Apuntes sobre la Asamblea de Un País en Comú

Lluis Camprubí

El pasado sábado 8 de abril se celebró en Barcelona la Asamblea fundacional de Un País en Comú. El nuevo espacio político confluyente de izquierdas que pretende ser mayoritario en Catalunya y configurar una hegemonía alternativa. El espacio supone la suma sinérgica de Barcelona en Comú, ICV, EUiA y, de momento, sectores de Podem, así como muchas personas en las órbitas de estos partidos.
La Asamblea cerró el proceso de elaboración y discusión del documento político fundacional aprobándolo por amplísimo consenso. Éste dibuja a lo largo de decenas de páginas los principios e ideario general, y el modelo socioeconómico, ecológico, nacional, cultural, institucional y democrático al que se aspira. La Asamblea sirvió también para aprobar la nueva dirección ejecutiva y el órgano de deliberación más amplio. Para ambos órganos fueron escogidas muy mayoritariamente las personas que iban en la lista de consenso e integración, formada por personas con experiencia y peso político, con referencialidad y proporcionalidad al peso las distintas fuerzas que confluían, así como independientes. Seguramente el hecho de configurar una lista de forma cooperativa y no competitiva es la mejor decisión para garantizar una cohesión de inicio a este espacio político.

Aspectos sobre el desarrollo de la Jornada.

Lo más destacado seguramente fue la fraternidad con la que se desarrolló y la ausencia de un ambiente confrontativo. Algo que no habría que dar por seguro en un momento fundacional de una fuerza política. Seguramente ayudó que los debates de los documentos ya hubieran tenido distintos ciclos de consenso por parte del Grupo Impulsor y que las votaciones a los órganos no fueran a competición abierta y ya se hubiese propuesto una lista de acuerdo.

Las distintas votaciones en defensa del texto original -o de las aportaciones- fueron siempre muy mayoritarias y en consonancia al criterio del Grupo Impulsor, lo que indica un alto grado de tracción entre las direcciones y sus militantes, unas direcciones implicadas en que todo saliera bien y con lealtad hacia las otras, unos participantes con cultura orgánica, y referencialidades claras.

Un aspecto aparentemente sorprendente fue la composición o sesgo generacional. Es una simple hipótesis basada en la observación sin datos, pero al salir al escenario las personas escogidas para los órganos parecía dominar la franja 35-45 años, mientras que los participantes en la Asamblea parecían tener un fuerte componente de generaciones más mayores.

Respecto a la participación pareció que por número de gente no se habían cubierto las expectativas. Hay distintas hipótesis sobre la falta de participación: la fecha próxima a vacaciones, la desactivación fruto del conflicto con la dirección de Podem, y la desmovilización al estar ya acordados los grandes temas. Sin embargo, no debería olvidarse una más de fondo: el reflujo a la normalidad política que parece estar viviéndose en la sociedad y por tanto la restauración de las pautas de participación política más delegativas y representativas. Lo que debería tenerse en cuenta en un espacio político que daba por seguro un acompañamiento masivo, militante y activo a su acción y proyección política.

Clarificaciones que ya eran claras

Había un amplio consenso en los principios del modelo productivo, económico y de bienestar que se dotaba el proyecto. Lo que sumado al recurrente “Procés” que recorre la política catalana hizo que la atención sobre el debate político se centrara en la cuestión nacional. Siendo el resultado una no-sorpresa. Las fuerzas que lo impulsan apuestan todas ellas por separado por un encaje plurinacional de Cataluña en España; las gentes implicadas en la construcción del espacio también; y los programas electorales del espacio ya habían definido una propuesta de articulación jurídico-institucional Cataluña-España. Y sin embargo había un pressing ambiental para salir de una supuesta ambigüedad respecto al independentismo. El resultado fue si cabe más clarificador: la enmienda independentista sacó únicamente un 10% de los votos, y quedó ampliamente respaldado un modelo plurinacional para el estado español. Lo que seguramente debería llevarnos a hablar en vez de “un espacio punto de encuentro de federalistas e independentistas” a un “proyecto político que propone un estado plurinacional, dónde independentistas gradualistas y no supremacistas puedan, sin embargo, sentirse cómodos”.

