Anatomía de un instante

Ricardo Parellada 

El libro de Javier Cercas sobre el golpe de estado del 23 de febrero de 1981 es de un género singular. El  autor lo cuenta en el prólogo, que llama “epílogo de una novela”. Fascinado sobre todo por la negativa a tirarse al suelo de Suárez, Gutiérrez Mellado y Carrillo en los momentos iniciales del golpe, Cercas escribió febrilmente una novela que recreaba el golpe y sus circunstancias y personajes. Pero el resultado no le satisfizo. A pesar de ser un puro escritor de novelas, la ficción montada sobre un acontecimiento tan cercano y tan crucial en la historia reciente de España acabó por resultarle banal. Cercas lo cuenta con mucha franqueza:

 

“[E]mpecé a comprender muy pronto… que la realidad del 23 de febrero era de tal magnitud que por el momento resultaba imbatible, o al menos lo resultaba para mí, y que por tanto era inútil que yo me propusiera la hazaña de derrotarla con una novela; más tiempo tardé en comprender algo todavía más importante: comprendí que los hechos del 23 de febrero poseían por sí mismos toda la fuerza dramática y el potencial simbólico que exigimos de la literatura y comprendí que, aunque yo fuera un escritor de ficciones, por una vez la realidad me importaba más que la ficción o me importaba demasiado como para querer reinventarla sustituyéndola por una realidad alternativa, porque nada de lo que yo pudiera imaginar sobre el 23 de febrero me atañía y me exaltaba tanto y podría resultar más complejo y persuasivo que la pura realidad del 23 de febrero.”

 

El resultado es bueno y singular: un libro de historia reciente o periodismo de investigación narrado como una novela por un escritor de novelas y documentado laboriosamente con libros, periódicos y numerosas entrevistas a personajes que vivieron muy de cerca los acontecimientos. Aunque Cercas niega que se trate de un libro de historia que ofrezca datos o interpretaciones inéditas, lo cierto es que en los pasajes más delicados para la reconstrucción de los hechos distingue con claridad los hechos más conocidos, las propuestas de otros investigadores, los datos que le llevan a proponer con cautela sus interpretaciones y los cabos sueltos y extremos desconocidos que a su juicio no permiten conocer del todo determinados episodios. El libro no está hecho para historiadores y especialistas y, desde mi punto de vista de lector no especialista, ofrece una narración de los acontecimientos y una descripción de los personajes muy relevante y plausible. 

 

Pero el libro exhibe también una clara intención literaria. A mi juicio, uno de los mayores aciertos es que la vocación literaria de la narración no interfiere con la reconstrucción histórica. Cercas se recrea literariamente en múltiples pasajes sin que por ello la laboriosidad periodística e investigadora parezca sufrir en absoluto. Cercas afirma desde el principio que no se trata de un libro sobre el 23-F, sino sobre el gesto de rebeldía de Suárez ante los golpistas, y se recrea en diversas ocasiones en la descripción de este gesto, que narra fascinado desde todos los ángulos y adereza gustoso con todos los recursos de la lírica. El lector puede dejarse llevar fácilmente y compartir no sólo la fascinación de Cercas, sino también sus gestiones engorrosas para conseguir de TVE el vídeo completo y los centenares de proyecciones silenciosas en casa del escritor.

 

Javier Cercas describe con parsimonia la actitud del presidente Suárez ante los golpistas, pero también las del general Gutiérrez Mellado y el diputado Carrillo. La descripción de esos minutos es utilizada con acierto como hilo conductor y cogollo emotivo de toda la narración. De ahí transita el autor en diversas idas y venidas a la vida política y personal, anterior y posterior al golpe, de estos y otros protagonistas de los acontecimientos, como el rey y los golpistas más relevantes: Armada, Milans del Bosch y Tejero. A falta de datos especiales con los que poder contrastarla, a mi modo de ver la narración biográfica de los personajes, intercalada con los episodios del golpe, es, como la narración de estos episodios, muy informativa y relevante. En el caso de los tres políticos que desobedecieron en los momentos iniciales del asalto al congreso, Cercas pone especial cuidado en combinar la fuerza simbólica de sus gestos con sus realidades de carne, hueso y política, deteniéndose en el arribismo de Suárez, la participación de Gutiérrez Mellado en el alzamiento del 18 de julio de 1936 y la responsabilidad al menos indirecta de Carrillo en las matanzas de Paracuellos del Jarama a comienzos de la guerra civil. La narración es ágil y fiel. Cercas pone un deliberado énfasis en las debilidades de estas personalidades para evitar cualquier ribete hagiográfico, reservando la lírica para la descripción de su actitud durante el asalto al congreso. A mi juicio, el afán de distanciarse lleva a Cercas a insistir demasiado en presentar a Suárez como un arribista inculto y adulador. Con todo, a pesar del énfasis en sus carencias y debilidades, Cercas transmite en definitiva un respeto equilibrado y profundo por los tres.

 

En la narración de los hechos, es especialmente llamativa la descripción del clima político español en los meses previos al golpe. Cercas insiste en la responsabilidad de amplios sectores de la vida social y política en la creación de un clima de desestabilización generalizada y de acoso y derribo a Suárez, que muy gráficamente describe como la placenta del golpe. Cercas narra el acoso que sufría Suárez no sólo desde su propio partido, sino incluso desde su propio gobierno, e intenta mostrar que la idea de un golpe de timón democrático que derribase a Suárez y enderezase el rumbo del país mediante un gobierno de concentración o unidad presidido por un militar y participado por todas las fuerzas políticas era invocada en medios muy diversos, incluso en las conversaciones del número tres del PSOE, Enrique Múgica, con el general Armada en los meses previos al golpe. En la presentación de Cercas, estos movimientos no prepararon el golpe, pero sí constituyeron su placenta. Otro hecho que Cercas expone con plausibilidad y opone a las interpretaciones más generalizadas es la presunta oposición social y política al golpe durante la ocupación del congreso. Cercas afirma que, salvo honrosas excepciones, como por ejemplo la toma de postura del presidente de la Generalitat, Jordi Pujol, o del diario El País en la tarde-noche del día 23, la sociedad española y sus estamentos e instituciones más relevantes no hicieron absolutamente nada para oponerse al golpe durante esas horas: simplemente esperaron a que fracasara… o triunfara.

 

Por otro lado, mi opinión sobre los aspectos literarios de este buen relato de historia y acción es desigual. La narración me parece ágil desde el punto de vista de los episodios, pero muy cargante en el detalle sintáctico. Los episodios narrados se suceden hacia el pasado y el futuro, combinando hechos y personalidades con gran maestría y fuerza narrativa. Sin embargo, las frases son pesadas y la sintaxis repetitiva no consigue alimentar el dramatismo, sino la fatiga del lector. Desde luego, hay una medida muy sencilla que distanciaría la escritura de Cercas de la de muchos insignes premios nobel y la acercaría a la buena literatura: sustituir los puntos y coma por humildes puntos, unos seguidos y otros aparte. Pero el aspecto literario más importante que querría señalar no es este, sino lo que a falta de un nombre mejor se podrá calificar de lirismo político. En mi modesta opinión, el lirismo político de Cercas es emocionante, por ejemplo, en sus descripciones más literales de los gestos de los tres héroes en el asalto al congreso: gestos de rebeldía, gracia, coraje. Sin embargo, me parece menos lograda la elaboración de este lirismo sencillo que los presenta como gestos póstumos de políticos puros que consuman de esa forma sus pactos con el diablo y cosas así.