Apuntes (2)

Padre de Familia

 

Tres en uno, oiga, tres artículos por el precio de uno. En portada, propuesta para poner fin al horror de Gaza; en economía, datos aterradores sobre lo que nos espera en 2009; y en opinión, la sanción al Juez Tirado.

 

Otra vez Gaza. Las acusaciones a Israel se suceden y las defensas de su derecho a la legítima defensa decaen ante los centenares de muertos que provocan sus bombardeos, lo que no es de extrañar porque la Franja (no más de 40 km. de largo) es uno de los lugares más superpoblados del mundo, superando de largo el millón de personas. Pero lo que a mí me interesa subrayar es que la paz no sólo es posible sino inevitable: Gaza no va a desaparecer e Israel tampoco. Es más, la paz es perfectamente posible, de hecho sus contornos ya están acordados. Lo único que hace falta es voluntad política de ambas partes y de la comunidad internacional, sin cuya implicación intensa las partes seguirán siendo incapaces de superar su bien merecida desconfianza mutua.

 

La sangre apela a las emociones más viscerales y es posible, sólo posible, que el nuevo estallido de violencia sea el elemento que faltaba para que todas las partes se pongan las pilas. Palestina no tiene sentido partida en dos y la paz no es posible si una parte, Hamás, niega el derecho a la existencia de la otra. Pero los bombardeos no van a conseguir destruir a Hamás o conseguir que ceda en sus posiciones maximalistas. Al igual que en Líbano, el poderío militar israelí sólo consigue cargar de razones a sus enemigos. Y puede que como en el sur del Líbano en el verano de 2006, los muertos de Gaza sean el revulsivo que supuso la matanza de Qana, que propició el alto el fuego que aún hoy prevalece en Líbano.

 

Ver como Hezbolá participa de la vida política del Líbano sin renunciar a seguir fortaleciendo su milicia, es algo que incomoda profundamente a Israel. Pero lo cierto es que gracias a la presencia internacional en el sur del Líbano, Israel ha dejado de sufrir bajas en su frontera norte, que nunca ha estado tan segura desde mediados de los años setenta. Por qué no aplicar la misma fórmula a Gaza? Ya se hizo un primer intento con la delegación a la UE del control del paso fronterizo con Egipto en Rafah. Pero eran policías desarmados que operaban por delegación de Israel y la Autoridad Palestina. Cuando las cosas se pusieron feas tuvieron que salir corriendo. No, se trata de enviar un contingente internacional no mucho mayor de un millar de militares, con casco de la ONU, de la UE o de la OTAN si hace falta.

 

La misión es aparentemente peliaguda pero no más peligrosa que la del sur del Líbano, en donde la presencia internacional tiene ventajas e inconvenientes para ambas partes. Al igual que allí, Hamás obtendría la garantía de que Israel no volvería a atacar, pero también se vería forzada a detener sus lanzamientos de cohetes. La fuerza internacional controlaría fácilmente la entrada de ayuda humanitaria por mar y por tierra desde el Sinai, con garantías para Israel de la no entrada de suministros militares. ¿Queremos contribuir a detener la espiral de violencia? Hagámoslo de forma práctica, dejándonos de condenas estériles que sirven fundamentalmente para tranquilizar nuestras conciencias pero para poco más. Obama, ¿estás escuchando? Esperemos que tu llegada a la Presidencia suponga también un cambio en la posición de EEUU sobre esta cuestión porque sin calma en Gaza será imposible deshacer todos los malignos e irresponsables entuertos de Bush por todo Oriente Medio.

 

La crisis no ha tocado fondo ni mucho menos. Es posible que Obama tenga dificultades para escuchar mi propuesta sobre Gaza dada la desesperada situación económica que va a tener que afrontar. El pasado 19 de diciembre el Profesor de Harvard Niall Ferguson recogía unos datos aterrados en el Financial Times. El total de deuda pública y privada en EEUU pasó del 155% del PIB en los primeros años ochenta al 350% del PIB a mediados de 2008. La deuda de los hogares pasó del 75% de la renta disponible en 1990 al 130% antes de la crisis. Descontando la riqueza generada artificiosamente por las hipotecas sobre inmuebles de valoración inflada, EEUU habría crecido sólo al 1% anual desde 2001 hasta 2008. Todo ello ha resultado en que a finales del pasado mes de septiembre, uno de cada diez tenedores de hipotecas de EEUU estuviera retrasado al menos un mes en los pagos o su casa estuviera siendo reposesionada por el banco. Peor aún, el 20% de las hipotecas contraídas superaban el valor actual de los activos sobre los que recaían. Es decir, que uno de cada cinco tenedores de hipotecas debe devolver un crédito superior al valor actual de la casa adquirida por medio de tal hipoteca.