La otra cuestión que ocupó más tiempo del debate fue la cuestión europea. Quedó más clarificado que el proyecto apuesta por democratizar las instituciones europeas y cambiar las orientaciones dominantes del intergubernamentalismo existente, desde un europeísmo democrático, crítico y exigente. Esto quedó reforzado por la presencia de los invitados que representaban al Partido de la Izquierda Europea y al Partido Verde Europeo, actores con los que colaborar en cambiar Europa. Las enmiendas de los sectores partidarios del repliegue político nacional, la salida del marco europeo y la vuelta a las monedas estatales fueron muy minoritarias. Éstas planteaban que fuese compatible dentro del proyecto del espacio político la propuesta (y por lo tanto trabajo político orientado) para una integración democrática europea con la propuesta para la vuelta a la “soberanía nacional-estatal”. Lo que vendría a ser que el proyecto soplase y sorbiese a la vez.

Una de las cuestiones implícitas en la configuración del espacio era sobre la voluntad de éste de ser mayoritario. Distintos portavoces del proyecto habían definido el deseo de éste de ser mayoritario, un instrumento para amplios sectores de la sociedad catalana. Parece que el proyecto aprobado es compatible con ese anhelo si se encuentran los mecanismos para una relación fluida de la mediación política con la sociedad civil catalana y con la proximidad suficiente para poderse contaminar recíprocamente. Las primeras cristalizaciones de este espacio tuvieron lugar en un momento que parecía que cualquier vector rupturista era una oportunidad para el cambio deseado. De una forma gradual, en paralelo al cierre de la famosa ventana de oportunidad y a la aparición de disrupciones reaccionarias como Trump, Brexit… parece que ha habido una maduración en el espacio para valorar más selectivamente qué rupturas acompañar y tener más presente la correlación de fuerzas, quiénes son “los otros” en la ruptura, el vector que las mueve y las derivadas que conlleva. Así mismo parece destilarse un mayor alineamiento dialéctico con el sentir mayoritario en la sociedad en las tensiones cambio-estabilidad y combate-negociación. El paradigma de amplias mayorías para los grandes temas parece que se va imponiendo a la concepción de lo democrático es lo que define el 51%.

Retos 

Decía en un artículo anterior que el principal reto de este espacio seguramente será dibujar una alternativa a ERC. Ello sería posible en un escenario post-procés. Alguna voz ya apunta que este espacio puede estar bien posicionado para ser fuerza mayoritaria cuándo el Procés colapse. Para ello, sin embargo, deberá profundizar y concretar una alternativa y alejarse lo suficiente del conglomerado del Procés para cuándo éste se acabe de degradar no lo engulla. Pero a la vez tener la capacidad de salvar aquellas energías que han caído dentro del Procés que aspiraban a una superación del actual encaje y reclaman un reconocimiento nacional. Ello implicaría tener un proyecto de articulación más definido y una metodología transitable (reforma constitucional) frente a las rarezas de las formulaciones tipo “referéndum con reconocimiento internacional”.

El otro gran reto es encontrar la relación y forma de colaboración óptima con los partidos que lo impulsaron. Mención específica merece Podem. Con quién se deberá encontrar  una forma para que se integre próximamente, teniendo presente que el tiempo corre en contra de las posiciones de Podem y que el diseño de incentivos cada vez puede ser más duro para sus intereses de parte. Con el resto de los actores deberá verse como aprovechar las capacidades de cada uno y como sumarlas al proyecto conjunto en cada uno de sus ámbitos. Nada nuevo en un proceso de confluencia pero sí en un espacio que empezó a nacer al calor de movimientos tectónicos del sistema institucional pero en un contexto que ahora parece encaminado a la restauración de la normalidad y la estabilización.