And the winner is… Pedrooooo!

LBNL

Sorpresón morrocotudo, que ni siquiera la cercanía en el número de avales permitía atisbar. Prácticamente el 50% de los casi 200 mil militantes con derecho a voto apoyó a Pedro Sánchez frente a Susana Díaz y Patxi López, Presidenta andaluza ella, apoyada por todo el aparato, la vieja guardia y los barones, y ex Lehendakari y Presidente del Congreso él, que no contaba con casi ningún apoyo orgánico y de quien todavía no se sabe si se presentó para disuadir a Sánchez de presentarse, para quitarle votos o con la esperanza de que el choque de trenes resultara en un pacto salomónico de última hora a su favor. La victoria de Sánchez, a lomos de una militancia de fuerte pulsión contra el aparato (Borrel frente a Almunia, Zapatero frente a Bono) fue inapelable y repartida por todo el territorio nacional. Mejor así porque si el PSOE tiene alguna posibilidad de volver por sus fueros, solo será a partir de una mayor cohesión interna. Que está muy difícil, especialmente por los enconados enfrentamientos entre militantes registrados en los últimos tiempos, algo que no había pasado en anteriores situaciones similares.

Susana Díaz demostró anoche muy mal perder. Lo suyo habría sido estar a la vera de Sánchez cuando compareció ante los militantes, como en su día Bono cuando Zapatero le ganó in extremis. Me parece muy bien que deteste y desprecie a Pedro Sánchez, por las mismas razones por las que tampoco goza de mi devoción y otras más recónditas que solo podemos atisbar. Pero a la Presidenta de la Federación socialista andaluza se le supone lealtad al partido y responsabilidad. Que no tuvo en suficiente medida.

Quizás lo peor que se pueda decir de Susana Díaz, también por alguien que quería que ella ganara, como es mi caso, es que tiene bien merecida la derrota. La Hillary andaluza tuvo oportunidad de desafiar a Sánchez tras su lamentable primera derrota electoral. Cuentan que varios barones le negaron su apoyo. Y ella solo salta con red. Pudo desafiarle de nuevo al día siguiente de la segunda derrota electoral pero Pedro había conseguido evitar el sorpasso y prefirió conspirar durante semanas hasta que, cuando Pedro precipitó la cuestión con su convocatoria de un Congreso express, le montó un golpe de estado interno en toda regla que culminó en la semana más esperpéntica de la historia reciente del PSOE. Todo ello con Susana recogida, negándose a postularse como candidata. En fin, en mi opinión el PSOE estaría mucho mejor con ella de Secretaria General pero hay un punto de justicia en que caiga derrotada frente al monstruo que ella contribuyó a crear jugando a aprendiz de brujo contra Madina.

Pero eso es agua pasada. Afortunadamente las primarias han terminado y el partido tiene un nuevo Secretario General apoyado directamente por la mayoría de la militancia en un proceso sin parangón en la escena política española. Deberían ser las últimas elecciones internas celebradas así. La elección del candidato a la Presidencia del Gobierno debería ser abierta a los simpatizantes y a dos vueltas. Y la elección a la Secretaría General debería seguir teniendo lugar en el Congreso y decidirse en función de los apoyos de los delegados escogidos en el proceso pre-congresual. Y por supuesto, la primera debería tener lugar antes que la segunda, cuyo resultado, en buena lógica, se alineará con la primera.

Dejando las cuestiones orgánicas de lado, la gran cuestión, tanto para el PSOE como para España, es qué camino va a seguir Pedro Sánchez ahora que ya no le hace falta postularse como el más izquierdista de los candidatos y repetir hasta la saciedad que No es No. O si es si, eslogan tan vacuo como el anterior.

A nivel nacional no cabe esperar demasiados cambios. Rajoy tiene cerrado los presupuestos y salvo que Pablo Iglesias decida dejar de ser Pablo Iglesias, no hay ninguna posibilidad de que prospere una moción de censura encabezada por Pedro Sánchez. Así que habrá que esperar al menos hasta la primavera de 2019, cuando quizás los sondeos sean propicios y el PSOE consiga convocar elecciones anticipadas tumbando los presupuestos. Entre tanto no habrá demasiada diferencia sustantiva de la oposición de Sánchez y la que ha venido ejerciendo el PSOE hasta ahora. La acritud retórica en el Congreso quizás aumente y posiblemente desaparezcan las risitas cómplices que Antonio Hernando compartía con su homónimo del PP. Pero no cabe esperar grandes cambios vista la necesidad – y el deber – de cooperación entre las fuerzas parlamentarias para sacar al país adelante.

A nivel interno no creo que Sánchez vaya a ser tan idiota como para enfrentarse de plano contra los diferentes aparatos federales que le han combatido a muerte. No le hace falta. En su periodo anterior como Secretario General ya demostró prestarles poca atención y apuesto a que seguirá haciéndolo, haciendo de Ferraz un bunker desde el que liderar el partido en plan caudillo, en relación directa con la opinión pública y la militancia a través de los medios. Y dejando que sus enemigos políticos vayan cayendo como fruta madura y relegándoles a ellos y a sus aliados a la irrelevancia cuando llegue la hora de confeccionar las listas, como hizo con Madina en su momento.

No será el fin del PSOE como temen muchos de los que apoyaban a Susana sin demasiado entusiasmo y la elección de Pedro Sánchez tampoco va a cambiar mucho el panorama político a medio plazo. Ojalá nos hayamos equivocado tantos y resulte que además de guapo, vanidoso y sin escrúpulos, en los próximos meses Pedro Sánchez demuestre que no es tan superficial y limitado como pensábamos y empiece a desgranar un programa de medidas izquierdistas y factibles al mismo tiempo, mientras plantea una oposición leal pero muy firme a un Gobierno que presenta muchos flancos débiles, en lo económico pero también en en los planos ético y legal. Tengo muy pocas esperanzas pero… ojalá.

En todo caso, enhorabuena a quienes pensaban que era la mejor opción para el PSOE y para España y se han dejado la piel apoyándole. Como también a los aficionados del Real Madrid, que consiguió finalmente ganar la liga en una noche verdaderamente aciaga. Menos mal que, al menos, el sábado se confirmó la reelección de Rouhani en Irán.