Amistad

Lope Agirre

Montaigne en una isla de ese conjunto de libros titulado Ensayos, afirma, cuando habla de la amistad, lo siguiente: “Por otra parte, lo que llamamos generalmente amigos y amistades, no son más que relaciones y conocimientos entablados por alguna casualidad o conveniencia, con lo que se ocupan nuestras almas. En la amistad de la que hablo se mezclan y confunden una con otra en unión tan universal, que borran la sutura que las ha unido para no volverla a encontrar. Si me obligan a decir por qué le quería, siento que sólo puedo expresarlo contestando: Porque era él; porque era yo”.

En el francés antiguo de Montaigne, estas son las últimas palabras: “Par ce que c’estoit luy, parce que c’estoit moy”. Podemos pasar media vida analizando las palabras, intentando desentrañar el sentido oculto de las mismas, más allá de la propia apariencia externa. Se puede entender como que cada cual es cada cual, y siendo así (o sólo siendo así) puede la amistad durar en el tiempo. Porque la amistad no borra los rasgos particulares de los participantes en la comunión, ni los difumina, ni los iguala.

Hay quien ha traducido la frase antes citada con estas palabras: “Porque él era él; porque yo era yo”. Pero no hay nada en el texto de Montaigne que indique que se pueda interpretar de ese modo. Si se haraganea un poco por el extenso terreno de la literatura, las palabras se encuentran en el libro de Faulkner Mientras agonizo: “Because he was he and I was I”.

Hay, de todos modos, muchas interpretaciones en torno al texto. En lugar de lo que escribió Montaigne, con su claridad excelsa, hay quien opina que hay que leerlo de esta manera: “Porque él era yo; yo, él”. Si fuese cierta o plausible esta interpretación, el efecto sería semejante al de un terremoto o tornado: Uno se divide en dos; y dos se vuelven uno. Es lo que llaman en el mundo amor. Y el amor, nos lo dice la experiencia, es una pasión idealizada y espiritual: imaginaria.

Pero Montaigne no está hablando sobre el amor.

La amistad, según Montaigne, es un ejercicio de libertad. Y no puede ser de otro modo. Etienne de la Boètie, amigo íntimo de Montaigne, a quien le dedica el texto, es el autor del Discours de la servitude volontaire, una exaltación de la libertad en contra de la tiranía. Esta palabras forman parte del libro: “Los teatros, los juegos, las farsas, los espectáculos, los gladiadores, los animales exóticos, las medallas, los cuadros y otras drogas semejantes eran para los pueblos antiguos encantos de la servidumbre, el precio de su libertad y los instrumentos de la tiranía”.

Fue en esa época cuando se extendió la idea de que el hombre había nacido libre, y no siervo. Pero, sin embargo, prefiere el hombre vivir en la servidumbre: “Es el pueblo el que se esclaviza, el que se corta el cuello, ya que, teniendo en sus manos el elegir entre estar sujeto o ser libre, abandona su independencia y toma el yugo, consiente en su mal o, más bien, lo persigue”.

Spinoza escribirá más tarde que los hombres ven qué es lo mejor y lo aceptan; pero eligen y hacen lo peor.

Según Deleuze, la teoría política de Spinoza pretende responder a esta pregunta: “¿Por qué los seres luchan por su esclavitud, en lugar de hacerlo por su libertad?”.

Responde que porque el miedo y la esperanza entran en el juego. Ambos son instrumentos de dominación; empujan a la inacción, y merman nuestro deseo de ser. Impiden la buena vida social y política.

La buena amistad también asegura y garantiza la buena vida. Y para Jean Bodin, Montaigne o La Boètie es la base de la sociedad. Afirma Bodin: “La unión en la fe no es tan indispensable para la existencia de las sociedades humanas como la concordancia o armonía asentada sobre la amistad”.

La amistad es, asimismo, base de toda tolerancia. Por ello, opinan todos los citados pensadores que la guerra civil es el peor de los males que puede aquejar a una sociedad, porque destruye la amistad y la hace inútil.

Spinoza ponderaba la amistad y contaba con amigos, pero, de la misma manera, nos advierte sobre la pobre y escasa capacidad de la amistad, nos señala que, tampoco en ello, hay que depositar demasiadas ilusiones: “La capacidad humana es muy limitada y no se puede llegar a todo el mundo, por medio de la amistad”.

Regresando al texto de Montaigne y mirándolo con ojos limpios, podemos repetir que no sabemos por qué amamos al amigo como lo amamos. Se nos escapa la razón.

El es; yo soy.

Si todos fuésemos él y si él fuese todos, no habría amistad. Necesita distinguirse, en la unidad.

Porque tú eres soy yo; porque yo soy tú eres.