 

Con su política de inyección masiva de liquidez en los mercados, la Fed de Bernanke ha adquirido activos por valor de más de 2.250 billones de dólares americanos mientras que su capital permanece inalterado en 40 billones, lo cual resulta en una ratio de “apalancamiento” de 50 a 1. En paralelo, el Tesoro ha asumido obligaciones financieras por valor de 7.800 billones de dólares americanos, que casi igualan el total de la monstruosa deuda federal norteamericana antes de que estallara la crisis, unos 10.000 billones, especialmente si sumamos los 2.000 billones de dólares americanos adicionales en los que se estima que el Tesoro habrá necesariamente de endeudarse durante 2009. En consecuencia, el precio de asegurarse contra una bancarrota de los EEUU se ha multiplicado por 25.

 

Al principio de la crisis de las hipotecas basura o subprime los optimistas estimaban que las pérdidas totales rondarían los 100 o los 200 billones de dólares americanos, mientras que los pesimistas estimaban que más bien se situarían en el entorno de los 400 billones. Pues bien, actualmente los optimistas calculan que el volumen total de pérdidas por “activos tóxicos” (derivados financieros opacos) rondará los 2.800 billones, mientras que los pesimistas las cifran en hasta 6.000 billones de dólares americanos.

 

Ante una crisis de esta magnitud, el recurso a la quiebra de las entidades endeudadas masivamente no es viable puesto que las pérdidas serían insoportables para el conjunto de la economía al incrementarse drásticamente el impago de créditos, es decir, la destrucción de riqueza. Tampoco parece viable la otra opción de salir del paso, la inflación: el aumento nominal de los ingresos propicia una reducción en términos absolutos del endeudamiento. Bernanke se está dejando la piel para provocar inflación pero de momento no está teniendo mucho éxito y, como dijo Keynes, “la deflación es lo peor”, porque nadie tiene receta para salir de ella. Puestos a hacer propuestas imaginativas, el tal Ferguson optaba por la conversión de deuda, es decir, la transformación de los créditos en otros derechos, como en las suspensiones de pagos en las que los acreedores pasan a asumir una parte del riesgo del negocio. En el caso de las hipotecas cabría concebir una conversión de una parte de las mismas en deuda frente al Estado a largo plazo y a un tipo de interés fijo, lo que permitiría al hipotecado seguir haciendo frente al coste mensual de la hipoteca, lo cual evitaría la quiebra en cadena de muchas instituciones bancarias.

 

Veremos qué sucede y qué medidas arbitran las autoridades económicas pero una cosa parece clara: la cosa no ha hecho nada más que comenzar así que agárrense que vienen curvas. Y que conste, que Zapatero no ha tenido nada que ver con todo lo anterior, por mucho que se empeñe Tontoro.

 

Una lanza por el nuevo CGPJ. Sí, los jueces son muy corporativistas, como los profesores de Universidad, los notarios, los arquitectos, los diplomáticos, los policías, etc. Es un mal que abunda en nuestro país, lamentablemente. Sí, la detención del asesino de Mari Luz habría evitado el crimen, pero ello no convierte al Juez en responsable del asesinato, ni siquiera a la Secretaria del Juzgado sobre quién recae la responsabilidad del seguimiento de las sentencias. Sí, la judicatura y su régimen disciplinario en particular requieren una profunda reforma, pero es todavía más necesaria una reforma radical de la Justicia en general, especialmente en lo que respecta a la dotación de medios humanos y materiales.

 

Es evidente que el Juzgado de Tirado no funcionó bien y por eso me parece correcto que se le haya impuesto una sanción. A mi entender habría sido más procedente que, además de pecuniaria, la sanción hubiera conllevado suspensión de empleo y sueldo por un corto espacio de tiempo. Sin embargo, no creo que el Consejo General del Poder Judicial haya obrado incorrectamente aplicando la ley vigente atendiendo a la realidad imperante. Los juzgados están desbordados de casos y absolutamente infradotados. El Legislador, además, no tiene empacho en criminalizar conductas asociales alegremente, veáse el caso de los conductores que rebasan los límites de velocidad en exceso pero sin provocar daños. El Parlamento no ha adoptado hasta la fecha la sana regla de cuantificar la carga de trabajo adicional para los juzgados que se deriva de las leyes que adopta. Y el Gobierno, acuciado por la pluralidad de asuntos que demandan financiación pública, no destina los recursos necesarios a la administración de Justicia.

 

Es fácil rasgarse las vestiduras y cargar tanto contra el Juez como contra sus juzgadores, al albur de la indignación social, pero no es correcto. Y está muy bien que la sanción la haya impuesto un CGPJ recién elegido por los mismos que ahora lo critican y que hace pocas semanas defendían su idoneidad. Y que lo haya hecho de forma ideológicamente transversal. Justicia sí, proporcionalidad también, pero demagogia, no gracias, que en este país sobra y en este desgraciado asunto también. Dívar acudirá al Congreso, como es su deber, y será interpelado pero mucho me temo que los enfadados diputados no conseguirán ofrecer argumentos sólidos para demostrar el supuesto error del Consejo.