Apple y el sapo

Arthur Mulligan

Sucedió el primer semestre de 2017 cuando se anunció el nuevo sistema operativo macOS Sierra y me fue imposible instalarlo porque mi modelo de iMac no lo admitía. “Obsoleto “-insistían por teléfono- “su ordenador tiene muchos años (10) y nada podemos hacer”.

La i del nombre significa internet, innovación, inspiración, instrucción, individual e informar, según lo que Steve Jobs declaró en la presentación del primer iMac; esta es una identidad de marca que Apple ha aplicado a la mayoría de sus productos, a la que habría que añadir una i más: la de imbécil, que es el tipo de cara que aparece en los creyentes en la infalibilidad de las tecnologías de prestigio (una cara muy familiar al que esto escribe ya desde por la mañana).

Bueno – me dije- pues a cambiar, porque muchos de los programas que utilizo evolucionan con el sistema operativo y no era cuestión de quedarme varado como un homo antecessor de Atapuerca.

Bastante irritado, aunque con el orgullo herido a punto de disiparse, este otoño un nuevo incidente mayor con la compañía de mis amores conseguía sin advertencia previa que mi iPhone se volviera un poco más y más leeeeento, eso sí, siempre en auxilio del cliente para que no se deteriora un poco más la batería cuya obsolescencia ya estaba programada, a la vez que, para calmar el previsible rebote, su recambio rebajaba el precio hasta los 29 dólares,

El uso extensivo de este portable -como proponía el fabricante al realizar sus espectaculares presentaciones entre los aplausos (!) de los periodistas presentes- causa una inmediata descarga de la batería que provoca o bien llevar un cargador adaptable (lo que hace groseramente más grande el teléfono) o un cable para enchufar en una pared siempre que se pueda.

Los críticos del iPhone señalan a menudo que las actualizaciones en cuanto a diseño hacen que los anteriores queden “fuera de tiempo” y lo cierto es que Apple ha hecho del diseño una filosofía y aprovecha cada nuevo lanzamiento para fortalecer ese valor agregado. También cuestionan que los cambios introducidos en materia de sistemas operativos y funcionalidad no son lo suficientemente revolucionarios de uno a otro modelo y que sólo se producen para poder vender más. De hecho lo logran, y cada lanzamiento nuevo representa un boom que se traduce en un record de ventas.

Esto provoca también una depreciación considerable en los “viejos” artículos de Apple. Si poseía uno de los anteriores iPhone ya no valen lo que usted esperaba como para hacer una pequeña diferencia y comprar el nuevo producto de la manzanita.

Y todo esto sucede mientras los analistas más optimistas ya pronostican, además, que podría convertirse en la primera empresa tecnológica en valer más de un billón de dólares. Durante el año pasado las acciones de la empresa subieron un 47%. Por lo que un aumento adicional de sólo el 15% durante los próximos 12 meses llevaría a Apple a superar la marca del billón de dólares. Su competidor más cercano es la empresa matriz de Google, Alphabet, que tiene una valoración de mercado cercana a los 720 mil millones de dólares.

Pero en esta ocasión y a solo un día antes de que las autoridades francesas comenzaran a investigar a la compañia por ralentizar intencionalmente sus dispositivos, el Senado de Estados Unidos también ha entrado al pleito, para exigirle razones a Tim Cook.

La pesadilla no termina para Apple. Tras revelarse que la compañía vuelve más lentos intencionadamente sus dispositivos viejos, las autoridades francesas también han entrado al pleito.

En Francia la obsolescencia programada es un acto ilegal. De modo que Halte l’obsolescence programmée (HOP), una organización local de protección al consumidor, ha iniciado un proceso de denuncia contra Apple; y la Dirección General de Competencia, Consumo y Represión de Fraudes ya ha tomado el caso ( Vive la France ! ) y la investigación abierta el 5 de enero acusaría directamente a Apple de cometer una “estafa”, ya que alterar el rendimiento y duración activa de sus dispositivos funcionaría como ” una estrategia manipulativa enfocada a forzar a sus clientes a renovar su equipo antes de lo necesario e impulsar sus ventas”. Ahí es nada.

Apple podría ser demandada por todos los dispositivos inteligentes vendidos en Francia desde el 17 de agosto de 2015, fecha de la promulgación de la Ley de Transición Energética, y si el proceso legal avanza, podría representar una amenaza económica seria para Apple y un precedente legal histórico a la vez que muy incómodo para la compañía. HOP mantiene su postura clara y quiere un castigo para Tim Cook y compañía. Y yo también, dicho sea de paso, por razones más mostrencas y rencorosas, como habrán adivinado.

La fortaleza de Apple no es, contrariamente a lo que se piensa, su clientela ; cada vez que aparece un nuevo dispositivo, sabemos que en breve será superado en éste o aquel detalle técnico, pero su ecosistema permanecerá inalterable, porque Apple va a perder siempre la guerra de las especificaciones y es consciente de ello. Por eso, ha decidido no jugar al juego de las características técnicas sino que se inventa el suyo propio: el ecosistema. Cuando no puedes derrotar a tu enemigo con sus reglas, te inventas las tuyas y te pones a jugar. Y aquí no tiene competencia, porque al comparar un iPod, iPhone, iPad, Mac, Apple TV con el resto de productos fabricados por otras marcas debemos incluir el dato esencial de que no actúan solos: tienen esa complicidad única que dota a la creación de Steve Jobs de solidez financiera y multiplicadora de valor; ese ecosistema que incluye entre otras cosas, a los desarrolladores, que aportan valor con sus apps más allá de lo que Apple puede, quiere y /o es capaz de realizar. Una fuente de dinero contante y sonante, capaz de engrasar el ecosistema e interconectar sus distintas partes.

Por eso, cuando aparece una noticia de que un nuevo smartphone supera en alguna característica al iPhone, en general puede ser cierto, pero no es relevante en la visión general de mercado, porque sin ecosistema vales menos o estás muerto. El ecosistema de Apple es a prueba de competidores porque sus dispositivos se venden a millones y con un margen muy generoso; lo que manda es la regla del 80/20 de Pareto: Apple tiene los mejores clientes porque puede seleccionar de entre lo mejor (en términos económicos, no morales ). Sólo así es posible que capture más de la mitad de los beneficios del mercado de smartphones con una cuota ridícula; los desarrolladores persiguen el dinero de los usuarios, no el número de usuarios. Apple ha repartido más de 15.000 MM de dólares a sus desarrolladores. La competencia nunca ha compartido las cifras, de las que al día de hoy, sean éstas buenas o malas, nada sabemos. Sin embargo, lo que sí conocemos es que el ecosistema es valor puro.

Y bien ¿por qué nos toca las narices a los usuarios desde esa envidiable posición?
Es evidente, por la codicia, esa permanente presencia del sistema capitalista que solo se modera desde el Estado, La primera misión de las empresas globales es escapar a su voracidad recaudatoria. Fabrican en China, venden en todo el mundo y declaran en dónde más convenga.

Han sido inquietantes las auditorías llevadas a cabo en sus fábricas chinas, tanto por sus salarios, condiciones laborales y horarios.

Pero como señalaba hace 50 años la economista británica Joan Robinson, “la miseria de ser explotados por capitalistas no es nada en comparación con la miseria de que no te exploten en absoluto”.

Con estas consideraciones bañadas en un cinismo universalmente aceptado, sólo nos queda, como siempre, la inspiración y energía de una acción europea ejemplar que redima a la humanidad de este camino de perdición que ya ha convertido a la princesa de las tecnológicas, contrariamente a lo que manda la fábula, en un sapo.

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