Apuntes vacacionales

H2S3

Se nota mucho, al menos en Madrid, que la mayoría está de vacaciones. En mi oficina estamos al pie del cañón un tercio de la plantilla pero se nota aún más en la ausencia de trabajo dado que no llama apenas nadie, recibes muy pocos emails, no hay reuniones…

No sé bien cómo explicarlo porque se supone que todo el mundo está fatal de dinero y, aún así, el viernes pasado fue “operación salida” pese al periodo laboral de lunes a miércoles. La migración masiva se nota también en el tráfico urbano –sobre todo a la hora de aparcar-, en los restaurantes y hasta en DC donde el número de visitas diarias se acerca peligrosamente a las doscientas.

No estamos en medio de una crisis de aúpa y con un problema de competitividad brutal? No deberíamos estar todos currando a mansalva para preservar el codiciado puesto de trabajo y, de paso, contribuir a levantar la economía? Dado que no parece ser así, encuentro legítimo no sorberme los sesos para desarrollar una tesis compleja y sutil y centrarme más bien en la cotidianeidad que nos envuelve a todos estos días.

Por un lado está lo de Matas: qué no habrá robado este hombre para que el juez le imponga una fianza de tres kilos de los de ahora y el PP no salga en pleno a defender su honradez y recusar al juez por enemistad manifiesta, o querellarse por prevaricación. Hasta le han dejado sólo en su pretensión de que se anulen las escuchas telefónicas con los buenos réditos que dicha estrategia procesal le da al PP! Dicho esto, se imaginan lo escandaloso de la reacción peperí a cualquier caso de corrupción socialista si el protagonista hubiera compartido veranos familiares con Zapatero como sí hacían Matas y Rajoy?

Por el otro, sigue avanzando el linchamiento penal de Garzón. Un amigo me contaba ayer –de buena fuente- que no es ya que el CGPJ le vaya a suspender cuando sea procesado sino que la Sala de lo Penal del TS le va a condenar como prevaricador. Ese parece ser al menos el mensaje codificado que se está enviando, quizás para forzar una dimisión o petición de traslado del propio Garzón que, de seguro, haría decaer la inquina del TS. Lo escribí aquí hace pocas fechas: si el Tribunal Supremo prevarica a base de condenar a un juez a sabiendas de lo ilegal de su juicio, apaga y vámonos. En otras palabras: si los magistrados y jueces supieran, la paliza (legislativa) que les vamos a dar, subirían al estrado gritando, inocencia, inocencia, inocencia… Yo desde luego lo cantaré esta nueva versión del himno de Riesgo a voz en grito.

De jueces va la cosa porque arrecian las informaciones sobre los espinosos debates en el seno del TC sobre su esperada sentencia sobre el Estatut. Por enésima vez, El País ha vuelto a levantar la liebre avanzando la inminencia de la sentencia. Indagando un poco más, la cosa no parece estar tan clara. Dejando de lado la cantidad de jueces que ya ha cumplido su mandato, el que falleció y el que permanece recusado, habría una mayoría de cinco mas la Presidenta –cuyo voto de calidad podría ser trascendental- alrededor del último borrador de ponencia. Dicho borrador anularía una decena larga de artículos del Estatut e interpretaría casi una veintena más, confirmando la constitucionalidad de la columna vertebral del mismo. Pero son todo habladurías porque si bien la intención sería pronunciar sentencia justo después de vacaciones, también se contempla la posibilidad de no hacerlo hasta después de las elecciones autonómicas catalanas previstas para el próximo otoño.

Lo que parece más claro es que el mayor tijeretazo del TC va a recaer sobre la articulación del poder judicial en Cataluña que dispone el Estatut, lo cual, convendrán conmigo, sería lógico y natural porque la Justicia funciona tan bien en el Estado que no sería en absoluto aceptable que los catalanes pretendan organizarla por su cuenta.

Bromas aparte, que vergüenza de justicia, que no merece la mayúscula por lenta, politizada y –esperemos un milagro que nos desmienta- prevaricadora también en sus más altas instancias.

Por último, esta tarde-noche yo también dejaré todo de lado para sumarme, a las nueve menos cuarto en punto, al primer asalto de la eliminatoria Arsenal-Barca. Como escribía John Carlin el pasado domingo en El País, los dos merecerían jugar la final, tanto por calidad como por estética, y que ganara el mejor y, ya puestos, que ese fuera el Barca como hace pocos años en Paris. Pero no, uno de los dos caerá tristemente eliminado dentro de una semana en el Nou Camp. Sería tan bonito y simbólico que el compromiso estético del Barca de Guardiola pudiera renovar el título continental… Desde luego sería un poderoso estímulo para que algunos más y yo mismo podamos sobrellevar la cutrez imperante en nuestro país.

Feliz descanso para aquellos que todavía están en la oficina!