobredosis de hipérbole, nada mejor que el esperpento protagonizado en su día por Díaz de Mera. Ya sé que no es material fresco, pero cada uno vende su pescado y lo expongo meramente como un caso representativo de una categoría. Recuerden los datos fundamentales: el 14 de septiembre de 2006, en la COPE, el ex director general de la Policía declaraba que le constaba la existencia de un informe que relacionaba a ETA con el 11-M, que había sido guardado y sustituido por otro, de conclusiones más convenientes para el Gobierno socialista (pueden leer la transcripción en la edición de El Mundo del día siguiente). Cuando, declarando ante el tribunal del 11-M, se le pidió el nombre de su fuente para esta información, empezó el circo. Se negó a revelarla y, finalmente, salieron a la luz varios datos: el informe al que se refería estaba incorporado al sumario (él ni siquiera lo sabía), decía todo lo contrario de lo que él afirmaba y, para colmo, todas las personas a las que invocó declararon en sentido contrario, demostrando que una cosa es lanzar regüeldos en antena al amparo de los sacamantecas de siempre y otra bien distinta decir sandeces bajo juramento. Pero no les quiero repetir los hechos que ya conocen y fueron objeto de un ya lejano artículo en este mismo foro. Lo que me interesa es destacar, precisamente, la manera en que algunos trataron unos hechos que no eran nada, menos que nada, humo y paja.

Aquel 14 de septiembre, oyendo al Sr. De Mera, Pedro Jota aprovechaba la ocasión de subir al púlpito de Jeremías: “No sé si usted mismo es consciente del paso que acaba de dar al precisar con los detalles con que lo ha hecho las características del informe […] Ha dado unos detalles tan concretos, tan precisos, que de sus palabras no puede deducirse otra cosa sino que […] el ministro del Interior está cometiendo un muy grave delito.” Desastre, desastre. Y drama, mucho drama. Don Federico aludía en su columna de El Mundo (15.9.06) a esta “apasionante y conmovedora entrevista”, señalando nada menos que “sus frases, su sinceridad, sus aseveraciones, sus negaciones, sus públicas dudas, sus vehementes sospechas son ya parte de la materia de reflexión de millones de españoles”. Y, en La Mañana de la COPE de 29.3.07, tras la actuación de De Mera en el tribunal, negándose a revelar su fuente, Losantos despotricaba [Federico a las siete, min. 26:45]: “El caso Díaz de Mera, el incidente Díaz de Mera ayer en el 11-M es probablemente el momento de más tensión […]. Díaz de Mera tomó, por razones de conciencia, esa decisión, porque está convencido […] que Interior está en manos de una pandilla de gángsters que son capaces de acabar con la carrera y hasta con la vida de una fuente de información para alguien del PP.” Pero, para drama, nada mejor que lo vivido con la intervención de P.J. en la tertulia del mismo día. No se lo pierdan [min. 9:55 y ss.]: “Usted ha dicho antes [Losantos] que esto era como una película de Hollywood. Yo creo que es algo mucho más profundo. Yo creo que hay que apelar a Shakespeare o, para ser españoles, a Calderón. Aquí está todo, aquí está ‘El puñal del Godo’, aquí está ‘El Alcázar de Toledo’. Lo de ayer es el drama de dos hombres honrados. El uno, prisionero del honor, el otro, prisionero del deber. […] Y los dos lo hicieron muy a disgusto. […] Quien tiene ahora la llave, la única persona que puede liberar de la prisión del deber y del honor en la que está el Juez Gómez Bermúdez y en la que está Agustín Díaz de Mera, es esa fuente de información, ese policía al que Díaz de Mera describió como una fuente policial acreditada y honesta. […] Yo quiero pedirle, rogarle, […] que dé él el paso adelante, que abra la puerta de la prisión ética en la que un Juez que… no hay más que repasar el interrogatorio, el Juez da la sensación de estar convencido de que Díaz de Mera está diciendo la verdad… […]. [Si habla], todos los demócratas […] y los medios de comunicación que buscamos la verdad vamos a estar a su lado. […] Dense todos cuenta, además, del tono en el que [el Juez] Bermúdez se dirige a él, dice: ‘si hace falta, interrumpimos para que usted medite… o consulte con sus seres queridos’. ¿Por qué le dice el juez al director de la Policía que consulte con sus seres queridos? ¿Por qué razón nos habló de su familia Agustín Díaz de Mera aquella mañana tan emocionante en la que mucha gente detuvo el automóvil para poder escucharle por el nudo en la garganta que se le estaba haciendo al oírlo? Yo creo que estamos ante uno de esos momentos cruciales. Ante un momento en el que la conciencia de la nación necesita que ese policía dé el paso adelante para ayudar al esclarecimiento de la mayor masacre que hemos vivido en España”.

He tenido que tomarme unos minutos para enjugar mis lágrimas de congoja por la conciencia de la nación, con un nudo en la garganta… y seguir escuchando al maestro [min. 18:34]: “Gómez Bermúdez le dice al final: ‘llame a la fuente’. Y ahí se produce también una respuesta sobrecogedora, porque dice: ‘tendrá el teléfono pinchado’. Y lo dice… y no lo dice un lego…”

Y, tras el sobrecogimientos, la conmoción y el estupor,  to pa na, pero ¿creen ustedes que después del fiasco, después del estallido de la burbuja, alguien ha pedido perdón por sugerir que el ministro del Interior estaba “cometiendo un muy grave delito” y que los “gángsters” de Interior pinchaban teléfonos de policías o amenazaban su vida…? No, no se molesten, es una pregunta retórica.

Estos, que se suponen proveedores de información y se comportan como el agente literario de Stephen King, se apresuran a alzar el puño como Scarlett O’Hara cuando se quedan sin mortadela, sudan un Gólgota por un tercero sin ascensor y lloran el Titanic en el estanque de El Retiro… Para ellos, todo momento es la antesala del momento que será el gran momento definitivo. Hagan la prueba: busquen en la página de El Mundo “clave” y “11-M” y verán cuántos testigos, pruebas, declaraciones y aspectos lo son. Pero es que ha habido tantos momentos como el aquí relatado… En cualquier información que pise la farándula de Losantos y Pedro Jota no vuelve a crecer la normalidad cotidiana. Hay tanta distancia entre la arrobada vehemencia de sus expresiones y la absoluta insignificancia de los hechos de base, que uno no puede evitar pensar en esa acertada designación anglosajona para estos patéticos personajes: “drama junkie”. Â