Apólogo de la joven socialista

Lobisón

La joven socialista Beatriz Talegón se ha ganado una popularidad fulminante por echar una seria bronca a los dirigentes de la Internacional Socialista reunidos en Cascáis, Portugal. Eso está bien, sin duda, porque los jóvenes tienen como una de sus funciones regañar a los viejos, y porque además, tal y como están las cosas, sería bastante inapropiado que los socialistas jóvenes felicitaran a sus mayores. Pero con las broncas ya se sabe lo que pasa, que a veces lo primero que se viene a la boca no es necesariamente lo más importante, y puede desviar la atención de las cuestiones centrales.

Así, ha merecido mucha atención la referencia al mal ejemplo que ofrecen los socialistas al reunirse en un hotel de cinco estrellas. Pero cualquiera que haya estado en algún tipo de congreso sabe que cuando los asistentes son numerosos es mejor un hotel grande, que cuente con una sala de reuniones adecuada y una serie de servicios. Los hoteles de estas características suelen ser de cinco estrellas, y si la reunión es grande se negocian precios especiales. Además, si algunos de los asistentes tienen problemas de seguridad suele ser mejor evitar dormir en un sitio y reunirse en otro. En fin, que aunque denunciar el lujo sea muy agradecido en estos tiempos, la referencia al hotel puede ser un buen titular pero una crítica mal planteada.

Otra crítica de la joven socialista apunta a un problema más de fondo: “Os exigimos de una vez por todas que la Internacional tenga sentido, no hagáis que los jóvenes nos avergoncemos”. Bueno, no sólo los jóvenes se avergüenzan de la falta de sentido y de peso de la Internacional, pero el problema es complicado de resolver. Desde que Willy Brandt decidió impulsar la IS a nivel global, pertenecen a ella, o aspiran a pertenecer, partidos muy disímiles a los que no es fácil lograr convencer de que respalden posiciones de un cierto calado. Y sólo cuando las cosas llegan muy lejos se decide sacar de la organización a un partido. Ya se sabe lo de quien mucho abarca poco aprieta.

Pero si pasamos de la IS al Partido de los Socialistas Europeos es fácil comprender cuál es el problema de más difícil solución. Por intereses electorales nacionales o por un contagio heredado de los años noventa y sus diferentes versiones de la modernización, tercera vía o como se le llamara en cada caso, hay partidos socialdemócratas europeos alineados con las políticas de austeridad que tienen a la Eurozona en recesión y a los partidos del Sur de Europa contra las cuerdas. No hay manera de lograr una postura común no ya sobre los eurobonos, sino simplemente sobre las inversiones estratégicas, grandes perdedoras del proyecto de presupuesto comunitario.

Pobre Yorgos Papandreu, que, tras haber desatado la crisis de la deuda soberana al revelar los trapicheos contables de su antecesor Karamanlis, ahora debe soportar las broncas de los jóvenes socialistas además de ser extremadamente impopular en Grecia. Ojalá que salgamos alguna vez de esta situación y que los jóvenes socialistas puedan aprender de los errores que nos llevaron a esta situación. Probablemente entonces nos recuerden con indulgencia.