Apocalipsis zombi

José Saturnino Martínez García

Cine, literatura, cómics, series… los zombis están de moda. ¿Qué podemos aprender de los zombis y a qué se debe su éxito? Aquí van algunas ideas. El mundo zombi como género de terror reciente, podemos decir que fue fundado por George Romero, y su película Zombi, en la que presenta las características básicas: muertos vivientes, muy tontos y más bien torpes, aunque a veces puedan ser rápidos, que se alimentan de seres humanos vivos, a los que suelen atrapar por pillarlos de imprevisto, o bien por superioridad numérica. Previamente ya existían los zombis, pero no con las características que le imprimió Romero. La popularidad de esta forma de entender al muerto viviente ha ido en aumento, especialmente tras el excelente cómic Walking Deads y sobre todo, tras su reciente y exitosa adaptación a la televisión.

El citado cómic, del guionista Robert Kirkman, tardé en empezar a leerlo pues es un género que suele pecar de repetitivo: seres humanos merendados por zombis, a golpe de susto o por grupos de los que no se puede escapar, con estética gore. Me equivoqué al pensar que no daría mucho más de si la cosa. Hay una parte épica en la obra que coincide con la manida trama del cine de acción actual: hombre normal, que para salvar a su familia se convierte en intrépido héroe, con sus momentos de duda sobre si la violencia que ejerce está bien, que es a lo que llegan las películas comerciales de acción más “sofisticadas”. Pero lo que realmente me ha enganchado a la serie de cómic (no he tenido oportunidad de ver la de televisión) son dos elementos: los humanos terroríficos y la dimensión política de la trama.

Los humanos sí que dan miedo. Después de todo, los zombis son “buena gente”: son simples y previsibles, y sabes lo que quieren. Sin embargo, los humanos… ¡qué miedo! hacen trampas y puedes ser sádicos contigo para asustar a otros humanos, no son nada previsibles, y el daño que te infringen no es para el noble fin de comer, sino para hacer sufrir. El humano más terrorífico, el Gobernador, ha dado para un spin-off en forma de novela. La gracia de este humano tan horrible es que consigue liderar una comunidad que vive bajo la apariencia de la civilización perdida. Su régimen político guarda las apariencias, en una especie de totalitarismo soft.

En cuanto a la trama política, lo que me interesa de este cómic es que plantea el problema del paso de la comunidad prepolítica, la familia y los amigos, a la comunidad política. Lo hace con un planteamiento que también nos resulta bastante actual: la relación entre miedo y acción política. En cierta medida el cómic recrea la “fantasía contractualista”: ¿a qué tipos de acuerdos deberíamos llegar en el estado de naturaleza para fundar una sociedad? La motivación principal es el miedo a la muerte. Para protegernos, deberemos llegar a acuerdos con personas que no conocemos y de las que no sabemos si podemos fiarnos. Por ello es importante que, frente a un mundo de individuos anónimos, exista una comunidad previa, que genera la confianza a partir de la cual organizarnos y aceptamos o no a nuevos desconocidos.

En el cómic también se plantea el problema del liderazgo y del poder. Por un lado, como género de aventuras, el héroe, gracias a su valentía y resolución, es carismático. Ese carisma es fundamento de su liderazgo, pero no es suficiente. Necesita que el resto de la comunidad asuma que es el líder, es decir, es líder en tanto que el resto está dispuesto a darle cierto poder. Se muestra al poder como algo relacional, que se tiene o no en función de que el resto de la comunidad decida concederlo. Las instituciones que se van creando podrán dificultar que ese poder se retire, pero esa posibilidad siempre está ahí, como nos recuerdan las revoluciones: el poderoso lo es en tanto que el resto cree que tiene poder.

Tras esta breve reflexión sobre el mundo de Hobbes con sabor a carne humana, déjenme que apunte libremente algunas hipótesis de los motivos del gran éxito de la moda zombi ¿Por qué estamos hambrientos de zombis? El modelo de Apocalipsis zombi, ese mundo en el que te despiertas una mañana y casi toda la gente que conoces no sólo está muerta, sino que te desea como desayuno, y la civilización ya no existe, es un género de terror muy reciente (por favor, que alguien me corrija si me equivoco). Quizá, el hecho de que ya no tengamos nociones de la vida rural, que puede vivir más aislada del resto de la civilización y en la que hay conocimientos suficientes para la supervivencia práctica, haya incrementado el miedo inconsciente a que se deshaga la división del trabajo en la que estamos insertos. Antes más o menos eran muchas las personas que por vivirlo o por origen familiar sabían cómo cultivar o mantener vivos unos animales, ya no. Esto explicaría que haya surgido un nuevo tipo de género de terror, vinculado a esta etapa de desarrollo.

Otra posibilidad del éxito zombi puede ser porque sublima el terror de los elitistas: los zombis son todas esas personas embrutecidas por Tele 5, la música bacalao y otras formas horripilantes de la cultura popular. Son muchos, son tontos, pero en su cantidad y su estupidez está su fuerza, que puede terminar por arrastrarnos a ser como uno de ellos, viendo GH 12+1 a escondidas. No olvidemos que a los zombis les encanta devorar cerebros…

El éxito zombi se puede deber a otra posibilidad, que me gusta más, una posibilidad que ya está en la mítica película de serie B de los 50 La invasión de los ultracuerpos (basada en la novela de Jack Finney), de la que se han hecho varias versiones. Ya sean zombis o vainas, afrontamos el mismo problema: la gente que queremos ya no está ahí, están sus cuerpos, pero no la relación personal. Es muy dolorosa la pérdida por el fallecimiento de un ser querido, pero también es dolorosa la muerte de la relación con esa persona. Ya sea por una ruptura de pareja, una amistad que acaba en enemistad, por la evolución personal divergente… llega un momento que personas que nos eran muy queridas nos parecen extraños, o en vez de mantener con ellos una relación positiva, la tenemos negativa. Pasan a ser muertos vivientes, los seres a los que quisimos ya no están, a pesar de que sus cuerpos deambulan a nuestro alrededor. En Walking Dead (sin ánimo de ser spoiler) hay un personaje que junta a su familia, ya zombi, en un granero, y los encierra allí y los protege, con la esperanza de que alguna vez vuelvan a ser personas…, mientras tanto, no puede empezar nuevos proyectos vitales. Eso hacemos algunas veces con las relaciones muertas, las mantenemos, por la esperanza de que resuciten. Mientras, no nos damos cuenta de que esa relación nos impide afrontar el presente de forma provechosa. Esto se puede aplicar más allá de la vida personal, por eso hablamos de bancos zombis, que ya están muertos, pues su nivel de deudas garantiza que no volverán a ser viables, pero que sin embargo siguen existiendo, devorando ávidamente fondos públicos, en vez de conceder créditos al sector privado. O por eso nos puede parecer que el último congreso del PSOE es un aquelarre para revivir a los muertos vivientes de sus éxitos de los 80, cuando vivían, y sus clones “juveniles” (de cuarenta y tantos años). Y también hablamos de ideas zombis, para referirnos ametáforasmuertas, de las que olvidamos su origen, pero que contaminan nuestro pensamiento sin que nos demos cuenta.