Arriba y abajo

Lobisón

 La espectacular irrupción de Podemos ha tenido entre otras consecuencias el regreso de la eterna discusión sobre qué es la izquierda. Pese a que Podemos no se define como tal, es evidente que su impacto es mayor entre la izquierda y el centroizquierda, y que el efecto más probable de su consolidación sería una nueva división que favorecería al PP en la medida en que éste logre seguir aglutinando al voto de derecha y centroderecha. Hoy por hoy los descontentos con el PP sólo pueden abstenerse, mientras que los descontentos con el PSOE (o con IU) tienen aparentemente la opción de votar a Podemos sin saltarse la divisoria ideológica.

José Saturnino Martínez planteaba en infoLibre, el pasado día 17, que el problema es que actualmente la gran divisoria no es izquierda/derecha, sino arriba/abajo, y que sobre este eje Podemos es la alternativa a PP y PSOE. De hecho una parte importante de los votantes de Podemos habían votado al PP en 2011. Al posicionarse sobre el eje arriba/abajo, Podemos puede denunciar a la ‘casta’ y al bipartidismo, y ganarse de antemano la simpatía de esa inmensa mayoría de votantes que nunca han tenido más posibilidad de corromperse que evadir el pago del IVA.

Ahora bien, dar prioridad al eje arriba/abajo es precisamente la definición de populismo, aunque los gobiernos populistas generan inevitablemente su propia casta, como la famosa boliburguesía en Venezuela. Pero estos no son buenos argumentos político-electorales. No sirve de casi nada decirles a los defraudados por el PP y el PSOE eso de ya veréis cuando éstos gobiernen. De hecho los feroces ataques contra la financiación venezolana o los sueldos de los europarlamentarios de Podemos enardecen a la derecha dura, pero no es nada probable que disuadan a quienes buscan la opción de un voto de protesta.

Si lo que sucede es que mucha gente que votó primero al PSOE y en 2011 al PP se siente traicionada, la solución a medio plazo es tratar de restablecer la confianza de los electores en estos partidos. El PP, que salvo un excesivo celo del TC ha conseguido quitarse de en medio el cavernario proyecto de reforma de la ley del aborto, se la juega a la continuidad de la recuperación y a señales positivas hacia colectivos, como los funcionarios, que se sienten damnificados y entre los cuales han tenido tradicionalmente mayoría de votantes.

El problema del PSOE es más complicado, y no sólo por la ‘herencia recibida’, sino porque no puede denunciar la política de Bruselas en términos radicales y amenazar con salir de la UE. Tiene que combinar una estrategia de cambio de la política europea con un discurso sobre la recuperación del crecimiento y los derechos sociales en España. Y no es tan fácil mientras no se adviertan signos de cambio en Europa. Paradójicamente, si se produjera un cambio serio en Bruselas no sólo se salvaría la frágil recuperación a la que lo apuesta todo Rajoy, sino que el PSOE, con el capital añadido de una cara nueva y atractiva tendría más espacio y credibilidad para proponer alternativas.